PISTACHES FLUORESCENTES(POR: MAR ANDUEZA)

Ignorando los ruidos nocturnos, Melisse duerme profundamente, pero como en muchas otras noches, su sueño es intranquilo. En esta ocasión el escenario es la sala de su casa, vislumbra sombras con caras desconocidas pero los matices de las voces se asemejan a las de algunos de sus parientes difuntos. Melisse intenta llegar a ellas e integrarse a la plática, pero no la ven mucho menos la escuchan. Pareciera que se encontrara tras una ventana con espejo, oculto, como las vistas en películas de acción usadas por la policía para interrogar a los sospechosos. La escasa luz no le permite reconocer a aquellas personas debatiendo quien acompañará al pasajero en el próximo viaje. Intrigada por ese misterioso viaje intenta acercarse un poco hacia ellos cuando repentinamente siente el dedo índice de un hombre presionando delicadamente, pero con seguridad al mismo tiempo su labio inferior.

    En ese instante, Melisse se da cuenta que estaba profundamente dormida y alguien la ha despertado abruptamente de ese sueño que pretendía convertirse en pesadilla. No abre los ojos, se queda quieta en su cama, solo agudiza sus sentidos, siente la presencia junto ella. En fracciones de segundos que parecieran siglos, su mente se cuestiona ¿qué pasa? ¿quién es el hombre que aún la observa? La casa estaba con cerrojo, solo su hija Tamara y ella están en casa. ¿cómo entró este individuo? sabe que ya no está dormida, él la ha despertado. Se mantiene impasible, momentos después ya no siente la presencia, pero la puerta del cuarto no ha sido abierta. La quietud de la noche se hace más densa y tensa. Dominando no su miedo sino la impotencia de sentirse a merced de alguien o algo desconocido abre los ojos lentamente adaptándose a la semioscuridad del cuarto.

 Tamara, ¿dónde está? – se pregunta de inmediato después de abrir los ojos, siente un inmenso alivio al verla durmiendo plácidamente junto a ella. El cuarto está cerrado y no hay nadie más ahí. ¿Qué me quieren decir? se pregunta Melisse en silencio, soñar con sus parientes muertos no es un buen augurio.

Trata de serenarse, convenciéndose así misma que todo ha sido un sueño, uno más de sus sueños recurrentes y premonitorios que no logra interpretar con certeza. Pero la presión en su labio inferior no fue su imaginación ni la fuerza de la mirada sobre ella, sensaciones que la alertaron y continuaron aún ella despierta.

    Es de madrugada, los silencios nocturnos han despertado al igual que Melisse. Intenta en vano conciliar el sueño, pasan los minutos, da vueltas y vueltas en la cama, así que decide salir del cuarto y despejar sus dudas, saber si alguien ha entrado o no a su casa. Revisa sigilosamente en penumbras la pequeña casa constatando que la puerta está cerrada.  Al levantar la mirada, en la pared algo brilla, es el rosario fluorescente que tiene a la entrada de la casa, regalo de su madre. Lo toma, se recuesta en el sofá implora y reza para confrontar los presagios.

– Mamá, mamá despierta, ¿qué haces en el sofá? pregunta Tamara tocándole el hombro. Llamó la tía Pita, que tío tuvo un accidente en la madrugada. – Dios, ¿qué le pasó? ¿cómo está?  – Bien nada grave, pero pudo ser fatal. Tía Pita dijo que en su inconciencia él balbuceaba sobre una luz fluorescente, el doctor no se explica que esté casi ileso. Vístete, vamos al hospital.

Un pensamiento

  1. El rosario y la oración es una poderosa arma para q nuestros miedos desaparezcan y nos permite comunicarnos con dios, es un vínculo q tenemos para demostrarle q el amor por el y la fe es lo más importante en nuestro día a día

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