LA ÚLTIMA PALABRA

–¿Perdóname papá? –dijo las últimas palabras y colgó el auricular.

Un impacto ahuyentó a los  pájaros que como alfileres, estaban en  los cables. Solo a ellos. En el interior de una casa, un revolver se desprendía de la mano aún latente de una persona joven y de su boca como un monocorde, su gemido expiraba.

Pronuncio un nombre de mujer un par de veces, en su rostro el dolor era indescriptible. El lado derecho de su cuerpo bañado en sangre. Veía borroso las  imágenes enfrente y en su postrero esfuerzo dio un giro al lado opuesto. Ahí la encontró.

Su débil mirada se aclaró un segundo para descubrir a la mujer boca abajo inerte, la distancia era corta pero su situación vital acotaba su mirada y aliento.

 Los recuerdos tornaron las imágenes junto a: Elisa, la amiga, la novia…su todo.

Estaban en el último  de la preparatoria. En los años anteriores no sabía de ella, por lo general sucede así, no todos llegan a conocerse. En frente del plantel escolar una pequeña cuchilla albergaba un frondoso árbol de flamboyán y un confidente manchado con figuras de grafiti. Ahí, Ernesto esperaba el timbre de entrada desde el inicio del curso.

La vio descender de un automóvil no lujoso, y despedirse de una persona un poco vieja. Lucia unos Jean ajustados, zapatos tenis de color, blusa pegada a su esbelta figura y reteniendo su cabello a la altura de los hombros un lazo claro. Batallaba con el aire rebelde vespertino que venía acompañado de nubes grises. Esos distractores la hicieron voltear el rostro, fue la primera  mirada.

Después de dos semanas de verla llegar, una tarde se encontraron a la hora del descanso. Las pocas bancas dobles estaban al tope. Estuvo de píe unos minutos con su torta y su refresco de cola en mano. A pocos pasos de él, estaba aquella mujer vestida de azul y tocada, con una pañoleta multicolor.

Se acercó por detrás y en un momento ella,  sintió sobre su hombro una palmada. Le señalo un espacio limpio bajo un árbol y con su mejor sonrisa  acepto.

Prosiguieron los encuentros en otros entornos. Habían tomado carreras diferentes pero uno de los dos, siempre tenía algo de qué hablar. Llevaban ya tres meses cuando aceptó su propuesta. Ser  su novia.

Fueron los mejores días de ambos. El amor se escurría por sus poros, y el futuro comenzó a proyectarse. ¿Celos? No conocían su significado, como todos quizás lo tenían.

¿Y, sí. Es parte del sentimiento que experimenta una persona? –decía ella, cada que  encontraba su rostro demasiado hosco.  

Lo denso del hilo formado por los dos, iba muy tenso. Como aquella tarde, que llegó por ella a su escuela. La vio rodeada de algunos amigos sonrientes, hasta ahí bien todo. Pero sintió su sangre arder, en el momento que uno de ellos la tomó por la cintura.

Aquel reclamo paso de las palabras diminutas, a  roces y  ojos enrojecidos en él.

Hay temporadas que vuelven nostálgicos a los seres, y lugares señalados con catorce cruces  que tienen final. No era la primera ni la segunda ola de violencia cuerpo a cuerpo, las manos han sentido la piel y su sangre.

Los celos en él, como una novela indiferente, ni buena ni mala.

Se aisló de los cercanos amigos en innumerables ocasiones, para no mirar mutar en Ernesto, esas células cancerosas que lo hacían verla como un objeto propio. Cierta noche de compromiso en casa de ella, se imaginó que la entrega de ambos en la suavidad de la noche lo cambiaria.

Fue un pacto fiel sin palabras, tan solo, las que pronuncien sus labios.

Encendió un cigarrillo, mientras ella, desnuda, se dirigió al baño. La esperaba en la cama  y veía consumirse su cigarro. Un celular vibró con el viento. Era, el de Elisa. Lo había dejado sobre el buró  de la cama. Mostraba un mensaje.

Cuando retorno junto a él, su mirada se había transformado, era el de otros días…los celos regresaron, ¿Y, ahora porque? –se preguntó.

Miró su celular en el suelo. Él, se levantó bruscamente  en silencio, bajó a la cocina. Al descubrir la causa se puso de píe y comenzó a vestirse para alcanzarlo. Lo vio de espaldas, mirando la ventana que da a la calle. Una sensación de miedo le irrito la piel, parecía pegada al piso…

La última escena  en su mente, lo llevó al presente.

 Donde la parte final que contemplo fue, como su plasma en caudal se unió al de Elisa…su amiga, su novia, su todo.

FIN.

José  García.

Agosto/2020.

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