TRENECITO ELÉCTRICO (POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

TRENECITO ELECTRICO.

Por: Ana Leticia Menéndez Molina

Desde la ventana de mi cuarto vi cómo papá bajaba de nuestro coche gris, la caja del trenecito eléctrico que le había pedido como regalo de mi cumpleaños para éste 7 de noviembre.

Mamá también se entusiasmaba cada que yo pedía el trenecito y también me contaba historias que había compartido con papá cuando viajaban.

Todos estamos felices con mi trenecito eléctrico. Me imaginaba un tren de muchos vagones de varios colores, con puentes y túneles. Le había pedido a papá cajitas con algunos animales para poner por donde pase el tren.  Habíamos hecho casitas formando aldeas con diferentes cajitas, botes, palitos de paleta, y varias cosas, tenía servicio de gasolinera, iglesia, supermercado y ahora hasta un banco con una oficina postal muy grande.

Mi bisabuelo, un coronel retirado se ve entusiasmado al igual que mi abuelo funcionario de la ferroviaria. Papá llega con la enorme caja, todos estamos emocionados. Yo haré como que no sabía nada, pero me sudan las manos.

Y con la entonación de: En un día feliz, un niñito nació… papá me entrega la caja de mi primer trenecito eléctrico.

¡ Bravo ¡ exclamé, vamos a armarlo.

Viene con su bastón de madera mi bisabuelo, vestido con su uniforme de coronel, contándome una nueva historia sobre el recorrido de mi trenecito eléctrico que apenas comenzábamos a armar.

Sabes Romancito, cuando recién ingresé a la academia, yo viajé en un tren parecido al tuyo.

Viví muchas historias tristes, como hay en la vida, jóvenes que viajaban sin boleto, polizontes, ladrones perseguidos  por la policía con un final fatal, un sinfín de historias, pero viví la historia más hermosa de todos los tiempos.

—Me puse en pie, soné los talones y le dije saludando con la mano derecha: cuente mi coronel, que soy todo oídos a su nueva historia.

Y juntos empezamos a armar mi trenecito.

Cuando venía en una de esas tardes en el vagón comedor, me senté junto a la ventana y pedí un platillo de estofado, miré hacia el paisaje, era una tarde brillante, a lo lejos se veía el arcoíris, mi mente pensaba en la belleza de la vida, y de pronto vi un rostro femenino reflejado en el cristal de mi ventana.

— Era la mujer más bella que mis ojos hayan visto. De inmediato volteé la mirada y al otro lado de mí estaba una mujer bellísima que coquetamente me sonrió y bajó la mirada.

—Dios mío ¡Exclamé ¡

Me sentí tan atraído a ella, que no podía dejar de mirarla. Era encantadora, venía vestida con su uniforme de voluntaria de la cruz roja, a lo cual vi enseguida la belleza de su alma.

Sin perder el tiempo, le pregunté si podía acompañarla.

Ella también entusiasmada, me sonrió asintiendo con la cabeza.

Pedí al camarero cambié mi orden a su mesa y a la vez le pedí algo de tomar y comer.

 Déjame te cuento que el recorrido se me hizo súper rápido, ella se bajaba una estación antes que yo. Así que de su partida a la estación donde me bajaba, le escribía una carta y la depositaba en la oficina postal.

El tren seguía su recorrido, al día siguiente nos volvíamos a encontrar, al bajarse, le escribía una carta, y la depositaba en la oficina postal, y así durante algunos meses hasta que decidí pedirle que se case conmigo.

La historia la conoces, contigo formamos la cuarta generación.

Ya armadas las vías, el trenecito, los animales en sus corrales, las aldeas, la oficina postal, el banco, la iglesita, llamamos a todos para inaugurar el primer viaje.

El coronel y mi bisabuela, parados con la banderilla de salida, dando la orden de ¡arranquen ¡

Todos aplaudimos y comenzó el pupuuu, chiquichiquichiqui…

Fue una tarde muy divertida.

Antes de la 7 de la noche,  todos los adultos sentados tomando el té, yo seguía jugando muy divertido, cuando de repente, se enciende la luz de la oficina postal, indicando que había correspondencia.

Así que esperé que el trenecito eléctrico pare a descargar postes para la Comisión Federal de Electricidad. Y en la próxima parada, descargaría un pedido nuevo de postes para teléfonos de México.

Al hacer la parada en la oficina postal, sale el muñequito en jefe a entregarme la bolsa con correspondencia.

Cual fuera mi asombro:

  • ¡ Coronel ¡
  • ¡ Coronel ¡

Gritaba muy emocionado.

Enseguida todos estaban reunidos alrededor de mi trenecito eléctrico.

  • ¡ que son esos gritos Romancito ¡
  • ¡Mi Coronel ¡ me puse en pie y  le dije:

Desde mi oficina postal tengo una bolsa de cartas para usted.

Y corrí a su encuentro.

—¡Pero qué es esto ¡

Nada más y nada menos que las cartas que le respondía mi bisabuela y las dejaba en la oficina postal.

—Cartas de amor mi coronel.

Todos reímos y nos abrazamos.

Fue un maravilloso cumpleaños.

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

6 DE NOVIEMBRE DE 2020

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