EN MEDIO DEL PUENTE(POR: JOSÉ GARCÍA)

EN MEDIO DEL PUENTE.

Por: José García

Su mirada recorrió ambos lados del puente antes de que la bruma de la media noche lo cubriera todo. Desértico se mostraba el lugar, sin siquiera algún indigente echando la mona.  El frio arreciaba, pero en él, la tristeza se encargaba de entumirle el corazón. Encendió un cigarrillo y en tres aspiraciones consumió la mitad, para después arrojarlo al rio. Un búho blanco aleteo sobre su cabeza haciéndolo girar a su flanco derecho.

Justo ahí rompiendo la niebla, miró una figura femenina haciendo presencia…

Se limpió con sus nudillos los ojos, como si hubiera visto un espejismo. Era tan real como la luz de luna que se trasparentaba en su silueta. Un silencio se tatuó en su rostro,  reviviendo su sangre que se adormecía de hipotermia. Unos metros tan solo los separaban…

Parecía que las palabras se enfriaban. Solo las miradas  se atraían en el espacio, entre uno y el otro. Tomó la decisión, dio el primer paso hacia ella, que permanecía firme en su sitio. No había avanzado más de tres pisadas, cuando vio regresar  revoloteando de nuevo sobre su cabeza, al búho blanco de alas y pintas cafés.

Este, se postró ante la chica. De igual forma como un caballero se postra ante su reina.

Enseguida, el cierzo de la madrugada trajo consigo la niebla blanquecina del amanecer cubriendo a la chica. En cuestión de segundos se fue desvaneciendo para dejar al descubierto… ¡A, él mismo!

Copia fiel de su imagen. En cada gesto de sus manos y cuerpo reflejado; se armonizaban como dos gotas de agua. Pronuncio cortas sus palabras al dirigirse a.. ¿Quién eres tú?.

–¿Soy, tú mismo? –hasta las colinas llegó su respuesta.

Su voz era lo único diferente. Sonaba más joven. Sin embargo lo dejó atónito, el pensar hablar con algo irreal. Pareció que leyeron su pensamiento cuando su clon  respondió: ¿Pareces tener frio?

En pocas palabras aquel ser inexplicable le dibujo pasajes de su juventud.

–¿Recuerdas cuando llegaste a casa y te encerraste en tu cuarto todo el día? Cubierto por completo, de los pies a la cabeza, en el claroscuro de tu sabana. Sudando de nervios, imaginándote si algo le habrá pasado a la chica. La misma que a tus veintiocho años sigue despertándote con sobresaltos. Pero fue mejor huir.

“Varias estrellas contemplaron indiferentes como el muchacho era agredido por…¿Por alguien?”

Con un gesto negativo de su diestra dio la media vuelta y  busco por donde había llegado. Mientras andaba, se tapó los oídos para no seguir escuchar lo que rememoraba aquel. La penúltima pisada y abandonaba el puente pero presto oídos a un nombre de mujer: Rosario.

–¡Lo, sabía! –refutó su afinidad humana.

Regresó con el rostro mutado, hasta quedar de frente al que pudo ser un  anticuerpo clónico y expulsar palabras tras palabras sin respirar.

–¡Escúchame bien!. ¿No sé con quién hablo, pero si algo tengo que decir de esa mujer será lo último en vida –señalando a la “cosa” con su índice  le recalcó?

–¿Qué me vas a decir?  ¡Que, no tú la mataste!. De quien era el veneno que bebió, quien se lo puso en sus manos, se te borró la memoria…

–Me importa un carajo lo que creas. La verdad solo yo la sé y explicárselo a un ente de mierda, es como aceptar que estoy loco, como muchos dicen –replico.

En ese instante se desato un remolino de hojas muertas por el invierno abrigando a ambos. La luna se cubrió de gris, las estrellas también, y una vez más  apareció el búho de plumaje blanco que en su aleteo dispersó las hojas revueltas. Reino la calma.

 El mismo miraba su propio reflejo en las aguas claras del rio.

Su mirada descubrió el alba. Quería no pensar, no desear, abandonarse. Su mirada volvió a recorrer ambos lados del puente, el aire se sentía templado y lo hiso girar. Quedó frente a ella, quien traía los ojos húmedos y no eran por el sereno.

Los labios de él, lo sellaron  sus dedos. Se abrazaron y apresuraron los pasos ante una pertinaz llovizna que se apersonaba. Abandonaban el lugar, él la detuvo pretextando olvidar algo. Retorno en medio del puente. Sacó de su bolsillo un pequeño frasco y lo arrojó lo más lejano posible. Por su mente paso un recuerdo símil que no supo hilvanar.

 Tras del objeto, un búho blanco común y corriente pareció atraparlo.

FIN.

José  García

Septiembre/2020.

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