DESDE OXKUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

UN SUCESO HISTÓRICO

Hace muchos, muchos años, cuando las galletas animalitos aún tenían forma, fue que sucedió lo que voy a relatarles.

Fue un accidente entre dos vehículos que impactó al pueblo durante muchos años y jamás se supo quién fue el culpable. Por más estudios periciales que se hicieron, nunca se pudo esclarecer. Para continuar, es bueno puntualizar algunas cosas que paso a realizar si lo permiten: Mi pueblo, fue pueblo durante muchísimo tiempo, hasta hace poco es que comenzaron a poner su nombre en los mapas y en las señales de ubicación en la carretera; un pueblo donde casi todos éramos vecinos, pues nos conocíamos y las comadres sabían casi todo de todos, pues bastaba con pararse detrás de la albarrada para dominar toda la calle por donde se vivía, y todo lo visto, se compartía en el mercado en la compra diaria de los enseres para la comida; las calles, como ya se imaginarán, no estaban pavimentadas con baches como ahora, todas eran de tierra, aplanadas por el diario trajinar de la gente, ya sea como peatón o por las carretas tiradas por caballos, aunque éstas más que aplanar, abrían unas zanjotas a fuerza de transitar rutinariamente por los mismos sitios, zanjas que, cuando llovía, era por donde se formaban los primeros lodazales, obligando a la gente a saltar sobre las piedras que las mismas personas ponían a un lado de la calle, pegadas a las albarradas, de forma que tenías que cuidar no meterte en el lodo y que no te cayeran las piedras de las que te colgabas para guardar el equilibrio.

Además de las personas y de las carretas, lo que circulaba en estas calles, la mayoría tormentosas, eran las bicicletas. Había en el pueblo, no estoy seguro, unos veinte de estos vehículos, porque, motorizados, sólo había tres, es por eso, creo, que las autoridades no se preocupaban por arreglar los caminos, pues sólo lo hacen, cuando la gente acomodada les exige para que no se dañen sus propiedades.

Pero no todas las calles estaban ingratas, las que estaban en el centro del pueblo y que bordean al palacio municipal, el parque, la iglesia y el mercado, generalmente estaban parejas y no formaban tanto charco, debido a que eran de saskab, tierra calcárea que abunda con nosotros. Otra calle que se veía bonita porque era amplia y pareja, donde únicamente se formaban charcos antes de llegar al mercado, era la que venía de la estación del ferrocarril, calle muy transitada por las mañanas muy temprano y por las tardes muy tarde, debido al horario de llegada del tren, que en ese tiempo era el centro de movimiento comercial de mi pueblo.

Pue bien, fue en esta calle donde sucedió el percance motivo de este relato. Lo raro, lo curioso que le dio ese tono tragicómico al suceso, es que no sucedió por la mañana, ni por la tarde, cuando la calle tiene circulando a más gente, sino al medio día, cuando en esos tiempos, nadie se atrevía a salir por el sol que rajaba piedras de lo fuerte. En esta calle amplia, pareja y vacía, sucedió la colisión que nadie pudo jamás explicar.

Uno de los protagonistas que vivía al norte del pueblo, le dijo a su esposa que tenía ganas de tomarse una cerveza para palear un poco el calor. La señora le dijo que para qué iba a salir con este sol que “pegaba” en esos momentos, que “ahorita te hago una limonada, ya mandé comprar hielo con doña Jesusa”. El no aceptó y se encaminó a su vehículo. El otro, que vivía en el sur, avisó a su gente que iba a la estación del ferrocarril, para ver si había llegado la semilla que le iba a mandar su compadre. De manera coincidente, su mujer le dijo que se esperara hasta el día siguiente, por el sol tan fuerte que había. Tampoco hizo caso y se dirigió a su vehículo. Estas son las cosas que pasan y dice uno: “Ya estaba escrito”.

De manera que separados por la misma distancia hasta el sitio donde ocurrió el accidente y a la misma hora, cada uno de nuestros protagonistas, montó su armatoste, que estaban igual de viejos y partieron a su encuentro. Después de diez minutos de avanzar a la misma velocidad, se encontraron en esa calle solitaria, uno yendo para el sur y el otro para el norte, teniendo la posesión total de esa calle ancha. Los vecinos se asomaron cuando escucharon el ruido producido por el encuentro de las dos bicicletas y las mentadas de madre de ambos accidentados, y vieron cómo, con dificultad, se ponían de pie ambos propietarios de los vehículos que estaban hechas nudo, con las llantas todas torcidas. Claro que no hubo muertos, sólo raspones y el trancazo de dar contra el suelo y los alegatos cuando llegó la policía; pero esta pregunta hizo histórico el caso: ¿Cómo fue posible, que las dos únicas bicicletas que estaban circulando en ese momento, chocaran en la calle más ancha del pueblo?

Muy raro, la verdad.

Oxkutzcab, Yucatán, noviembre de cuarentena 2020

Profr. Fco. J. Tejero Mendicuti.

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