EL LIBRO DEL DESTINO(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Cada quien su camino

Mientras Dug dormía en casa de su pareja sentimental, ella  —que despertó antes— vio el libro entre sus cosas. Intrigada por su aspecto lo abre y lee, pero algo la asusta: Se pone histérica; a gritos y golpes despierta a Dug, termina su relación con él y lo echa de su casa. Dug —aun con la resaca de la noche anterior— Sale poniéndose el pantalón, mientras ella arroja el resto de sus cosas a la acera, incluyendo el libro, y aporrea la puerta tras de sí. Dug se termina de vestir en la calle, recoge sus cosas y lleva el libro a una casa de empeños en el centro de Manhattan, ahí lo deja en prenda por unos  dólares. Confundido pero cínico y con algo de dinero en la bolsa; decide ahora dedicarse a buscar a “su hombre” —a quien deberá matar a sangre fría,  para ser aceptado en la banda de malvivientes—  olvidando por lo pronto sus quimeras amorosas.

Pasa frente a la librería de la calle Roosevelt, ve al viejo John a través de la vidriera, calcula el bajo riesgo que representa y decide que el viejo será su próxima víctima. Checa la hora de cierre del negocio para hacerle una visita al atardecer.

John recibe una llamada de la casa de empeños, le habla un viejo adepto de la Orden, dueño de la casa de empeños, para informarle que tiene el libro. John se pone feliz y hace arreglos enseguida; convoca a una reunión de la logia, para determinar el destino del libro.

A las 8:00 pm. Dug merodea esperando que salga el viejo para matarlo, ve que está con alguien y espera. John despide a Adán y se queda solo a cerrar el negocio; apaga las luces, voltea el letrero de abierto a cerrado, sale cerrando con llave y camina unos metros en la penumbra  del ocaso neoyorquino. Escucha pasos que se acercan tras él y se vuelve para mirar. Dug arremete como una locomotora contra él viejo, lleva un enorme cuchillo en la mano. John al ver el ataque reacciona, levanta la mano abierta con la palma al frente, moviéndola como si saludara a Dug; que llega corriendo, pero como a un metro de distancia de John, choca con algo invisible, es como un campo de fuerza que lo repele y sale volando por los aires, cayendo aparatosamente en la banqueta. Dug no entiende que pasó, pero furioso y bramando de ira, se levanta y vuelve a atacar a John como si quisiera hacerlo pedazos; John levanta la mano nuevamente describiendo ahora un arco frente a sí y Dug vuelve a volar por los aires, cayendo como fardo y queda inmóvil en el suelo. Alguien que pasaba, vio el infame ataque contra el viejo y llamó a la policía, que llega corriendo casi enseguida, encontrando al joven fachoso y empolvado en el suelo con su arma y lo arrestan. John explica que lo atacó, tal vez para robarle, pero que al parecer resbaló, fallando su propósito.

Al día siguiente Adán se entera del ataque, se congratula que John está bien, y le comunica su decisión de salir de viaje a Europa a visitar a los padres de Eva, para hacer los preparativos de su próxima boda. John le da sus parabienes por la decisión y les desea la mejor de las suertes. Adán y Eva compran sus boletos y salen rumbo a Paris en el lujoso avión Concorde.

Mientras tanto Ron —el negrito pillín— decepcionado de su situación económica y familiar, vaga triste sin rumbo por el barrio, nota una multitud y una gran carpa que no estaba ahí el día anterior y se acerca para ver, al llegar lo invitan a entrar a la reunión. Es de un grupo religioso que estará varios días en la ciudad, predicando las buenas nuevas del evangelio de Jesús. Hay un grupo musical y un coro de jóvenes que cantan antes de la predicación.  Ron se siente  como en el cielo, se conmueve y llora tocado por el mensaje del predicador, así que animado invita a su madre y a su hermana a las siguientes reuniones.

En camino a la estación de policía, esposado dentro de una patrulla, Dug amenaza a los oficiales diciéndoles que no saben con quién se meten y otras pavadas de novato. Al llegar lo meten a un separo donde lo tienen cocinando por muchas horas. Adolorido y con las piernas engarrotadas, lo  sacan, lo fichan y clasifican como peligroso; es enviado al pabellón de delincuentes de primer ingreso. Lo recibe una Celadora negra, gorda inmensa y mal encarada, que le pide que se desnude y se pare frente a la pared. Lo revisa y le ordena que se meta a las regaderas a bañarse y que regrese por ropa. Entra chiveado a las regaderas y del interior detrás de unos lockers, le salen cinco tipos con caras de asesino  que caminan contoneándose como bailando con la música. Uno de ellos carga una inmensa grabadora a todo volumen.

— ¿Mira nomás lo que tenemos aquí? —dice el más feo de todos—

— ¡Carnita nueva para almorzar! —contesta otro cantando con la música—

Dug se voltea y pone en guardia para defenderse, sin creer lo que está ocurriendo.

  • ¡Ay! ¿No nos vayas a rasguñar gatúvela? —parodia otro—
  • ¡Ahora vas a ver lo que es bueno “nenita pedorra”!

Lo rodean, trata de defenderse tirando algunos golpes sin éxito entre sus burlas, y mientras uno lo distrae, otro lo agarra por detrás, se le abalanzan y lo sujetan; lo golpean para bajarle los humos y ya ablandado, se lo acomodan y abusan de él uno a uno. Los gritos de auxilio de Dug son apagados por el sonido a todo volumen de la grabadora, que toca una monótona pieza de Rap.

Los agresores desaparecen después de consumada su fechoría y lo dejan tirado bajo la regadera con la llave abierta. Después de un rato, la Celadora asoma por la puerta y le gritonea mientras le arroja una toalla encima — ¡Te dije que te bañaras estúpido, no que te quedaras a dormir en la regadera, levántate, que no tengo todo el día para atenderte! Dug se levanta adolorido, se seca y regresa con la Celadora, que de mala gana le da un paquete con cobijas y ropas a rayas para que use mientras esté internado. Se viste y lo llevan a su celda. Al pasar, los internos le chiflan, le tiran piropos obscenos y ríen burlándose de él. No los voltea a ver siquiera, pero sus voces ya le suenan a preludio de tormenta.

Continuará

Cuento by Yoxi

29/07/2020

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