EL BUFÓN(POR: YOXI)

En el hermoso palacio de un ducado medieval, asentado en una colina resguardada por fosos y peñas, se celebraba la fiesta de cumpleaños de la hija del duque de Chandler. Se sirvió un gran banquete, se contrató a un grupo de saltimbanquis viajeros que el duque encontró en el pueblo y que le vinieron de maravilla para la ocasión.

El grupo de saltimbanquis constaba de un juglar con su vihuela, un cantor, un tamborilero y un flautista. El juglar cantaba canciones de leyendas ocurridas en otros reinos, cantaba también las noticias de epopeyas de héroes legendarios que pelearon en tierras lejanas; mientras una pareja de danzantes representaba teatralmente, con poses galantes, danza y reverencias, la música y el canto. Les acompañaba un bufón, que retozando por su cuenta se mezclaba entre el público haciéndoles bromas y asustando a la gente desprevenida de su presencia, causando las risas de todos.

La concurrencia ya estaba animada, corría el vino y se degustaban deliciosos manjares: Venado, faisán, jabalí, conejo; así como deliciosas frutas y dulces entre otras delicadezas.

La noche cayó y las antorchas iluminaban por todas partes la explanada frente al castillo. El duque tomó la palabra y presentó su hija; Sabrina de Chandler futura duquesa de Chandler; ella —A falta de un hijo varón y habiendo fallecido su madre— heredaría el ducado de su padre; el hombre con quien se casara tomaría la posición de conde de Chandler algún día.

Después de una viva ovación por la muchacha y la admiración que dejó su belleza, se declaró iniciado el baile de máscaras. Los participantes debían usar una o antifaz, para así permanecer en el anonimato hasta la media noche; así equipados todos buscaron pareja y se dedicaron a bailar, beber y a divertirse en grande.

Voita —el bufón que se tomaba ahora un respiro— quedó prendado de la belleza de la hija del Conde, pero sabiendo su posición social, se remitió a admirarla a la distancia, aunque  por más que se esforzaba no la podía apartar de su mente, aquellos ojos azules y ese pelo rubio que enmarcaba una cara angelical lo hechizaron; así que, tan solo para verla, se puso su máscara y decidió seguirla sin ser visto…

A pesar de su antifaz, el pelo de Sabrina la delataba, no fue difícil para Voita localizarla entre la gente.

El tiempo se escapaba muy rápido, la media noche se acercaba y todos deberían revelar su identidad para descubrir  quién fue su pareja, si había una nueva conquista, amistad o  romance, y si no, al menos reír un poco más. Voita esperaba ansioso ese momento para ver el rostro de Sabrina por última vez.

Sabrina se encontraba con un grupo de jóvenes de su edad platicando al fondo de la explanada, cuando de repente, alguien de fuera saltó el barandal de mármol, estaba vestido de negro y tenía una máscara roja como de demonio; se acercó al grupo de jóvenes y en un instante sacó su espada amenazándolos. Sabrina y los jóvenes gritaron y retrocedieron asustados. El caballero negro empezó a gritarle a Sabrina e increparla por asuntos de su padre de los que ella era ajena, de supuestas injusticias a una familia y que por eso venía a tomar venganza; tomó posición de ataque con florete y cuando se disponía a estocarla, Voita, que estaba muy cerca, llegó corriendo y se arrojó sobre el intruso derribándolo, ambos rodaron por el suelo, se levantaron como por un resorte, Voita desarmado lo enfrentó, pero el hábil espadachín lo atravesó con un estoque limpio, haciéndolo caer mal herido, y se dirigió de nuevo a la muchacha. En ese momento se oyeron zumbar por los aires un enjambre de flechas que se clavaron en el cuerpo del agresor y lo derribaron, justo antes de que la matara; llegaron soldados y arqueros, remataron al agresor cortándole la cabeza y se llevaron a la muchacha para protegerla. Voita yacía en el piso mirando la escena cuando perdió el conocimiento. Llegaron sus parientes y se lo llevaron a la posada del pueblo para curarlo.

Estuvo con fiebre por varios días pero finalmente y gracias a los cuidados de su madre se recuperó, ya se preparaba con el resto del grupo para partir del lugar; cuando se oyó un alboroto afuera de la posada, venían soldados y un grupo de gente con Sabrina a la cabeza buscando al bufón, para recompensarle su acto heroico.

Cuando llegaron frente a él, una dama de compañía agradable y regordeta, dio emocionada todo un discurso de nobleza y valentía, entregándole a nombre del Conde y en agradecimiento una bolsa de cuero con monedas de oro. Él no se enteró de nada, se la pasó embobado mirando a Sabrina, que a la luz del día se veía aun más radiante que en la fiesta. Ella lo notó y pareció molestarle; él con una sonrisa la miró a los ojos, ella desvió la mirada y esbozó un mohín de desagrado, después,  un corto silencio y una brusca despedida fue el final de la visita.

Voita puso la bolsa con las monedas en la mesa y de sus ojos brotaron dos lagrimones. Su madre que estaba escuchando detrás de la puerta salió a consolarlo, traía un espejo en la mano, se lo puso a Voita frente a la cara y dulcemente le dijo: Hijo mío, fue un milagro que nacieras y también que sobrevivieras; la comadrona que te recibió pensó que eras un aborto del infierno y quizo matarte, pero yo no se lo permití; tu cuerpo estaba deforme, tu cara desfigurada y tus ojos muy separados… Sin embargo, cuando te vi, supe que eras un ángel, un regalo del cielo, que tu corazón era muy grande y que venias como maestro a enseñarnos el amor aquí donde no lo hay, lo vi en tu mirada, por eso decidí que vivieras.

Mírate bien ahora, seca tus lágrimas que todavía hay  mucho que amar, olvida que hay gente que aun no tiene corazón.

Cuento by Yoxi

 14/10/2020

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