HAGANME EL FAVOR…(POR: JOSÉ GARCÍA)

tarjeta de jose garcia

 

Observó desde varios ángulos el balanceo de sus amigos. En la línea imaginaria busco las partes en hundimiento para contratacar. Tomó todo el aire disponible y mucha carrerilla para su vuelo.

En el otro extremo, con su espalda apoyada en la pared y sus ojos saltones, trataba de imaginar si resistirían. Colocados en posición doblado el tronco, agarrándose fuertemente las extremidades inferiores y con la cabeza entre las piernas de la persona que está delante,  se alentaban unos a otros.

“El juego brinca burro”, era uno de los más populares en la escuela. Muchos varones, con tal de impresionar a las guapas chicas que se reunían a echar porras, en una sonrisa fingían toda valentía  aunque después sintieran como acordeón su cuerpo.

–¡Pedro, sacúdete para que caigan! –eran los gritos del que hacía de “poste”, al ver como sus compañeros se iban venciendo  por tanto peso.

Dispersos en el suelo, entre risas y burla los vencidos se levantaron sin buscar los rostros femeninos. Una vez más fueron derrotados por los de quinto grado.

El corto camino de la escuela a su casa fue insuficiente para analizar por décima ocasión la caída. Subió a su cuarto, se recostó  en la cama con sus pies levantados, apoyándolos en la pared. Tenía a la gente gorda del colegio– pero se derrumban  frágiles como un castillo de arena, pensó –. El cansancio lo dejo dormido.

Antes que abrieran el colegio se reunió con el capitán del equipo que los había vencido. Pagó lo pactado, quince tortas de ensalada rusa sin cebolla y el último número de la revista “Condorito”.

Dio la vuelta para dirigirse a su salón de sexto grado pero se detuvo un instante y antes que se alejará su adversario le grito: !Mañana voy a recuperar todo lo que te he pagado…¡

En el recreo cito a Pedro, Juan, y a Fidel en el área de los columpios. Ansiosos por saber que se traía en mano, lo buscaban por todos los rincones del entorno. No lo hicieron mucho, pues lo vieron llegar con dos a quienes les decían: ”el  pecas” y  “largo”.

–¿Bien amigos, ya los conocen verdad? –señalándolos les dijo.

El “pecas”, no media más de 50 cm. Delgaducho, ojeroso y de manos grandes que opacaban su color claro. Era del cuarto grado y  quien lo mirase no daría un peso por él.

“Largo”, cuatro centímetros más que el “pecas”, de  delineados  brazos y pantorrillas, sus lentes de intelectual lo hacían ver peligroso. A pesar de tenerlo como compañero de grado, nunca lo hubiera considerado parte del equipo excepto por el gran plan que traía.

Fidel sacó una bolsa de charritos de entre su ropa y mientras lo degustaban, pararon oído.

A quien le llamaban “largo” tomó la palabra. Mientras les explicaba sus debilidades se miraron unos a otros sorprendidos – !Por eso, no aguantan y son el hazme reír¡   Desde ahora — siguió hablando –debemos hacerlo paso a paso sin la menor distracción…escuchen bien.

Antes de separarse término diciendo: ¿Recuerden, la clave está en Rebeca?

Cuando sonó el timbre de salida se reunieron en el punto que acordaron. Ya los del equipo contrario se habían juntado. Los que seriamos “postes” nos acercamos para echar el volado de inicio. Nos tocó resistir primero. Justo lo que queríamos.

Ya en posición y antes del primer salto de los contrarios, le susurre a quien seguía de mí no olvidaran la clave. Este  al siguiente y así  hasta Pedro, quien era el último. Veía sonrisas en sus rostros y pensé, ¿hoy recupero mis cosas?…pero chasco, eran para las chicas que llegaban.

Faltaban tres segundos para ganar el primer punto. Hicimos lo acordado, cuando “pecas” sitio que su espalda iba cediendo gritó: ¡cambio!. Enseguida Pedro, que  tenía sobre de él menos peso,  dejó su sitio y se colocó de rodillas debajo del pecas como una cuña. Sorprendidos, los cinco adversarios dispersos en el lomo de mis amigos se desconcentraron cayendo  uno a uno como moscas fumigadas.

Hicimos “team back” antes de los saltos. El “pecas” sería el último, no corríamos riesgo, habría espacio suficiente si y solo si, nos aplicamos según el plan.  Aguantando los movimientos oscilatorios del enemigo, nos creímos  vaqueros sobre el toro mecánico.

La resistencia de los contrarios y sus nuevas estrategias, hacían que pareciéramos  camellos de dos jorobas que suben y bajan en cada ladeo. Yo, estaba sobre Juan y Fidel, y desde ahí  busque a “largo”  quien brilló  por su ausencia.

Parecía que diría a dios a mis revistas de Batman, porque cada vez  el suelo se acercaba a mí, o yo… a el.

Iba cerrando los ojos cuando un concierto de chiflidos llamó mi atención. Una chica con cabellos color de elote, piel blanquecina y de un contoneo sensual, se acercaba a los jugadores. Se detuvo frente al grupo de chicas ahí reunidas que al verla de frente,  sus gestos denotaron  asombro.

Seguidamente, como un edificio que se  derrumba en un movimiento sísmico, uno a uno, los del cuarto grado cedieron  y nosotros sobre de ellos. ¡Ganamos!

Regrese de cobrar la apuesta. Los demás habían hecho migas con la güera aparecida, un eco de risas lo confirmaba. Estaba de espaldas. Le pregunte si “largo” la envió  y si lo había visto.

Cuando de su  pecho, fuertes y contrastes sonidos dijeron:

¡Sí!. ..!Somos primos ¡

Luego entonces, sin perder su glamour, pero si su — pe-lu-ca –se me quedo mirando. Era “largo” quien se disfrazó de la tal Rebeca, a quien  jamás conocimos pero era parte del plan.

Desde entonces el cuarto grado ya no quiso  jugar al  brinca burro — ¿que por qué hacemos trampa?.  Háganme el favor.

 

FIN.

José García.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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