VIAJE A LA LUNA(POR: YOXI)

Parte 7 —La Invasión—

Para ganar su confianza, Alteri invita a Dora a cenar a un elegante lugar de Malibú. Ocuparon la mesa principal con vista al mar, degustaron caviar y langosta, acompañados con un excelente champagne francés. Al terminar la cena deciden ir a tomar unas copas a un Bar de moda. Ya de madrugada, cansados y aturdidos por el ruido, regresan a la lujosa residencia. Ella se le insinúa, él parece un poco ausente: se abrazan, se miran, sus bocas se van acercando hasta besarse con un beso desangelado ¿Serán así los besos en su mundo? —Se preguntó ella— pensaba arrancarle la ropa a mordidas, hacerle el amor con furia y después tirarlo a la piscina, pero viendo sus ojeras y bostezos le tuvo compasión. Se tomaron de la mano y se fueron caminando despacito, pasaron la piscina y entraron a la mansión.

A pesar de haber hecho las paces con Alteri, Dora sigue sintiendo que él le oculta algo; Ella prosigue con su plan alterno, fugarse con sus hijos a México. Contrata a dos nanas —Que resultaron ser mexicanas indocumentadas— Para que le ayuden en la fuga con sus hijos.

Mientras cenaban, Dora fingió ir al baño, buscó un teléfono público,  llamó a la base Militar de Yucatán y les dejó un mensaje de voz:

  • Hola soy la comandante Dora Puerto, me encuentro en California en una casa de seguridad contra mi voluntad, el gobierno tiene un plan que incluye alianzas extraterrestres, no sé hasta cuando seré útil para ellos y si respetarán mi vida. Planeo fugarme llevando conmigo a mis siete hijos. Pienso cruzar la frontera en los próximos días y espero su apoyo para llegar con bien hasta Yucatán. Estaré en contacto.

Alan y Edna estaban molestos, lo que sucedió en casa de Tina con la hija autista no les hizo ninguna gracia. Sentados frente a la chimenea del chalet, intentaban arreglar su mundo:

  • Sabes qué Alan, no sé tú que pienses, pero yo, ya no quiero  seguir con este juego absurdo, mi vida vale mucho como para servir de comparsa de una estúpida profecía extraterrestre; ¡Me importa un cacahuate el libro sagrado! ¡Tengo una vida y la quiero vivir en libertad, no pienso seguirle la corriente a nadie!
  • Tienes razón, nada de esto tiene sentido; ¿Esperar 30 años en el hielo, para qué? ¿Para que llegue Dora la salvadora y se lleve los aplausos? ¡Pero ni por un minuto! ¿Sabes qué haría si la viera llegar? ¡Le metería una patada en el trasero! ¿Después que casi nos mata la muy cabrona, hacerle la corte? ¡A la madre con eso, nunca!
  • Pues estamos de acuerdo, ¿Que estamos esperando? ¡Vámonos de aquí! Solo nos falta pensar como nos desharemos de los idiotas de negro, quizás  vengan a amedrentarnos otra vez.
  • ¡Pues que vengan, les daremos su choripán y su patada en el trasero! ¡Que nos maten si pueden los muy cobardes, ya no me importa!
  • Bueno, para empezar, vamos de regreso a nuestros nombres, ya no te voy a llamar por ese estúpido nombre de Alan.
  • Bien Tía, yo igual, acordado. Y si nos vamos de aquí, tiene que ser discretamente, para no levantar sospechas entre  estos locos.
  • Tenemos también que avisar cuanto antes a la base de Yucatán que estamos vivos, y que necesitamos su apoyo. Que sea lo que tenga que ser.

Christian tomó el Libro Sagrado de Shilakatac de la mesita y lo tiró al fuego de la chimenea, cayó abierto por mitad montado en la leña. Se quedaron quietos mirando cómo se consumía; cuando acabó por hacerse cenizas, sintiéndose libres fueron a descansar, les esperaban tiempos de mucha acción.

El oficial de guardia en Chixchulub escuchó el mensaje de Dora, dio aviso a sus superiores y se convocó una reunión de emergencia. El Comandante Supremo de la milicia Yucateca, junto otros altos oficiales preparaban un plan.

  • Tome nota secretario: La noticia de que tienen a la Comandante Puerto retenida contra su voluntad es inaceptable, preparemos su rescate y vamos a presentar una muy enérgica reclamación diplomática al gobierno gringo.
  • Si mi comandante anotado. —Otro General le informa:
  • Ya rastreamos el origen de la llamada de auxilio, ubicándola en un lugar al norte de Los Ángeles, ya se prepara una fuerza militar  de rescate —con el salvoconducto y apoyo del Gobierno de México, por supuesto— le aseguro que vamos a localizar y auxiliar a la Comandante Puerto, esperamos un nuevo comunicado para definir con precisión el sitio de encuentro.
  • Bien, todo el personal en alerta, no sabemos cuál será la respuesta del Gobierno Yanqui, ni que hay detrás de todo este misterio. ¡Siete hijos, ya ni la friegan!

Dora preparó bien a los niños para el día de la fuga, Teresa y Joaquina, las nanas, sabiendo que Dora era yucateca, le ofrecieron todo su apoyo para salir del país y llevarla a México. Joaquina tenía un primo que era pollero y ellas harían el camino de regreso juntas con su conocimiento del terreno.

Llegado el día “X” las nanas se prepararon con los niños, habían pasado dos años y los chicos crecían más rápido de lo normal, Alteri le dijo que cada año de ellos sería como cinco años de un ser humano normal, y que vivirían al menos 800 años terrestres.

Usando el destartalado camión del jardinero para no despertar sospechas, Teresa y Joaquina sacaron escondidos a los chicos. Se dirigieron a una gasolinera a unas 20 millas para esperar a Dora, que  los alcanzaría más tarde.

Dora por su parte, estaba decidida a darle un revolcón de despedida a Alteri antes de abandonarlo, así que lo esperó en la piscina a que llegara. Tomaron unas copas y picaron unos bocadillos que ella preparó. Alteri parecía más animado esta vez. Llegado el momento, los besos, arrumacos y caricias se sucedieron naturalmente. Él, al parecer  excitado, entre caricias y besos le quitó a Dora poco a poco la ropa, hasta dejarla totalmente desnuda; ella, coqueta le dijo: No soy tan fácil marcianito, primero tendrás que alcanzarme, y echó a correr hacia la piscina tirándose de clavado. Alteri se despojó de su ropa y caminó hasta la  piscina, se detuvo a mirar su provocadora figura, parecía una sirena fuera de este mundo a la luz azulosa de los reflectores.

Estaba a punto de tirarse al agua cuando sonó una alarma detrás de él,  —Caramba, en mala hora —pensó— Dio media vuelta, regresó y levantó el teléfono portátil; en la pantalla aparecían grandes letras en rojo que parpadeaban con la leyenda “Alerta” tocó la pantalla y apareció un mensaje:

  • Tienes que huir urgentemente, el nuevo gobierno canceló el proyecto de los siete niños, te acusan de sedición y van a ir por ti para detenerte o matarte; los draconianos están detrás de todo esto, se infiltraron en altos niveles del Gobierno y han iniciado una invasión. Puede ser que ya estén contigo. ¡Corre por tu vida, y si puedes nos vemos en el refugio!  Amira.

Alteri se dirigió al switch general de de la mansión, apagó las luces y todo quedó en la obscuridad, cogió su ropa y echó a correr hacia la salida. Detrás de los arbustos salieron una docena de soldados camuflados, con armas automáticas y linternas de poder, al ver que Alteri huía brincando en un pie y poniéndose los calzones le marcaron el alto, el no obedeció; le dispararon ráfagas de metralla a discreción y corrieron tras él.

Mientras Dora, escondida bajo el agua en una esquina de la piscina, esperó hasta que desaparecieron los soldados que perseguían a su cita de amor. Oyó ruidos de cosas quebrarse y disparos en el interior de la casa y se preparó para huir. Salió del agua y corrió hacia los arbustos de atrás, cruzó una valla y llegó al patio trasero, donde tenía preparado un auto deportivo descapotado, con su maleta esperándole en el asiento del pasajero. Abrió la reja, arrancó el motor sin prender las luces y salió con dirección al punto de encuentro.

Por el camino, pasó por un pueblo chico que tenía un solo semáforo que siempre estaba en rojo, le chocaba pues parecía eterno; Junto a ella se detuvo una camioneta roja enorme, arreglada y llena de jóvenes que celebraban una gran fiesta a bordo, bebiendo y con la música a todo volumen. Al verla desnuda esperando la luz verde, le empezaron a silbar, a gritarle piropos y hacerle señas. Un muchacho que viajaba en el pick up, visiblemente borracho, se bajó los pantalones y le mostró las nalgas. Ella molesta les correspondió con la única seña obscena que se sabía, el dedo mayor extendido. La siguieron por un trecho haciendo su escándalo, luego se dieron la vuelta y quedó solo el camino.

Al llegar al punto de encuentro, vio el camión del jardinero que la esperaba detrás de la gasolinera, se bajó rápidamente del deportivo, jaló su maleta y se subió al viejo camión. Sus nanas sorprendidas de verla mojada y desnuda le preguntaron.

  • ¿Qué le pasó patroncita?
  • No lo van a creer, no es lo que piensan, pásenme una toalla que luego les cuento, ¡Vámonos ya!

Arrancaron y recorrieron varias millas, hasta que llegaron a una casa medio perdida en la nada, que tenía un tremendo camión camper aparcado afuera: se subieron, calentaron el motor y se enfilaron hacia la frontera.

  • Creo que mamá tenía calor, comentó Alex su hijo, a Guimel, otro de los hermanitos, que movió la cabeza afirmativamente. Se recostaron junto con los demás, la nana los apapachó y continuaron su aventura.

Ya en el camino, les pareció ver destellos de luces a la distancia:

  • ¿Qué se celebra hoy muchachas, porqué tantos fuegos artificiales?
  • Quién sabe señora, el cuatro de Julio ya pasó, que es cuando echan cuetes acá.
  • Está muy raro y truenan muy fuerte,  a ver Joaquina abre la ventana para oír mejor.

En eso vieron a grupos de gentes que venían caminando por la orilla de la carretera en dirección contraria y les hacían señas de que pararan, Dora se detuvo y preguntó:

  • ¡Ey que pasa! ¿A dónde van toda esta gente?
  • Estamos huyendo de la ciudad, Los Ángeles está bajo ataque, ¿Quieren saber más? prendan el radio y no vayan para allá si no quieren morir, está lloviendo fuego del cielo.
  • Gracias amigo, buena suerte y adiós.

Dora alarmada volteó a ver a sus muchachas.

  • ¡Y ahora que hacemos, no podemos cruzar por la ciudad!
  • Yo conozco un atajo señora —dijo Joaquina. No se preocupe, solo hay que regresar un poco y tomar la desviación que nos lleva al desierto de Utah, es un camino solitario. Por ahí circulan los polleros con la gente sin papeles.

Cuando quisieron seguir, estaban rodeados de una turba de gente que golpeaba la carrocería y les gritaban que salgan del vehículo y se los entreguen. Un hombre negro, alto, muy agresivo, se puso frente al camper amenazante con los brazos cruzados y un tubo en una mano; Ella le tocó el claxon y le hizo señas de que se quitara del camino, en respuesta, el tipo empezó a golpear el frente con su tubo rompiendo las lámparas. El Camper se empezó a mecer con los empujones que le daba la turba por los lados mientras coreaban: ¡Fuera, fuera! las muchachas y los niños asustados comenzaron a gritar. Un vándalo rompió con una piedra el vidrio de la puerta, metió la mano, abrió y  se metió. Se dirigió a Dora que estaba sentada al volante, la agarró del pelo y la arrastró hasta afuera del vehículo. Las muchachas se pusieron frente a los niños para protegerlos, pero Alex —El primogénito— al ver que se llevaban a su mamá, sintió una furia como jamás había sentido; los ojos se le encendieron como faros de azul fosforescente, pasó por un lado a Joaquina que lo protegía con su cuerpo, caminó a la puerta y bajó; miró fijamente al tipo que  tenía a su madre en el suelo y lo hizo volar por los aires.

Todos los niños tenían ahora los ojos encendidos, se asomaron a las ventanillas mirando a la turba en todas direcciones, y fue como si un viento recio los derribara y arrastrara a todos lejos de ahí. El resto de la gente que venía y vio lo que pasaba, se alejó huyendo por todas partes.

Dora se levantó del suelo y abrazando a su hijo se metió al camper, cerró con seguro la puerta y se montó al volante, echó reversa, dio la media vuelta y se enfiló hacia donde Teresa y Joaquina le indicaron.

Prendió la radio y escucharon a un alterado locutor que afirmaba que estaban ante una invasión extraterrestre, que esto era del fin del mundo. ¡Ahí vienen otra vez, sálvese quien pueda! Se le escuchó gritar histérico, luego se oyó una explosión y la estación salió del aire, dejando solo el ruido de estática. Dora apagó la radio y hundió el acelerador,  las tres mujeres lloraban en silencio.

—Continuará—

Cuento by Yoxi

9/12/20

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