CAJITA ROSADA(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

Una tarde de mucha lluvia, mamá un poco nerviosa me pidió que yo empacara algo de mis cosas en una bolsa, que sólo sería por unas noches, me llevaría con mi papá, que ella necesitaba decidir qué haría de su vida y que haría de la mía.

Teníamos un coche dorado de 4 puertas, al entrar a él, me pasó al asiento de atrás, contrario al suyo, pero me vigilaba por el espejo.

Arrancó y tomamos carretera.

Al pasar un puente de madera, me pidió que nos bajemos a descansar y caminemos por el puente. Era una linda tarde, el aire era fresco, el agua se veía maravillosa y traía un ritmo, como si alguien cantara en las olas que se formaban por la prisa del correr del agua.

 Me quedé mirando y me di cuenta que mi diminuto rostro se reflejaba en ella, sonreí, y el agua sonreía.

Al volver al carro, le pregunté:

  • ¿A dónde iremos?
  •  Y sin más me dijo: tú con tu padre, y yo a buscar mi vida.

En ese momento, extendió su brazo derecho por encima de su asiento y me entregó una cajita rosada.

Me dijo: En esta cajita rosada, puede estar tu futuro. No la abras hasta que lo necesites.

Tomé la cajita, pero no la abrí, solo le daba vueltas.

Mi madre me dijo: cierra los ojos y descansa.

Me despertó un ruido muy fuerte, me encontraba a la vera del camino, una ambulancia, un coche de policía estaban ahí con otras personas.

Mi madre había fallecido. Yo con tan solo 4-5 años de edad, pues no sabía mucho de mis familiares, de hecho, no teníamos familia, seguramente tuve un padre, pero nunca oí su nombre.

Me subieron a un carro patrulla y me llevaron con las hermanas Marías.

Al entregarme no llevaba la bolsa con mis pertenencias ni la cajita rosada que mamá me había dado.

Con las hermanas Marías estuve unas pocas semanas, ya que rápidamente fui adoptada por un matrimonio que tenía un único perro, y ahí viví durante el resto de mis días. Fueron muy buenos padres, el perrito se llamaba “Bota “

Al cumplir 12 años ya para entrar a la secundaría me ofrecieron ayudarme a buscar a mi verdadero padre, pero la verdad o sentía ningún interés de encontrarlo, no me sentía entusiasmada de eso, vivía bien, muy a gusto con la familia Barume.

En esas vacaciones nos fuimos de paseo al campo, y me llevaron al puente de las animas, justo donde había sido el accidente unos años atrás. Ahora se podía acampar a la vera del camino, hacer fogata y bañarse en el río.

Nos divertíamos mucho. Bota el perrito empezó a ladrar, lo seguí.

En una parte de cerca de la orilla del río había encontrado mi cajita rosada, intacta, el día del accidente se me habría caído y quizá nadie se dio la tarea de buscarla.

La tomé en mis manos, la limpié y al abrirla había una pequeña nota que decía:

Selene, si yo faltara busca a Jacinto Barume, él es tu padre.

Realmente yo tenía una muy bonita familia, vivía con Matilde y Jacinto Barume, ellos me habían adoptado y me dieron su apellido, en mis escasos 12 años no veía la diferencia de la nota, así que guardé la cajita rosada en mi bolsa y seguí jugando con Botas, hasta que me llamaron para regresar a casa.

Durante 20 años guardé la cajita rosada en el fondo de mi cajón derecho de mi escritorio.


Aquella tarde a principios de diciembre yo al cumplir 22 años, Matilde falleció de un paro respiratorio, llamé al 911 y a papá. Todo fue muy rápido y pronto estábamos de regreso con las cenizas de mamá.

 Sentados papá y yo en la salita de estar me preguntó:

¿Recuerdas Selene a tu verdadera madre?

No, le respondí, era muy niña cuando íbamos en el carro y nos alcanzó ese fatal accidente.  Nunca conocí a mi padre. Pero me siento muy bien contigo, ya llevamos 17 años juntos, soy química igual que tú.

 Uso más mi mano izquierda como tú y veo que tenemos los mismos lunares en el cuello y mano derecha.

Sí, me respondió mi padre, sonriendo y asistiendo con la cabeza.

Mira, hoy revisando la partida que nos dieron a Matilde y a mí en la casa de las hermanas Marías, el día que te adoptamos, tu acta de nacimiento dice que Jacinto Barume es tu padre, y en la investigación que hacen las hermanas Marías, hay fotos de tu madre conmigo.

Le interrumpí y le dije: Espera papá, tengo algo guardado desde hace muchos años.

Corrí a mi habitación, traje la cajita rosada y saqué el papel.

Mira esta cajita rosada me la dio mi madre el día que íbamos en carretera y me dijo: Selene si algo me pasara, aquí está el nombre de tu padre.

Nos abrazamos muy fuerte, lloramos por un largo rato, y nos volvimos a abrazar.

Me dijo: Selene eres idéntica a ella.

De verdad que te quiero mucho.

Nos volvimos a abrazar.

Llevamos las cenizas de Matilde a tirar desde el puente de las ánimas.

ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA.

29 DE OCTUBRE DE 2020.

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