DESDE OXCUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

logo oxkutzcab

INSOMNIO

 

No sabía yo con certeza si era un sueño o la realidad, pero el temor que me daban los perros desde niño, era el mismo que estaba sintiendo en este momento. Lo que me hizo saber que era un sueño dentro de mí mismo sueño, fue que el perro me habló, caminando como un humano, pero no pude comprender lo que me dijo sobre “cacahuates” y entonces abrí los ojos. Automáticamente vi la hora en el celular, marcaba las dos con dos minutos, dándome cuenta de que había dormido y soñado por escasos dos minutos; reposé de nueva cuenta la cabeza en la hamaca, refunfuñando el haber despertado ahora que había comenzado a conciliar el sueño, “hubiera dejado que siguiera hablando ese condenado perro” pensé.

Esta era la cuarta noche que me la pasaba en vela, cosa que no me ocurría cuando estaba en activo, salvo aquella ocasión cuando se me bajó la presión a causa de las desveladas, pero eran desveladas por actividades y no de “a gratis”, (de oquis, dicen en el norte) como las de ahora. Recuerdo que cuando trabajaba doble turno, contaba únicamente con quince minutos para comer al medio día, pero prefería dormitar ese tiempo: “me despiertas en quince minutos” le decía a mi hija, nomás ponía la cabeza en la almohada y me quedaba profundamente dormido; cuando me despertaban me sentía como nuevo.

Pero ahora era diferente, me acuesto, apago la luz y comienza mi cerebro a repasar mil cosas: proyectos, anti proyectos, problemas, soluciones. Trato de seguir un método que había visto en las redes, que era la de relajar el cuerpo parte por parte, pero resulta lo mismo, por potenciar toda mi atención para sentir si ya se me relajaron los músculos de la cara, para seguir con los hombros, y si no, a comenzar de nuevo. También  poner la mente en blanco, tengo que pensar que no pensaba nada, ¿y cómo es nada? Si hasta para pensar en nada tienes que poner a funcionar tu cerebro; intento también tararear una canción, pero recuerdo que luego se me convierte en una obsesión y no se me quita de la cabeza ni de día, ni de noche, como esa romántica que dice: “Tu retratito, lo traigo en mi cartera…” Total, que ya llevo como les dije, cuatro noches sin el buen descanso nocturno, lo que ya comienza a preocuparme.

Tomó mi celular, para ver si las notas de las redes me ayudan a conciliar el sueño. Veo, que al igual que yo, hay varios desvelados, pero no me conectó con ninguno. Sólo lo soporto cinco minutos, pues me arden mucho los ojos. Apago el aparato y cierro los ojos y me dispongo ahora sí, a dormir. “Mañana antes de que caliente el sol, corto la yerba del jardín, después voy a la carpintería por el cortinero… no, mejor termino el cuento que tengo comenzado, después le hablo a mi hija por teléfono, después… ¡ya no pienses!” pienso con desesperación. Comienzo a atribuirle a la edad y sus “achaques” la causa de este insomnio, pues de salud, tanto física como mental me siento perfecto; tampoco se lo puedo atribuir al estrés, soy jubilado, sin obligaciones más que la de vivir y tratar de vivir bien, pero acá estoy con los ojos pelones que amanecen más rojos que los de algún drogadicto trasnochado. Prendo de nueva cuenta el celular para ver la hora, constatando que apenas las dos con treinta, sintiendo la desesperación de lo lentas que pasan las horas cuando no puedes dormir, tanto como los días esos que se hacían eternos para que llegara la quincena.

Y es que cuando estás en vela, se escuchan ruidos por toda la casa; hace un rato, escuché que se movió el tanque del gas, me levanté apresurado para asomarme a la ventana del pasillo y vi que era un gato, un enorme gato amarillo que me vio parsimoniosamente con la luz verde de sus ojos; apago la luz, regreso a la hamaca y pienso: “mañana antes de que caliente el sol, cortó la past…” y me remuevo enojado por estar pensando lo que ya había pensado. Pienso en leer, pero el ardor de los ojos no me lo va a permitir, mejor me levanto a dibujar, ya hacía mucho que quiero hacer el boceto de un mural maya para pintarlo en la pared de la sala;  comienzo por buscar papel y lápices, revuelvo el cajón de la mesa de trabajo, pero cuando levanto la vista, tengo al mar enfrente que me salpica de espuma salada, y  desesperado, cubro mi cámara fotográfica para que no se moje y recuerdo que cuando sueño con agua, es porque tengo urgencia de ir al baño, urgencia que me hizo abrir los ojos y, ya francamente molesto, me levanto, enciendo el celular para ver la hora que marcaba las cuatro con cinco minutos, voy al baño, desaguo, me lavó las manos y me asomó a la cocina para investigar que fue el ruido que escuché en la estufa; no encuentro nada y voy a asomarme por la ventana para ver que tanto ladran los perros, después abro la puerta, salgo y observó la calle solitaria y silenciosa, cubierta con una delgada capa de neblina. “Qué bueno que ya mero amanece”, pienso al ir a sentarme a la sala, para hacer un recuento de cosas que me estaban afectando y buscar la ayuda de un sicólogo, aunque no creo fielmente en la efectividad de sus tratamientos. ¿Acaso le temía a la oscuridad de la noche? No; de niño sí, pero trabajé en sitios donde la luz eléctrica era un milagro irrealizable. No, no le temía a la oscuridad, pero no entiendo por qué cuando clarea la mañana me duermo profundamente hasta cinco o seis horas seguidas, por lo que desayuno al medio día, como a las ocho de la noche y ceno a la una de la madrugada. Como los niños recién nacidos, tengo mi horario por completo volteado. Es cierto que despierto relajado, pero dejo muchas cosas por hacer, debido a que cuando ya no tengo sueño ya se está acercando la noche, y comiénzala tensión, el nerviosismo que ahora sí me preocupa.

Hoy por la tarde fui a consultar a un doctor, un amigo, para explicarle mi situación que comienza a alterarme los nervios. Después de la revisión de rigor, me vio a los ojos y con una sonrisa cansada me dijo: “Es la cuarentena compa, ¡la cuarentena!, yo también estoy pasando por lo mismo”.

Bueno, la cuarentena pues y va pa´ largo.

Oxkutzcab, Yucatán, segunda semana de agosto en cuarentena 2020

Profr. Fco. J. Tejero Mendicuti.

 

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s