ENTRE EL DÍA Y LA NOCHE(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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Estos días han sido de mucha tensión, nuestros clientes vienen a sacar sus copias y quieren todo rápido.

El trabajo diario se ha repartido entre Navarro y yo, tenemos dos compañeros enfermos, no podemos contratar personal nuevo, así que nos avisaron que no modificaremos nuestros horarios, yo no soy rajón, le propuse a Navarro que sea él quien escoja su horario: día o noche, escogió de día, así que yo trabajaré desde las seis de la tarde hasta el amanecer, a darle duro.

Al llegar esta tarde, había clientes esperando sus trabajos, ahora se trabaja mucho desde casa, debía entregarle a un joven las copias e impresiones de un libro de ciencias, a mí me gusta eso de las ciencias, la física, química, cosmografía, los astros, desde la secundaria quedé enamorado de estas materias, pero no pude seguir estudiando porque tenía que empezar a trabajar, sin saber porque, leía cada que podía.

Atendí a un maestro del tecnológico, necesitaría varias amplificaciones, me contaba de sus experiencias dando clase de cosmografía, distancias de los astros con la tierra, el sistema solar, me mostraba fotos nuevas de júpiter, del sol y la luna, que cosa más maravillosa son los astros.

Cosas que realmente me dejaron pensando, si tantos astros hay en el sistema solar y en toda la galaxia, ¿qué hacemos nosotros aquí abajo?

El maestro me dejó un libro para que yo leyera.

—Toma Chucho me dijo, cuando venga por mis trabajos me devuelves el libro. Muy buen tema el cosmos, muy interesante — le dije.

En mi trabajo se habla con mucha gente, todos te enseñan algo nuevo, gente muy amable que siempre te quiere compartir sus experiencias.

Ya sin personas para atender, me dediqué a los pendientes, mi deseo era terminar para sentarme a leer el libro de cosmografía que había estudiado en la preparatoria en 1973, hace más de 40 años.

Pero que en aquel entonces no comprendía y no podía dedicarme a estudiarlo como ahora.

Me preparé un cafecito y me dispuse a leer, al abrirlo me topé con esta foto, entre el día y la noche.

Al quedarme viendo la foto cual fue mi asombro, era yo quien estaba sobre la isla, mirando el sol y la luna.

Empecé a ver mi vida desde niño, las cosas que hice y las que dejé de hacer, lamentaba mucho haber dejado la escuela, la isla se empezó a mover, se elevaba sobre el nivel del mar, la palmera se movía con nosotros, todo se veía desde arriba muy pequeño.

Entre el día y la noche estaba yo, moviéndome hacia arriba.

No sentía miedo, me pude parar y ver el infinito, hablaba con las nubes, me contaban que pronto llovería, me acercaba a la inmensidad del sol, sentía su calor, pero no me quemaba, me explicaba porque arde tanto, hemos cortado los bosques, le hemos hecho daño al planeta, todo era claro y radiante, cuando pasé la palmera, ahí estaba la noche, la luna era inmensa y me contaba sus amoríos con el sol.

Me senté en el borde de la isla, miraba la inmensidad de nuestro mundo, como lo hemos matado con tanta basura, La luna empezaba a darme soluciones, como que quería perdonarnos.

De pronto un reflejo muy fuerte entró por mis ojos, me cegaba, le pedí al sol que pare, que sus rayos me dejarían sin ver, me llevé las manos para taparme los ojos, y unos truenos me dejaban sordo.

Eran las linternas de unos policías que hacían su ronda nocturna y me afocaban, llamaban mi atención con su silbato.

De pronto reaccioné, los saludé y empecé a leer el libro.

 

 

 

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

17 DE JULIO DE 2020.

 

 

 

 

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