ITZÍA DE LOS KOKOMES(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

 

Era una insoportable noche de calor húmedo y de mosquitos, inmóvil en la semi penumbra de su choza, Akbal recordaba con tristeza a su esposa, cuanto la amaba, su débil cuerpo no soportó el parto, muriendo juntas ella y su hija.

 

Viudo y solo en su otoch* en medio de la selva del mayapan, aviva la fogata y se queda mirando el jugueteo eterno del fuego. En eso escucha afuera unos pasos que se acercan, coge su machete, una tea para alumbrarse y se asoma con cuidado a la ventana; encontrándose de frente con una espantosa bruja, sucia, mal encarada y con los pelos parados, que le hace estremecer hasta los huesos del susto; esta lo mira con ojos desorbitados como echando chispas y haciendo un siseo de víbora. Akbal retrocede a la defensiva ante la inesperada aparición de la mujer, que  emite ahora un rugido de jaguar y va retrocediendo lentamente con las manos al frente como garras, como si quisiera rasguñarlo, hasta que desaparece en la oscuridad de la selva.

 

Akbal queda pasmado unos segundos, sale y tropieza con una canasta de mimbre que se encuentra frente a la puerta. La alumbra y se queda en  silencio, luego oye el canto del búho y como el llanto de un niño. Tea y machete en mano, con el corazón casi saliéndose del pecho revisa alrededor de su choza sin encontrar más amenaza. Recoge la canasta y ya en el interior la revisa. Se trata de una niña de pocos días de nacida  envuelta entre harapos mugrientos.

 

¡Por Zamná! —Exclamó Akbal— ¡Esto no me puede estar sucediendo! Revisa a la pequeña con cuidado para ver si no está lastimada y constata que se encuentra  en buen estado de salud; solo le mira algo extraño, una quemada pequeña en su nalguita como un glifo en forma de caracol.

 

La niña  con la manipulación parece que se pone de buen humor y al verlo a la tenue luz empieza a sonreír, hace ruiditos como queriendo platicar. Mira que linda estás princesita —le dice— mañana iré a buscar a tu madre, como se atreve a dejar a una niña tan linda aquí en mi puerta.

 

Al día siguiente después de bañarla y cambiarla, sale al pueblo a preguntar si alguien sabe del paradero de la madre, pero a nadie parece importarle ni saber nada al respecto.

Así que regresa a su choza y mientras le da de comer, sus pensamientos divagan y decide quedarse con ella, en el fondo se siente contento de no haber encontrado a la madre y poder conservarla; ella será la hija que me robó la muerte y regresó a mí, y nadie me la va a quitar —concluyó— De ahí en adelante su vida cambió radicalmente, la responsabilidad y la compañía de la chiquita le hicieron sentirse feliz. La llamó Itzía, que significa princesa en maya.

 

Así pasaron unos años, Itzía creció convirtiéndose en una hermosa niña, que aunque hablaba muy poco, era muy risueña y le amaba dulcemente, alegrándole la vida.

 

Un día llegó hasta su puerta una mujer vieja y sucia,  al verla se asustó, así que la interrogó cortante: ¿Qué desea señora? Nada señor no se moleste conmigo, solo le pido un poco de agua para una pobre vieja, le dijo. Sin embargo su mirada era inquieta y le incomodaba, parecía que quería asomarse al interior de su vivienda y de su alma a la vez. Emparejó la puerta, le trajo el agua, y mientras bebía, Itzía inocente asomó a la puerta para ver quién era, retrocediendo asustada al verla y ocultándose enseguida. La mujer al verla le brillaron los ojos. Akbal presenció todo pero calló y permaneció firme. La mujer terminó de beber y agradeciendo con exageradas reverencias el agua se retiró.

 

Pasó el tiempo y Akbal e Itzía vivían felices,  la niña se hizo una linda jovencita y cuando cumplió 16 años, se presentaron a su puerta unos extraños visitantes, eran  emisarios de Taxmar el cacique de la zona; venían en un grupo constituido por una mujer muy bien vestida y de noble aspecto, un sacerdote, un escribano, un capitán y varios guerreros mayas a sus órdenes que rodearon la vivienda. ¿Es usted Akbal Kokom? Le interrogó el de mayor rango. Sí señor. ¿Y es cierto que tiene una hija llamada Itzía? si señor contestó Akbal en tono humilde. Pues queremos verla. Para esto Itzía ya estaba detrás de él escondiéndose. Tranquila hija, los señores solo te quieren conocer sal, temblando Itzía se mostró, la mujer noble al verla sonrió, se le acercó tomándole de la mano y a una orden suya los soldados sujetaron a Itzía, la mujer hábilmente le levantó el hipil y la revisó con cuidado, encontrando la extraña marca que tanto le intrigara a Akbal desde el día que la encontró. Es ella y es doncella afirmó la mujer.

 

De inmediato el capitán le informó a Akbal que se la llevarían con ellos, que  la joven era  una princesa perdida y que habiéndola hallado, debía regresar ahora al palacio de Taxmar donde pertenecía, que el gran cacique de los kokomes le recompensaría generosamente por haberla cuidado. Ella en adelante vivirá ahí, junto con otras doncellas hasta el día de su boda le dijo el hombre terminando de hablar. ¡Por Zamná! —Pensó Akbal— ¡Esto no me puede estar sucediendo! y mirando atónito a la mujer reconoció sus ojos, si, era la bruja de aquella noche. Impotente ante las circunstancias, descorazonado se le acercó y le preguntó en tono implorante ¿Con quién casarían a Itzía? ella solemne le contestó que probablemente con el Dios Chaak, pues hacía meses que no llovía.

 

 

*Casa

 

 

Cuento by Yoxi

Julio 1o. de 2020

Día de pandemia

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