DESDE OXCUTZCAB TE CUENTO

TEMPLE

─ Profesores, necesito que alguien me ayude a redactar un “apta” (acta) ─ dijo el Comisario Municipal, parado en la puerta del cuartito que rentaba uno de los compañeros, donde nos encontrábamos platicando, estableciendo relaciones, pues éramos puros profesores nuevos de distintos estados. Junto con otros tres compañeros, fuimos de los últimos en llegar a esta zona escolar por la cuestión de lejanías, pues a nosotros nos aventaron literalmente de una esquina a otra de la República, de manera que, con estas reuniones vespertinas después de laborar, nos íbamos conociendo.

Ni tardo, ni perezoso, uno de los paisanos, pienso que, para quedar bien, soltó sin ambages y tranquilamente: ─ Tranquilino tiene muy buena letra (o sea yo) y así resolvió de manera ágil el compromiso.

─ Lo espero en media hora en mi casa profesor, no se dilate para que no se nos haga noche ─ sentenció.

De manera que, sin darme tiempo de defenderme, quedé comprometido para esta primera actividad oficial – social. Más o menos los compañeros me dieron unos tips de cómo se redactaba estas cuestiones, aunque en la normal habíamos manejado documentos similares. Me despedí del grupo y pasé a mi cuarto por una pluma atómica por si acaso. Llegué a la casa del comisario y vi dos mulas ensilladas, atadas a un pirul que se encontraba en la puerta. “Tiene visitas” pensé. Llamé a la puerta y me contestó una muchacha de mi misma edad que era una de mis alumnas en la secundaria por cooperación donde comencé a trabajar.

─ Buenas tardes profesor, pase usted. ¿Quiere un café? ─ me dijo muy amable.

─ ¡No hay tiempo! ─ Gritó el comisario, papá de la muchacha, asomándose a la sala donde me encontraba de pie todavía ─ Espero que sepa montar ─ me dijo viéndome a la cara y fue la segunda vez que se me bajó toda la sangre a los pies; la primera fue quince días antes, cuando nos dijeron que para llegar a este sitio teníamos que viajar en avioneta, por ser el único medio de transporte.

─ Nos vamos al rancho “La limonaria” que está a tres horas de aquí, vamos a levantar el “apta” del asesinato de un joven de hoy  por la mañana. ¿Ya ha montado en mula? ─ me cuestionó, y me dijo que el camino era muy escabroso y estos animales son los que brindan más seguridad para no desbarrancarse “pa’ abajo” y repasé que lo único que había montado en mi vida era una vieja bicicleta y un becerro que luego, luego me desmontó entre un montón de buñigas ─ Nomás dos balazos le dieron ─ me aclaró como si nada y fue la tercera vez que se me bajó la sangre a los pies, pues el único cadáver que había visto en mi vida fue el de mi abuelo y eso de lejecitos.

Pienso que muchos de ustedes han cabalgado en mula, y saben que lo único más feo para viajar después de ella, es en burro. Pues ahí vamos, para que negarlo, a pesar de ser una bestia muy mansita, le tenía yo temor, por ser la primera vez en mis diecinueve años de vida que me subía a una cosa de estas, y los zangoloteos, que dejé de sufrir, hasta que me dijo el comisario que me moviera al ritmo del animal para no caerme. Llegamos a una veredita donde me indicó que nos apeáramos, porque hasta para las mulas era peligroso y fue cuando entendí cuando dijo que me apurara para que no se nos hiciera muy noche y más en ésta, que estaba negra como ella misma y sólo llevábamos dos lámparas de pilas, ahora sí, para iluminar la oscuridad, como dice una canción de Roberto Carlos.

Llegamos como a las diez de la noche, al cadáver ya lo estaban velando en lo que fue su hogar, pues en esos sitios tan remotos y en esos tiempos, no había nada de Fiscalías Generales. A duras penas nos dejaron revisar al occiso, bueno, lo revisó el comisario, y yo sólo apuntaba lo que me iba diciendo: “ balazo a un lado de la frente que le salió por atrás”, yo apunté (para que vean que sí sabía) el proyectil penetró por la sien derecha y salió por el parietal derecho) y así, con lo que dijeron los testigos, levantamos el acta, donde se apuntó, al último, que los responsables de este hecho fue una pandilla de facinerosos, comandados por el “tres dedos” que traía asolada a la región, pues ya le habían robado caballos al mismísimo ejército y eran duros y crueles. Total, como a las doce de la noche emprendimos el retorno, porque nadie nos invitó a quedarnos a pasar la noche, claro que era comprensible. Ya se imaginarán como regresé molido, pero con material para contar a los compañeros. Dicen que así se templó el acero, vayan ustedes a saber.

¡Ah! se me olvidaba, sí, si se me bajó la sangre por cuarta vez cuando nos dijeron de la banda del “tres dedos” que aún merodeaba por esos lares.

Oxkutzcab, Yucatán, segunda semana de agosto de cuarentena 2020

Profr. Fco. J. Tejero Mendicuti.

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