BAGEL DE SALMÓN(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

Como cada martes, la directora me pidió que viniera a su oficina.

— ¡Álvaro, venga a mi oficina, es urgente.

Yo tomé mi ipad, mi celular y salí corriendo a su encuentro.

Pero esta vez no era por las actividades programadas para la semana.

 Cuando entré a su privado me dijo con voz desgarradora.

—¡Estamos en una auditoría ¡

Parada, con su botellita de agua, tomaba tragos acelerada, moviendo el tacón como si bailara, tronando las uñas sobre la botella, agitando las manos como tratando de advertirme el tamaño del peligro en el que se encontraba.

Todos corrían con cajas y libros de cuentas.

— ¿Pero Licenciada Aurora, cual es el problema?

Yo le he asistido por más de 15 años, y todo está en perfectas condiciones, he corrido los saldos, he pagado los impuestos a tiempo, todo está en orden.

— Alvarito, usted no entiende, hay mucho que usted no sabe o no ha querido ver.

Alguien gritó: Licenciada Aurora, ¡ya suben los judiciales ¡

Me suplicó que yo aceptara la culpa de sus robos, que ella me ayudaría, que no desconfiara de ella, que no me dejaría solo.

Por favor Alvarito, échate la culpa, acepta que tu haz robado ese dinero, di que yo no sabía nada.

Tú no tienes familia, yo te he hecho mi asistente, la posición que tienes me la han pedido para otra persona y siempre te he defendido para que permanezcas aquí, nadie te extrañaría si fueras a prisión, te prometo sacarte cuanto antes, te defenderé. Tú me conoces, sabes el alcance de mi poder, de mis conocidos, sabes con quienes me relaciono.

 Por favor Alvarito, ayúdame, prometo sacarte de ésta y darte un mejor lugar aquí mismo o en otra dependencia, nunca te abandonaría.

—¿Lo sabes verdad?

Pero Licenciada, ¿tan grave es lo que ha hecho?

Nos interrumpen unos judiciales, sólo cambiamos miradas y en menos de lo que me imaginé, ya estaba esposado, adentro de una patrulla rumbo al reclusorio.

Firmé no sé qué cantidad de papeles.

Fui no se a cuantos juicios, tribunales, siempre la misma pregunta:

— ¿Cómo se declara?

Y yo repetía la misma respuesta: Culpable, Culpable, Culpable y mil veces dije culpable, no sabía de qué ni de cuanto, pero me declaraba culpable.

 Era un ir y venir, subir y bajar esposado, fotos en las primeras planas de periódicos y revistas, todo el mundo ya sabía de mí, era tan famoso que en el reclusorio los internos al pasar junto a mí me llamaban Jefe, bajaban la cabeza, me respetaban, tenía preferencias, un menú en mi celda privada con aire acondicionado, y todas las comodidades que nunca imaginé, era un personaje.

Hoy en el juicio final, me dictaron sentencia de 40 años, la licenciada Aurora permaneció a mi lado, nos despedimos y me dijo:

—Alvarito, no se preocupe, yo estoy gestionando su salida nada más que se amansen las aguas, y usted está fuera. Todo está bajo control.

Le daré una buena cantidad de dinero para que salga del país y comience una nueva vida lejos de todo esto, será como un sueño.

Hoy desayunando en mi celda unos exquisitos bagels de salmón, me vi en el   noticiero, éste es interrumpido para dar la noticia de última hora donde hubo una balacera, hay muertos colaterales, como siempre, pero esta vez entre los muertos colaterales estaba la licenciada Aurora.

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

28 DE AGOST DE 200

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