EL ÁNGEL (JOSÉ GARCÍA)

EL  ANGEL

Por: José García

La luz fue entrando por la ventana  y unas alas en sutil descenso opacaron a la noche. EL aire de la madrugada se impregna en sus labios, su piel, sus manos.

 Estando de frente, mi aliento la despoja de la sabana que le cubría  y  mi mano, se deslizó de la cabeza a sus pies sin tocarla.

Un presentimiento quizás le irrito la piel y anticipo su despertar…

Bajó las escaleras, puso agua para el café. La mañana fresca en primavera, una de tantas cosas raras de la naturaleza – pensaba — cuando el sonido de la tetera recogió su mirada.

Un golpe a la puerta lo entorno, el periódico llegó puntual como siempre. Sintió  frio, miro sus pies descalzos por lo que se recostó en el sofá. Voces llenaron el exterior, eran de los chiquillos que van al colegio, seguirá  el camión de la basura y  los demás en un día común –agrego.

Llegó más temprano que de costumbre al trabajo. Marcó el número de su casa…colgó enseguida. Se peinó con sus dedos, aguanto la respiración unos segundos.

Las horas transcurrieron sin novedad. En el trayecto, se detuvo en la vinatería a unas cuadras de su casa. Pidió el vino de siempre, se despedía –el ayudante mando saludos de más  –antes de encender el motor miró dentro del negocio, el dueño, viejo conocido de ella regañaba a su  ayudante.

Dejó las bolsas del supermercado sobre la mesa, sacó la botella de vino que está al tiempo, se sirvió una copa y mientras lo bebía encendió la consola de música. Sacó un pedazo de queso Gouda que acompaño con un rico trozo de pan fresco.

**

El insomnio parecía acortarle la noche. Las vueltas en la cama la impacientaron, bajó a la cocina, en un descuido y pisa  al gato que regresó  después de todo el día vagabundeando. Encendió un cigarrillo en la oscuridad, volvió a irritarse la piel, esta vez sintió le tocaran la ropa, los brazos…el cuerpo.

Se replegó junto a la escalera, en cada espiración de su cigarro el humo parecía difuminar un rostro. Sintió temor, subió a su cuarto. Uno de los retratos  en la pared se desprendió y en el aire lo cacho. Era ella, en  la imagen.

Buscó una pastilla para tranquilizarse en el botiquín del baño, su respiración  agitada empaño  el espejo. Abandono el cuarto,  se sentó en el borde de la cama, sobre el retrato. Lo tomo en sus manos para luego abrigarlo a su pecho. Enseguida, algo místico le hizo experimentar el contacto de un alma en momento presente.

“Sintió unos labios y  una voz  lejana  que le susurró  al oído: nuestro amor es como el viento, no puedes verlo pero si sentirlo”.

**

La lluvia golpeteaba en los cristales, cuando abrió los ojos. Era una mañana llena de luz y sonido de pájaros que desfilaban en el cielo. Se dirigió al baño, su rostro enseñaba otro matiz. Bajó la misma escalera y recorrió los retratos enfilados en la pared, ahí estaba  él.

Se sirvió el café de cada la mañana, solo una taza. Entreabrió la puerta principal tomo el periódico de hoy, era sábado, no tenía trabajo. Mientras se enfría su bebida lee su horóscopo que decía,  “el amor puede doler, es lo único que nos hace sentir vivos”.

Busca  la fotografía de Enrique, que está sobre la chimenea de la sala, la trae consigo, ojea la nota del reverso: Mantenemos este amor en una fotografía donde nuestros ojos nunca se cierran.

Sonrió y acepto que él, se encuentra en un mejor lugar, como un ángel.  Y la cuidará  siempre…

José  García                                             Agosto/2020.

FIN.







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