EL PACTO(POR: JOSÉ GARCÍA)

Parte dos.

En el trayecto, el humo de su cigarro era lo único tangible. Su mirada se perdía en el horizonte. Me dijo la llevará a un casino oculto en el cetro (hoy si me jodí), creí conocer todos del bajo mundo, pero no. Justo, detrás del Palacio Nacional, su fachada muy culta –la Biblioteca Central –donde tres golpeteos a un medidor de luz oculto en un callejón, te abría la puerta al infierno o al paraíso según sea tu día de suerte.

Esa noche, timbró diez veces su celular –qué si no — las diez piñas coladas que no bebió por contestar ya anduvieran haciendo efecto. No logre descifrar que papel jugaba la chica aquí.

 De que era conocida ni dudarlo. Todo aquel que atravesaba la puerta veía al custodio, un gorila de casi dos metros, cuerpo de luchador de sumo, y de un bronceado tipo acapulqueño. Lo primero que hacen, es depositarle un saludo de grandes amigos a la “ricura”, y un billete verde dentro de su escote.

Ya no pude ver más, la ricura me mando a esperarla en el automóvil –a pesar de mi insistencia, por cumplir las órdenes del jefe de no dejarla sola ni un minuto. Una mentada de madre me dio la respuesta.

¡Pelanas chamacos! Apenas iba cogiendo el sueño y salen con sus petardos. ¡Puta madre, las siete de la mañana! Y mi paquete…

Salí del carro, hacia un frio de poca. La puerta estaba abierta ¿Y, el gorila?

Un par de meseros terminaban de levantar el desmadre, la describí sin dejar un ápice de su cuerpo a detalle…nadie la conocía. No sé cuántas veces me rasgue la cabeza pensando, buscando en los cuartos contiguos del pequeño local de juego. Saqué mi celular, cinco llamadas del licenciado –ya me llevó la chingada –pensé.

 Había que afrontar las cosas. Me di la media vuelta para salir y ahí estaba ella, sentada en la única silla por levantar, con su copa de piña colada y una sonrisa muy “picara que me dejó sin palabras”.

¿Qué chingado esperas? Nos vamos –dulcemente me dio los buenos días.

Era sábado, el jefe no me necesitaba. Sólo pude quitarme los zapatos antes de zambullirme un clavado en la cama, cuando el repiquetear del celular me dio ganas de vomitar. Era del jefe, me necesitaba con urgencia.

Antes de abandonar el carro hilvanaba las preguntas y respuestas por si se había enterado que dejé sola a su criatura. Me recibió con una blanca sonrisa y una cerveza oscura golpeada –no me dio buena espina, él no es así.

¿Qué? ¿Cómo te fue con mi tesoro? Vamos lo sé todo.

Quedé sorprendido al escucharlo…

¿De seguro te mando al carajo? –agregó — sin quitar la vista sobre mí y dando sorbos cortos a su bebida –Así es ella.

Nos sentamos donde siempre, sacó de su bolsillo un par de llaves y se dispuso abrir un cajón de su escritorio.

 ¿De seguro tomará un arma de seis tiros y lo vaciará en mi persona, pensé? Total, nadie me vio llegar.

Cuando me dio la carta la leí y por poco me atraganto con mi bebida. Su acérrimo rival político del partido Socialista, sufrió un leve y prolongado accidente. Había tenido un altercado en un restaurante con uno de tantos fanáticos, llevándose la mayor parte: un balazo en una pierna.

Pero la mejor — hiso que chocáramos los envases y brindáramos por el futuro presidente de la república — ¡Lo nombraron candidato único!

 ¡Vamos muchacho, venga un abrazo! Para que veas que soy agradecido toma otro bono, y no me interesa donde habrás contratado al gatillero que puso fuera de contexto al marica ese. Tómate el fin de semana libre…

Ya mejor ni dije nada, corrí el riesgo haciendo creer que fui yo.

Había dormido como un bebe cuando el celular de nueva cuenta sonó. ¿Se habrá arrepentido en darme el fin de semana libre? Miré el número, era desconocido. Espere que hablará el interlocutor.

¡Vamos contesta pendejo, sé estás ahí!

 Por el timbre de voz supe quien era. ¿Cómo consiguió mi número?

¿Déjate de mamadas y ven a buscarme o le digo a mi chulo, que me dejaste sola mucho tiempo?…

Mi dio una dirección para pasarla a recoger en una hora. Cuando la tenga enfrente le pondré las reglas a esa cabrona –repetía insistentemente en mi cerebro –que se cree la maldita. Total, si no le parece al licenciado le devuelvo todo y a la chingada.

De tanta bilis me pase a tragar mi cigarro. Llegue al sitio indicado, la espere en el carro quince minutos antes. Verifiqué el nombre del negocio donde me dijo: “La Catedral Estética Vips”.

Mi enojo quedo congelado un rato cuando apareció la que destruye cualquier felicidad y construye imperios. De una silueta de solo curvas, pelo largo de un tono castaño recogido con una coleta. Su cabello apresado dejaba libre un par de ojos azul grisáceo. Sus labios no eran carnosos y al sonreír un par de hoyuelos a la cara, combinaban el lujo de sus pecas.

Darwin tenia razón: al final somos simios desnudos.

Continuara…

JOSE GARCIA.

Octubre/2020.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s