ASESINATO A SANGRE FRÍA(POR ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

Como cada sábado, salí de la oficina a las 12:30 del mediodía.

Había tenido una excelente semana, dejaba preparada mi agenda para la próxima.  Iniciaría con un caso difícil.

Pasé por mi camioneta que dejé en el lavadero de autos, y mientras caminaba organizaba mis ideas sobre el tema que abordaría con éstos muchachos del reclusorio preventivo.

Estoy trabajando como voluntario, me gradué de abogado hace unos meses y estar con ellos una vez a la semana me ayuda a entender más las leyes en nuestro país.

Tomé toda la fuerza de mi corazón para poder contarles historias que los motivaran, son jóvenes olvidados por la sociedad, se que son unos delincuentes, pero no nacieron así, son jóvenes que no tuvieron oportunidades, y si las tuvieron quizá no se dieron cuenta.

Muchos de ellos sin familia, o con un solo padre, sin estudios ni educación, no tienen lazos afectivos, un verdadero problema.

De mi oficina al reclusorio cruzo prácticamente la ciudad de norte a sur, paso por el Paseo Verde, ahí compré unas fresas con chocolate, cada vez que los visito les llevo algo de comer para que prueben otros sabores diferentes a los que tienen ahí.

Éste sábado me paré a comprar unas roscas de chocolate con nuez, y la señora que me atendió me preguntó:

—Licenciado Díaz, ¿está usted camino al reclusorio?

—Si doña Jovita, estoy camino al reclusorio, ¿se le ofrece algo?

—Si, quisiera que le lleve esta canasta a mi nieto Esteban, está ahí por un error, el no hizo nada pero le echaron la culpa por ser muy pobre, sin recursos y sin familia. Nadie lo ayudó como a los demás jóvenes.

Doña Jovita: Ahora tengo el tiempo muy justo para llegar, pero al salir, pasaré por aquí y usted me podrá contar a detalle el caso de su nieto Esteban y le prometo que haré todo para su pronta liberación.

Tomé nuevamente la carretera para llegar al reclusorio, comenzaba una ligera llovizna que fue arreciando conforme fui avanzando.

 Recordé el caso de Esteban, él siempre me dijo que era inocente.

Al llegar al reclusorio, revisé varios casos. Algunos de éstos jóvenes fueron obligados a delinquir, en su mayoría por alguien que los manipuló para hacer   cualquier fechoría, tendré que buscar a ese adulto que hoy está libre ahí afuera.

Estos muchachos tienen miedo de declarar, de acusar al actor intelectual, y ese es mi trabajo, darles confianza para declarar.  Que entren convencidos a un grupo de rehabilitación, darles una ocupación, inscribirlos a una escuela, hacerlos personas de bien pero que estén seguros que son personas de bien.

Después de mi participación con los muchachos, preguntas y respuestas, metas para la semana, chistes, risas, anécdotas, al terminar el convivio, me acerqué a cada uno de ellos dándoles ánimo y prometiéndoles mi regreso para el próximo sábado.

Al salir, llamé a Esteban para platicar con él, prometiéndole que revisaría su caso y que pronto estaría libre, con su abuela Jovita.

—Esteban, ven y cuéntame una vez más que sucedió la noche del martes 28 de abril.

Al acercarse Esteban para comenzar su historia, me di cuenta que venía Lugo con otro muchacho se pegaron a Esteban, Lugo lo abrazó apuñalándolo por la espalda, hasta que se fue resbalando, quedándose en el suelo inmóvil.

Me hice para atrás, todo pasó en fracción de segundos, aunque he estado en la calle con jóvenes delincuentes, nunca había visto un asesinato a sangre fría, la verdad me quedé mudo por un momento viendo como Lugo y el joven  de recién ingreso se alejaban sin ninguna culpa, tarareando una canción de moda, moviendo las manos y aporreándose en las paredes de lado a lado.

Enseguida llamé a los custodios, a la enfermería, me acerqué a Esteban, pero   ya había fallecido.

Me quedé pensando en lo que había sucedido, porqué Lugo vino a matar a Esteban, quien se lo había ordenado, cuanto o qué le habían ofrecido, en fin, todo fue tan rápido pero si me quedó claro que Esteban era totalmente inocente, pero hoy de otra forma, estaba libre.

Salí del reclusorio, ahora entendí y confirmé cuanto me necesitan éstos muchachos, muchos de ellos son inocentes manejados por otros delincuentes que están en la calle.

Me dedicaré a reformarlos, buscaré voluntarios que quieran ayudarme y demostraré qué si son reformables, que se merecen una nueva oportunidad.

La dirección del instituto está en mi contra, quizá necesite más dedicación por ellos, pero lo haré por Esteban, trabajaré por él.

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

10 de septiembre de 2020.

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