MARIPOSAS MÁGICAS( POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

Me sentía quebrada, completamente sin ganas de nada, todo era gris, inconsolable, desolada, mi tristeza era tal que solo pensaba en dormir después de un baño calientito.

Éstas últimas semanas habían sido de mucha tensión, Rodolfo un compañero de trabajo por más de 15 años, había perdido la batalla contra una enfermedad rara que lo acabó en 2 semanas, y al no tener ningún familiar que lo pudiera asistir, nos rolamos los compañeros y yo su cuidado.

Me encargó el Señor Smith el velatorio, avisar a sus familiares puesto que en el área de recursos humanos no había nadie registrado, estaba como pendiente.

El señor Smith pensó que al ser compañeros de estudios tendría algún conocimiento de su vida personal.

Éramos muy jóvenes cuando entramos a la fábrica de tornillos, veníamos de la misma universidad pero con diferentes títulos, realmente no conocía a Rodolfo.

Todos entramos con una idea de futuro en una empresa trasnacional, unidos por un ideal: el codiciado éxito.

Fueron pasando los años y aquellos compañeros de 9 horas diarias por 5 días de la semana se fueron convirtiendo en familia.

 Nos ayudábamos y nos servíamos siempre.

 Fuimos creciendo en la misma empresa, tomando cargos diferentes pero respetando la amistad.

En una tarde donde nos postulábamos 3 de nosotros a cargos gerenciales, convenimos que nos apoyaríamos hasta la muerte.

 Pues esta vez lo cumplimos sin faltar a nuestras obligaciones.

No es fácil ver morir a un joven, y si éste es un compañero es mucho más difícil.

Después de 1 mes la dirección reprogramaba el puesto que dejaba Rodolfo.

El director general me invitó a tomar éste nuevo ascenso.

Me explicaba la importancia para él que yo tomara el cargo ya que en breve empezaríamos a exportar nuevamente nuestra mercancía, me quería al frente, tanto por mis habilidades como por mi experiencia y antigüedad en la firma.

Claro que podía, estaba muy bien preparada, conocía el negocio mucho más que los nuevos egresados en administración, no eso me detenía, sé que todos estamos llamados a ser líderes de nosotros mismos.

Sino sentarme en aquel lugar donde lo estuvo Rodolfo por varios años. Sentía todavía su presencia, me inquietaba.

El señor Smith se dio cuenta o percibió mi sentir.

De tal forma que me dijo:

—Ingeniera Dalila: He llamado a un decorador de interiores que tendrá la oficina remodelada para el próximo jueves, con colores vivos, alegres y mariposas por doquier, como le gusta a usted, en breve le contactará para cualquier detalle que usted quiera, ya está autorizado.

—Gracias señor Smith, realmente me siento alagada, maravillosa idea.  Desde siempre he pensado que las mariposas son místicas y me alegran mucho, estoy segura que si me ayudaría darle un cambio a la oficina.

—Usted no está robando nada a nadie, me miró y sonrió. Usted es tan capaz como lo era Rodolfo. Será una magnífica directora Junior.

En los días siguientes, escribí varias cosas que quería cambiar e implantar en la empresa para beneficio de todos nosotros.

Hablé con el Señor Smith sobre el tema. El mismo me dio su aprobación y me pidió lo expusiera en la próxima reunión, me dio ánimo para seguir. Me sentía muy confiada y segura.

Las expectativas iban de maravilla. Realmente yo conocía el manejo de la empresa y sabía las debilidades en el área laboral y de comercialización.

Todo estaba viento en popa.

Los días de tristeza iban poco a poco tomando otro color.

El dolor es inevitable, la vida sigue con cada amanecer.

El próximo 25 sería el cambio de dirección.

Tendríamos una junta a las 9 de la mañana, expondría nuevas rutas de comercialización, presentaré el nuevo organigrama y algunas modificaciones en horarios, sueldos, propuse algunos cambios a favor de los empleados. Todo aceptado con anterioridad.

A las 18:00 horas tendríamos un brindis en el patio central de la fábrica, pero esta vez con todos los empleados, dando reconocimientos, agradeciendo por los años de servicio y productividad.

Me sentía muy feliz, realizada.

Tenía mi discurso preparado, repasándolo mentalmente mientras me arreglaba el cabello y me maquillaba mirándome al espejo como mil veces, dándome ánimo para un nuevo comienzo.

Mi vestuario color verde fresco, accesorios listo, ahora los zapatos.

Al terminar de arreglarme y mirarme al espejo nuevamente antes de salir, sonreí, tomé las llaves, pero mágicamente me veía con una línea de mariposas posadas en mi peinado y hombros.

Lo cual no podía ser, cerré los ojos para volver a mirarme al espejo, ahí estaban las mariposas mágicas, calmando mis nervios, adornándome, dando color y vida a mi rostro.

Sonreí de nuevo y salí.

ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA.

18 DE DICIEMBRE DE 2020

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