SE PUSO DE MODA(POR: JOSÉ GARCÍA)

tarjeta de jose garcia

 

 

En el umbral tropezó con el escalón y, ¡pum!, se fue de bruces contra el suelo. Su sabucán salió volando con todo el contenido dentro. Elena, dejó de abanicar la hornilla para ir en  ayuda de su hijo.

–¡Muchacho atarantado, mira nomas que golpe¡

Sin borrar en su rostro la felicidad, Fidel, se levantó como de rayo y mientras iba juntando sus cosas   mostraba sus libros nuevos.

–¿Solo faltó el de matemáticas?  Dice el maestro que en una semana llega –le dijo a su madre.

Ya  pausado en su entusiasmo ojeaba sus hojas. Los olía, los acariciaba con delicadeza recostado en su hamaca. Casi nunca recogía los platos y limpiaba la mesa, pero esa vez , ¡hasta brillo le saco¡

Tomó su sabucán donde guardaba su lápiz, tajador y lo demás. Como el pétalo de una rosa recién cortada saco el libro de español y se sumergió a navegar en sus imágenes.

Elena, lo observaba sonriente mientras enrollaba el estambre en la diestra, sentada en su banquillo de madera.

La tarde se iba anunciando en el trinar de los K’aues. La brisa nocturna, silenciosa jugueteaba su largo cabello grisáceo, esos momentos sin palabras le reinventaban la vida.

Tanta felicidad tenía que compartirla pero el estado anímico de él, atrajo su atención. Dejó  en el piso su bolsa de hilos y se le acerco.

–¿Pero hijo porque lloras?

Con sus pequeños dedos se limpiaba los ojos humedecidos en la tristeza. Su preocupación giraba en torno a sus libros. Con el entusiasmo que cargaba se le olvidó de forrarlos y el maestro era muy estricto.

A esa hora de la noche, las tiendas populares quedaban algo retiradas del pueblo. Elena, en sus pensamientos se vio desesperada también.

Jacinto, su esposo, aun no llegaba de viaje  y lo poco ahorrado era para la comida. Decirle eso a su hijo no podría. Es fácil derrumbarse  de tristeza a esa edad. No deseaba volver a los recuerdos de hace un año.

De pequeño comenzó hablando con tartamudez… le costaba trabajo hilvanar una palabra nueva. Sin embargo, conforme iba creciendo,  algunos métodos que le dieron resultado a la abuela conmigo los adopte.

“Hablar frente a un espejo imaginándote que estás charlando con otra persona”. —Cosas así –. ¿Y, vaya que resultó?  Solo  de esa manera  logramos que vaya al colegio.

Con pequeñas mentiras logré se acostara. En cada sorbo de mi café, recorría la casa buscando algo que me sacara del apuro.

El recuerdo me dibujo una sonrisa. En mis tiempos no había muchos libros, solo uno que traía de todo. Doña Clotilde, la de la tienda, con tal que la ayude en la limpieza de su casa  me enseñó a leer. La última tarde con ella cuando me despedía,  puso en mis manos aquel libro forrado con papel estraza.

Después de acordarse del ayer se levantó de la mesa y fue a buscar su libro debajo del colchón de su cuarto. Empolvado por el tiempo aun, sus  palabras que modelaron los relieves de la impresión se leen con claridad. Lo que lo cubría, se había desvanecido junto a los años  y las noches bajo las velas…

Cuando despertó lo primero que hiso  fue sacar sus libros del morral. Uno a uno, de esquina a esquina, de hoja en hoja los observo. Lucían más que nuevos de un color marrón. Cuando vio a su mamá parada detrás de él, no sabía si abrazarla, guardar sus libros…o desayunar.

Fue el primero en sentarse en su pupitre y en exhibirlos. Sus compañeros iban llegando, no dejaban de mirarlos, los que  estaban sentados alargaban el cuello cuando les quitaban visibilidad. Fidel, se sintió el más feliz ese día. Fue el único que cumplió.

Llegó a su casa dando brincos, asentó su sabucán en la mesa y de un salto llego a los brazos de su mamá, que tuvo que soltar el cubo con el alimento de las gallinas. Cuando término de contarle cada detalle, tanta dicha llego acompañada del sueño.

Antes que llegará la noche,  se dirigió al pueblo.

–¿Buena tarde don Pascual, vengo por el pan francés?

–¿Y, esta envoltura es nueva? –un pedazo de tela común cubría su pan.

–¡Ay, doña Elenita!  Hoy fue un día de locura. Fíjese usted que las mamás de los chavales del colegio vinieron a comprar “papel de estraza” que, para envolver… !Libros ¡

— ¿Y mis panes?  ¿Con qué? –estirando los pocos cabellos que le quedaban término diciéndole a su vecina.

Mientras regresaba a casa repetía en sí, que las buenas cosas se detienen en el tiempo, en el baúl del corazón para volver a ponerlas de moda.

 

FIN.

José  García.

Julio/2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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