CARRO DE SONIDO(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

El diagnóstico de los médicos fue cáncer terminal, me regresaron a casa porque no hay nada más para mí.

 Escuché a la doctora Pérez decirle a mi hijo:

—Don René, puede llevar a doña Sarita a su casa, que viva sus últimos días  rodeada de sus seres queridos, con sus cosas, los aromas de toda su vida, que disfrute ese jardincito del que tanto nos cuenta y nos hace sentir el aroma de sus flores.

 Aquí ya no hay nada que nosotros podamos hacer.

—Doctora dígame por favor:

De verdad ¿Cuánto tiempo le queda a mi madre?

—El tiempo exacto no lo sé, pero no más de un mes.

Entró mi hijo René acompañado de Cesarito mi nieto a mi habitación y me dijo:

  • Ves viejita, estás totalmente recuperada y ya nos vamos a casa. César, hijo, recoge todo lo de abuelita voy por la silla de ruedas y el alta para salir de éste hospital.

Mi nieto me miró a los ojos y me dijo al oído:

  • Eres fuerte abuelita, venciste a la enfermedad, ahora que lleguemos a

casa, haremos cosas diferentes, me ayudarás con las tareas, jugaremos ajedrez y tablero, te enseñaré todo lo moderno del internet y del celular, nos sentaremos en el viejo sofá del porche a ver pasar y a oír al carro de sonido que dice cosas del futuro y además vende helados, tiramisú de chocolate, de fresa, y de capuchino.

  • Hay Cesarito yo ya estoy muy vieja para eso, acabo de cumplir 81 años.
  • Abuelita, claro que no, hay gente mucho mayor que tú en el internet, usando celulares y otras cosas.

Al llegar a casa, pude caminar hasta el porche con la ayuda de Cesarito, él es muy fuerte, ¿quién no lo es a los 14 años?

Me acomodaron en mi viejo cuarto que ya estaba remodelado, pintado en rosa pastel, con flores de crisantemos en mi mesita de noche, cuadros al óleo que me hizo mi hijo, nuevas cortinas con flores de colores en rosa y azul rey, mis viejos muebles pintados en blanco y conservaron mi espejo de roca que me había regalado mi abuelo al cumplir mis XV años.

¡Qué belleza de cuarto¡

Exclamé, parece de jovencita.

Mi hijo muy cariñoso se acercó a mí y me dijo:

Eres mi quinceañera mamá, haz hecho mucho por nosotros.

Cesarito dijo con mucha alegría: Sí abuelita eres la reina de la casa.

Ya acomodada en mi habitación me dijo mi hijo:

Mamá Cesarito y yo te atenderemos, te pido tu cooperación, danos la oportunidad de servirte, acepta que te queremos, haremos todo para que estés muy bien, déjate querer y consentir, haz trabajado toda la vida.

Por la tarde, al bajar el sol, ya arregladita, me sentaron en el porche a disfrutar de mi jardincito lleno de crisantemos, mariposas y margaritas de varios colores.

 El rico aroma de las mariposas que sembré y ellos siguieron cuidando me llevaban a mi juventud, cuando compré ésta casita.

A lo lejos veía el carro de sonido pero no lograba escuchar lo que decía, con forme se fue acercando escuché claramente decir:

Doña Sarita, nacida bajo el signo de escorpión a quién  el futuro le depara larga vida llena de felicidad y salud… se paró frente a mí,  Cesarito me dio un tiramisú de chocolate, lo empecé a comer mientras el carro de sonido seguía diciéndome mil parabienes.

Yo incrédula escuchaba, le seguía con la mirada hasta perderlo de vista, al doblar la esquina ponía canciones de mi época, boleros, tríos.

Que agradable momento, me sentía muy bien, realmente feliz, recordaba mi vida, sonreía, cantaba.

Todas las tardes, de lunes a domingo, estaba esperando al carro de sonido, me gustaban sus postres y lo que decía.

No sé en que momento me pude levantar y llegar hasta el porche caminando yo sola, acompañada de René algunas veces, de Cesarito otras, o juntos los tres disfrutando de mi jardincito.

Pasaron algunos meses y ya podía desde el viejo sofá regar con una manguera mis plantas, incluso podía cortar, rellenar mis floreros con crisantemos, margaritas y mariposas.

La tarde anterior a mi cumpleaños 90, escuché a los lejos los boleros y la música de tríos del carro de sonido, salí para encargarle un pastel de chocolate, pasé por el jardín, pude abrir la rejita, me acerqué al carro de sonido y pedí mi encargo, al voltearme para regresar a casa, vi todas las tumbas en la explanada del cementerio general.

Me guio el aroma de crisantemos, mariposas y margarita hasta la mía que decía:

Sarita, 1930-2020 una madre maravillosa y ejemplar. Te queremos René y Cesarito.

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

2 DE OCTUBRE 2020.

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