ADOLESCENTES A LA VISTA

Por Luis Chay Chuil.

Muchas ocasiones he tenido oportunidad de convivir con adolescentes y jóvenes, lo cual me ha dejado enseñanzas muy interesantes, de modo que cuando se presenta la ocasión, no dudo aceptar invitación de compartir experiencias, pero más que nada, porque aprendo más de ellos cuando estoy en su compañía, de ahí algunas ideas que a continuación plasmo.

Todos los que hemos tenido un adolescente en casa sabemos de sus cambios de ánimo, mal humor o rebeldía. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la adolescencia va de los 10 a los 19 años. Es una etapa muy complicada tanto para el adolescente como para sus padres, ya que, contrario a lo que podríamos pensar, es necesario estar más pendientes de ellos, si no queremos que sean un dolor de cabeza.

Es fundamental estar bien enterados sobre los cambios físicos por los que atraviesan y de las nuevas relaciones sociales que aparecen en su vida, ya que es en estas nuevas interacciones sociales, distintas a su familia, en las que empiezan a conocer otras formas de relación, de expresarse y de comportarse, que podrían marcarlos de manera definitiva.

Una de las actitudes que vemos con mayor frecuencia en esta etapa es la de ir contra toda normatividad. Los padres generalmente mencionan que sus hijos se han vuelto rebeldes, ya que se enfrentan en discusiones con ellos por detalles tan simples como solicitar un permiso o por la manifestación del deseo de no asistir a la escuela.

Cambian su manera de vestir, de peinarse y hasta de expresarse. Se olvidan de los buenos modales que les enseñaron sus padres y expresan su desacuerdo con las normas sociales y todo aquello que represente una autoridad.

Sin embargo, no es que la adolescencia esté caracterizada por actitudes negativas, simplemente los niños que anteriormente obedecían y cuestionaban muy poco las indicaciones que se les daban, ahora han crecido y empiezan a tomar sus propias decisiones y a cuestionar las reglas bajo las cuales crecieron. Será necesario cambiar la forma de relacionarnos y dirigirnos a ellos.

Estrategias a seguir

A manera de sugerencia, he aquí algunas pautas que, salvo otras recomendaciones de especialistas, pueden dar cómo afrontar las rebeldías normales y dejar, aunque sea un poco, las inquietudes cotidianas que muchas veces propician los hijos.

Dejar pasar los enfrentamientos por temas que no tienen importancia como: modas, forma de peinar, cambios en su habitación, entre otros, que sólo desgastarán la relación familiar.

Desechar el miedo a la culpabilidad. Si se toma una decisión en pareja como padres, sosténganla mientras ésta no ponga en riesgo la integridad de su hijo.

Hay que ser firmes, pues la disciplina es fundamental para su desarrollo. Ellos necesitan límites.

Generar una comunicación efectiva, hay que tratar de poner en la mesa temas que le agraden: se sentirá identificado.

Evitar hablar de castigos, más bien procurar que asuma las consecuencias de haberse saltado una regla o de haber realizado un acto inadecuado. Debe procurarse que se cumplan las sanciones resultantes de sus actos.

Importante es tener en cuenta que la vida familiar es muy importante para el adolescente. En ella los hijos pueden encontrar el apoyo y el amor necesarios para construirse un mejor futuro, pero eso no implica que en las familias disfuncionales no pueda haber alguna excepción, pues hay situaciones a las que se llega no por gusto, sino por situaciones fuera de alcance y que no se supieron manejar bien en su momento.

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