DESDE OXCUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

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PERDIMOS LA BATALLA

 

Vino muy temprano al que teníamos como jefe; vino para ver si tenía listos mis pertrechos para el acontecimiento de la tarde – noche, que fue el horario acordado con el enemigo para el encuentro. Constató satisfactoriamente mi avance, sobre todo en lo de los proyectiles que eran los más importantes y checó también mi arma y la que llevaría como repuesto.

─ Álvaro tiene una que puede disparar dos proyectiles al mismo tiempo ─ me dijo, no sé si para picar mi orgullo o porque realmente era un avance en nuestro armamento, porque no entendí el motivo de ese informe. Toda esta plática la realizábamos con sigilo, porque cerca de nosotros se encontraba una autoridad superior y por cuestión de logística, no era conveniente que se enterara de nuestros planes.

─ Bueno, me voy, no se te olvide: a las seis en el atrio de la iglesia ─ me dijo dando la media vuelta. Continué con mi tarea, muy concentrado, hasta que me gritó mi mamá.

─ ¡A qué horas piensas comenzar a “jalar agua”, luego se te hace de noche ─ y sí, cuando se oscurece es casi imposible ir por el agua, debido a que el terreno vecino donde se encuentra el pozo está muy lóbrego, ¡pues ni modo! Dejé la fabricación de proyectiles, agarré la soga, los tres baldes y ahí voy a sacar quien sabe cuántas cubetas de este pozo de veintidós metros, para llenar todos los aperos y trastos donde almacenábamos agua para todo el día. Y lo hice apuradamente, pues todavía me quedaba un buen trozo de liana (acá le llamamos bejuco) dónde sacar tacos para el combate de hoy por la noche. Y es que los que vivían del lado Oeste del mercado, nos habían retado a los que vivíamos en el lado Este a una batalla de ligazos, teniendo como proyectiles estos tacos de liana que muy temprano fui a cortar a la orilla del cerro, y es de una clase muy flexible y a la vez maciza. “Nada de alambres” habíamos acordado en las pláticas previas, donde el acuerdo principal era que el grupo que perdiera, tendría que pedir permiso a los ganadores para poder jugar en el parque; acuerdos vanos, pues cuando los jóvenes mayores se ponían a jugar “encantados” o “tamalitos a la olla” o al “trébol”, nosotros teníamos que estar abusados de que no nos fueran a atropellar y no nos daban “chance” de jugar con libertad. Cabe aclarar que, los dos ejércitos, constaban de cinco elementos cada uno; Ya habíamos tenido un encuentro, donde salimos empatados, pues ambos grupos terminamos con la mayoría de los elementos llorando. Recuerdo que di la idea de que nos armáramos con viejas tapas de ollas como escudos, de manera que íbamos confiados de alcanzar la victoria, pero nos aventajaron: ellos construyeron un armazón con una lona, que sostenían dos y los otros tres tras ella pues estaban más seguros.

Terminando con lo del agua, finalicé también con lo de los tacos: una bolsa de papel (todavía no se contaminaba el pueblo con plástico) con cerca de cien tacos y, entre mis armas, una secreta que armé con una horqueta, pequeña y delgada, pero muy resistente. Me bañé y le avisé a mi mamá que salía para el parque.

─ Antes ve a comprar azúcar y regresando revisas el gallinero, para ver si entraron todas las gallinas y lo cierras muy bien, además tienes que cenar, ¿cuál es el apuro?, espero que no se estén peleando como antier, que por un poco más y le sacan el ojo al hijo de doña Nemecia ─ me dijo viéndome directamente a los ojos y le contesté: ─ No, como cree.

Apurado, pues se acercaba la hora y yo con cosas nada militares que hacer, me apresuré para ir a la tienda y en el camino me encuentro al jefe y me dice que no se va a poder tener el encuentro, pues a los hermanos Fernando y Álvaro, no les dieron permiso de salir hoy, pues los castigaron quien sabe por qué. (A mí se me hace que les dio miedo) y a Julián, pues sencillamente no lo encontró (éste fue el del ojo; le atinaron, su mamá se llama Nemecia).

─ Ni modo que entremos nosotros dos solamente ─ me dijo, pero note cierto aire de alivio en su voz ─ lo que sí ─ agregó ─ tenemos que presentarnos para informarles a los enemigos. Y ahí vamos, perdedores de una batalla que ni siquiera comenzamos, tal como nos dijo en historia, nuestro profe de cuarto, que le pasó a Antonio López de Santa Ana, quien perdía batallas sin pelear, y no perdía sólo batallas sino pedazos de la Patria. Cuando les dijimos al otro grupo, luego, luego comenzaron las burlas, pero nos retiramos dignamente, sólo que nunca supe quién de ellos me sorrajó un ligazo, que todavía me duele en mi orgullo, bueno, no precisamente ahí.

Oxkutzcab, Yucatán, primera semana de agosto en cuarentena 2020

Profr. Fco. Javier Tejero Mendicuti.

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