VIAJE A LA LUNA(POR: YOXI)

Hoy 18 de marzo de 2043, a bordo de la poderosa nave Chichen II, la primera misión espacial yucateca maniobra para entrar en órbita alrededor de la luna. —Señala el Diario de Yucatán— Desde el centro espacial de Chicxulub se dirige el portentoso viaje, cuyo objetivo es descender y explorar el lado obscuro de la luna en busca de vida extraterrestre. Previas misiones chinas acusan haber observado una ciudad lunar; varias misiones americanas también, y aunque se filtraron muchas imágenes increíbles, el gobierno gringo lo negó todo. Muy pronto será develado este misterio por el valiente equipo de cosmonautas yucatecos, que consta de: La comandante Dora Alicia Puerto, la 1er. oficial Tía Ricalde y el Teniente de fragata Christian Pech; quienes orgullosamente portan la bandera yucateca en sus trajes espaciales…

La nave entró en órbita lunar sin problemas y después de circunnavegar tres veces el satélite, localizaron el sitio denominado “sector 33” para alunizar. La peligrosa maniobra de desacelerar, poner la nave en posición vertical, disparar las toberas de freno y alunizar sin estrellarse, la llevó a cabo exitosamente la comandante Puerto. Después de alunizar, el Teniente verificó las coordenadas, encontrando que estaban a menos de 800 metros de su objetivo.

Estando en la cara oculta de la luna la obscuridad es total y la comunicación con la base en Chicxulub estaría cortada durante toda la expedición en la superficie de la luna la cual  duraría dos días. Prepararon su equipo que incluía el robot de carga Ek Chua —Ek de cariño— y sus patinetas gravitatorias —que nombraron cariñosamente Aluxes 1, 2 y 3 y que sirven para facilitar su desplazamiento en terrenos abruptos; más equipo de alta tecnología, desarrollado ex profeso para la misión por científicos del Instituto Politécnico de  Chicxulub.

Bajaron de la nave el equipo, lo pusieron en la plataforma de Ek; Cargaron sus mochilas que contenían herramientas de mano, linternas de alta luminosidad y sistemas avanzados de refacción para preservar la vida. A la orden del Teniente Pech, se subieron a sus aluxes y guiados con una especie de GPS que aprovecha el campo magnético del satélite, iniciaron la marcha.

Cubrieron la distancia al objetivo en pocos minutos, prendieron sus lámparas de alto desempeño y lo que vieron les dejó pasmados; era como una ciudad terrestre moderna pero abandonada y en ruinas; con altos rascacielos, casas y edificios de diversos tamaños, todo en total obscuridad; había objetos cilíndricos despedazados y esparcidos por todos lados. Algunos tenían símbolos y figuras extrañas.

Mientras más se acercaban, más impresionante y enorme se veía la ciudad, ahora estaban convencidos que se encontraban frente a lo que fue un asentamiento extraterrestre… El simple pensamiento de estar ahí y de que quizá no estuvieran del todo solos, les ponía la piel de gallina.

  • ¿Qué rayos es esto? —Preguntó Tía con un marcado temblor en la voz.
  • Lo que buscábamos, la ciudad en la luna — Contestó Dora Alicia.
  • ¿Y si alguien nos vigila y nos ataca? —preguntó  Christian
  • ¡Nada de eso personal! Venimos hasta aquí en una misión a investigar y eso es lo que haremos.

Dora notó que Tía se le arrimaba mucho a Christian, que lo tenía cogido de la mano y lo miraba con ojos de borrego asustado.

  • ¡A ver Teniente!  —intervino Dora, Usted dirige la expedición de campo, así que esperamos sus instrucciones-
  • Si mi comandante: Primero vamos a explorar la ciudad para analizar nuestras posibilidades en dos días de estancia como tenemos, parece que esto es mucho más extenso de lo que pensamos.

Se acercaron en sus Aluxes al inicio del asentamiento y se dividieron en tres frentes para verificar qué área representaría el mayor interés para sus propósitos. ¡Pero Atención¡ Si alguno detecta un peligro o amenaza potencial, dará la voz de alarma y nos reuniremos en este punto —Anunció el Teniente Pech.

Dejaron parte de su equipo y aluxes semi ocultos en el punto que definieron como de reunión, un solar frente a un enorme edificio como de diez pisos, semi derruido y con vigas floreando.

Christian se internó en la ciudad de frente hacia el norte lunar, Dora y Tía se dirigieron al oriente y al poniente lunar respectivamente. Por el radio iban confirmando su integridad y comentando lo que encontraban a su paso, sacaron fotos y videos de cuanto podían.

Christian encontró los extraños restos como de una enorme nave, que al no corresponder con el resto de las construcciones, parecía haber caído ahí. Era del tamaño de un trasatlántico o más grande, tenía forma como de bulbo en parte y aplanada en otra como una mantarraya; tenía glifos grabados en el metal, una compuerta que estaba cerrada y se veían como filas de escotillas a los lados en diferentes niveles.

Tía por su lado patrulló rodeando la ciudad, le llamó la atención un raro edificio que parecía estar mejor conservado que el resto y se asomó a investigar. En eso estaba cuando le pareció que una sombra pasó detrás de ella, se asustó y buscó un rincón para esconderse, apagó de momento su lámpara y permaneció expectante; Todo parecía en paz en la eterna obscuridad, de repente, le pareció ver como luces rojas que se movían por pares, como pequeños ojos que la vigilaban a la distancia ocultándose y gritó. Sus compañeros asustados le preguntaron por el radio que le pasaba, ella les explicó que sintió que la observaban; Christian ordenó que regresaran de inmediato al punto de reunión.

Dora por su lado y con un espíritu más aventurero, se dedicó también a recorrer y documentar lo más que pudo; ingresó a edificios derruidos, fotografió lo que pudieran ser vehículos abandonados, restos de máquinas y estructuras, destruidas como por una gran explosión. Se entretuvo y disfrutaba tanto la experiencia que se le pasó el tiempo sin sentir, hasta que escuchó el grito de Tía por la radio; de inmediato fue consciente que sus amigos podían estar en peligro, escuchó las instrucciones del Teniente Pech y se dirigió al punto de encuentro.

Cuando Dora llegó, Christian y Tía ya estaban ahí, Tía lloraba y Christian la abrazaba, lo cual no le hizo ninguna gracia; eran militares, adultos, maduros, no había lugar para algo así y los increpó severamente de inmediato.

  • ¡Atención personal! ¿Qué está pasando aquí? Ya basta Tía ¡Compórtate!
  • Si mi comandante
  • Y usted Teniente Pech, ¿qué le pasa? ¿donde está su disciplina militar? ¡Aléjese de la oficial!
  • Si mi señora, si mi comandante.
  • Nomás esto nos faltaba, parecen adolescentes.

Echando un cauteloso segundo vistazo, concluyeron que el lugar estaba desierto, dieron por concluida la expedición del día y regresaron a la nave. Después de cenar tuvieron una reunión para evaluar sus hallazgos y determinar que sitio deberían explorar al día siguiente por considerarlo de mayor potencial y prevaleció el de la estructura como mantarraya que encontró Christian.

Se retiraron a dormir para recuperar fuerzas pero Dora no se podía dormir; permaneció como momia despierta hasta muy tarde en la noche y vio como Tía, en silencio se metió al compartimiento de Christian, intercambiaron arrumacos y tal vez algo más.

Amaneció para ellos, aunque todo seguía en total obscuridad, Tía se veía contenta, Dora seguía molesta y Christian jugaba al yo no fui.

Se dirigieron al sitio y analizaron el enorme aparato, se acercaron a lo que parecía una puerta. La revisaron para ver si la podían abrir pero no encontraron ninguna cerradura, en eso Dora, que recorría con los dedos los símbolos al lado de la puerta, tocó alguno que hizo que crujiera un mecanismo en el interior; ante sus incrédulas miradas la compuerta se abrió por sí sola, y una tenue luz iluminó el interior del aparato. Retrocedieron asustados, pero al ver que no pasaba nada, se miraron en silencio. Dora le señaló a Christian hacia el  interior con el dedo y a Tía que permaneciera ahí. Entraron los dos al aparato. La tenue luz —que no pudieron determinar su origen— les permitía ver con claridad.

Recorrieron pasillos, escalas, atrios, camarotes y llegaron a un sitio alto que parecía el puente de mando, había claraboyas que daban al exterior y algo que asemejaba un par de sillones con tapas como de sarcófagos egipcios, colocados lado a lado; ambos tenían mirillas en lo que sería la posición de la cabeza, mirando hacia una claraboya frontal que daba al exterior. Uno de los sarcófagos estaba roto y abierto, en su interior estaban los restos secos de lo que tal vez fue un ser extraterrestre. Había huesos y restos de piel, pero no  pudieron identificarlos como algo conocido. El segundo sarcófago estaba sellado, se asomaron por la mirilla y se asustaron al comprobar que dentro estaba lo que parecía una mujer con rasgos orientales, que parecía estar dormida. Tenía conectados a su cuerpo dispositivos y cables que parecían ser interfaces para enchufarla a la nave. El estado de conservación del cuerpo era sorprendente, pensaron que tal vez estaba en un estado de suspensión o hibernación desde hacía millones de años, quizás esperando a que la vinieran a rescatar.

Estuvieron experimentando con los grabados del sarcófago,  de repente, Dora tocó algo,  se oyó como un chisguete de aire comprimido y el sarcófago se abrió; la mujer estaba desnuda y permanecía inmóvil. La tocaron, notaron que no tenía fosas nasales ni orejas, en su boca había una especie de respirador incrustado que no pudieron remover, le abrieron un ojo para ver y descubrieron que no era humano, más bien felino y enorme. No podían creer lo que habían encontrado. Sacaron fotos y video documentando todo a detalle. En eso estaban cuando sienten una presencia a sus espaldas y alguien le pone la mano sobre el hombro a Christian, que grita sin contenerse.

Era Tía, que desobedeciendo las instrucciones de quedarse en la puerta a vigilar, se metió a la nave, y para completar el cuadro se asustó y también gritó.

Dora estaba cabreada, la muy estúpida de Tía les había dado el susto de su vida; la regañó, la zarandeó y el dijo hasta de que se iba a morir. Tía se puso a llorar y se abrazó de Christian, era el colmo.

Después que se calmó el ambiente, Tía fue enviada de nuevo a la puerta y se quedaron Dora y Christian a decidir que iban a hacer con la mujer extraterrestre, si desconectarla y llevársela completa o tomar unas biopsias.

Decidieron que se llevarían a la mujer completa ya que era relativamente pequeña; empezaron a desconectarla con cuidado y le empezó a manar una especie de líquido amarillo y pegajoso. Esperaron a que parara el flujo y la metieron en una bolsa de plástico, la sacaron cargando a la plataforma de Ek.

Dora ordenó a Christian regresar para recoger muestras del otro extraterrestre, pero cuando este se introdujo a la nave, sin que Tía lo notara, pasó la mano por los glifos y la puerta exterior se cerró. Ambas se fueron a la nave, Tía ayudó a Dora a meter la carga, y cuando se suponía que regresarían por Christian, Dora golpeó a Tía en la nuca dejándola inconsciente, apagó la radio, se metió a la nave, hizo los preparativos de vuelo y despegó, dejándolos a los dos a su suerte.

Tía despertó por el estruendo de la nave al despegar y para variar se puso a llorar, Christian la escuchó por el radio y le pidió que se calmara, que regresara, pues Dora lo había dejado encerrado. Tía caminó hasta la nave extraterrestre, golpeó la puerta pero no se abrió, Christian le dijo que pasara la mano por los glifos para abrir.

Christian y Tía se fueron caminando abrazados, se sentaron en una duna frente a la ciudad a esperar hasta que sus sistemas de vida dejaran de funcionar; mientras una multitud de ojitos rojos, desde la obscuridad, los observaban disfrutar su luna de miel.  

Continuará.

Cuento by Yoxi                                             

22/10/2020

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