69(POR: JESÚS VARGUEZ)

FOTO OFIC CHUCHO

 

Eva se despojó del bikini rojo, lo doblo con toda delicadeza,  lo coloco sobre los otros bikinis. Y volvió a ser mía sin límites por dos horas

La conocí en una tienda de lencería, un día que me sentí atrevido, y quise regalar una prenda íntima a una compañera de la facultad de psicología; donde estudiaba el quinto semestre. Ella se acercó con una sonrisa y un contoneo que me atrapo como el zorro a una liebre coja. Me sugirió varios modelos y colores. Estaba tan cerca que podía aspirar su perfume de Avon y ver el valle de sus senos. Aunque no era la gran belleza tenía un cuerpo que atraía miradas.  Le comente que era estudiante y que rentaba un departamento a escasas dos esquinas de la tienda de lencería “seducción”. Donde ella trabajaba

En media hora salgo. Espérame en tu cuarto me ordeno. Y yo le obedecí. Ese día me dejo el primer bikini sobre la mesa, antes de guardarlo lo olía. Me hechizaba el olor a nuevo y a ella.

Hacer el amor con Eva era un despliegue de alegría, sensualidad e instinto. Conversábamos poco, solo lo necesario para los detalles de la próxima cita. Venia una vez por semana. Jamás quiso que la llamara con el nombre del gafete que colgaba de su blusa. Para mí era Eva.

Un domingo la vi caminando por el centro de la ciudad, colgada del brazo de un hombre, y tomando la mano de un niño. Paso junto a mí y no volteo ni mostro el mínimo nerviosismo. En la siguiente cita llego igual de apasionada y alegre, no hizo mención de nada. Yo lo respete. Uno más de sus bikinis quedo como recuerdo.

Cada una de nuestras sesiones sexuales, se transformaban en una experiencia única, jamás pronunciamos la palabra amor. Tampoco la palabra adiós. Sin embargo lo nuestro tenía un sabor a plenitud, a todas las emociones de la piel desbocadas como una manada de caballos salvajes y libres.

Un día no volvió, y supe que jamás volvería. No hubo dolor ni vacío. Solo la sensación de haber probado el paraíso y sus placeres. La única evidencia de que realmente sucedió son los bikinis. Fueron 69 semanas, 69 bikinis con olor a nuevo y a ella.

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