DON VIOLI(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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Nací en un pueblito llamado Mascota, al oeste del estado, en la sierra occidental. Mi pueblo es uno de los 125 municipios en que se encuentra dividido el estado mexicano de Jalisco. Es una zona boscosa, llena de enormes pinos, robles y encinos.

Desde muy niño acompañaba a mi padre al bosque, recolectábamos madera, me enseñó a buscar y seleccionar la mejor de las maderas porque hacíamos instrumentos de cuerda frotada, violines, violas, cellos y contrabajos. En el pueblo le apodaban Don Violi.

Él como su padre y el padre de su padre fueron los más reconocidos fabricantes de instrumentos en todo el estado. Aprendí de mi padre a fabricar mi propio violín y a tocarlo.

Tuvimos navidades en donde mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre, tocaban sus violines. Tendría unos 4 años cuando empecé a tocar el violín, es un verdadero arte.

A mi madre le gustaba mucho escucharme, siempre me alentaba, serás un gran violinista Andrés, me decía.

Ella padecía una rara enfermedad, así que acostada en su cama disfrutaba todo el tiempo mí música. Nunca vi a mamá fuera de su cama, o no lo recuerdo.

Una tarde llegó a casa una invitación para que yo me presentara en el teatro Degollado, el más importante en Guadalajara. A diferencia de mi padre y abuelo, salí del pueblo, tuve giras por los más grandes y famosos teatros en todo el país.

Les comuniqué a mis padres que me había unido a una orquesta, la más importante, actuaríamos en Bellas Artes, sería mi primera noche como el primer violín. Un gran orgullo para mí, un joven salido de un pueblito de la sierra occidental que antes de hablar el español ya tocaba el violín, uno fabricado por mí mismo, con mis propias manos.

Fue todo un éxito nuestra presentación, estuvimos de gira por la república varios meses. Tocaríamos en diciembre hasta el 22, yo regresaría a mi pueblo a ver a mis padres.

Esa navidad tocamos el violín como era la tradición, ahora mi bisabuelo cumplía 95 años, solo sostenía el violín, mi abuelo, mi padre y yo tocábamos.

Esa misma navidad falleció mi madre, me quedé a los servicios, vi a  mi padre devastado, yo debía de viajar a Madrid a una presentación como solista, mi padre me dio un violín nuevo hecho por él. La peculiaridad de éste violín nuevo es que adentro decía Andrés 4.

Yo le dejé el mío, el que había fabricado siendo un niño, y adentro decía Andrés 1.

Ya sin mamá, le pedí a papá que se diera un tiempo y viniera conmigo, que pasáramos un tiempo juntos, ahora yo tenía posibilidades para invitarlo, estaría tocando en varios teatros de Europa, tenía un contrato por cinco años, pero no quiso salir del pueblo. Paseamos por el bosque, recuerdo ese aroma a pino, roble y encino, como olvidar mi amado pueblo, donde fui tan feliz.

Triunfé como solista y como primer violín en la orquesta de España, viajamos por varios países, le enviaba postales de las ciudades en las que nos presentábamos, fotos de los teatros, pero nunca me respondía a mi apartado en Barcelona.

Ésta sería mi última presentación, el 20 de diciembre regresaría a mi pueblo, pasaría la navidad ahí, le avisé a papá de mi regreso.

Al llegar a casa ya ni la reconocía, toda caída, derrumbados los muros, la puerta hecha trozos, no había nada, era un baldío.

Me presenté con las autoridades, la gente del pueblo me aplaudía al verme, se sentían orgullosos de mí. Yo preguntaba por mi padre, pero nadie sabía, el alcalde me dijo que había perdido el sentido de la vida, que vagaba por el pueblo. Me dediqué a buscarlo sin encontrarlo.

A la mañana siguiente me fui de poblado en poblado por todo Jalisco, como dije al principio 125 municipios, en algún lugar debe de estar, de niño llevábamos violines a muchos pueblos, así que lo conocían en varios.

Mi estrategia sería pedir permiso en cada poblado de tocar el violín en la plaza, creyendo que al oírme mi padre, se acercaría.

Visité Tlaquepaque y no lo habían visto, me fui a Zapopan, el alcalde me dijo que estuvo vagando por ahí pero que no lo habían vuelto a ver. Viajé a Tonalá, estuve en Lagos de Moreno, empezaba a desesperarme, pegamos sus fotos en todos lados, visitaba casas de ancianos, hospitales, pero no tenía respuesta. Avisé a la Orquesta que éste mes no me presentaría por problemas familiares, y seguí mi búsqueda. Nada es más importante que la familia.

Viajé a Guadalajara, me entrevisté con el alcalde, pegamos carteles por todos lados, papá era conocido, fue famoso por la fabricación de violines. Pedí que me organicen una presentación a beneficio de las fundaciones para mayores desaparecidos, el teatro lleno, fue un éxito.

Al salir, caminé por las calles, me dirigía al kiosco por un café, había un tumulto, alguien tocaba el violín, se me erizó todo el cuerpo.
Esa forma de tocar sólo podía ser de mi padre, con lágrimas en los ojos corría para abrazarlo. De pronto dejó de tocar, había policías intentando apresar a un pordiosero y el perro que le acompañaba les ladraba y no les dejaba acercarse al viejo.

Me apresuré y pregunté: ¿De qué le acusan?

De tocar en la vía pública sin permiso y robar éste violín.

Deje ver, le pedí al policía.

¿Porque cree que se ha robado éste violín?

Porque este viejo no tiene dinero ni para mantenerse, de donde va a tener dinero para éste violín—me dijo.

Éste viejo pordiosero como usted dice, es mi padre, el violín es mío, adentro tiene mi nombre, Andrés 1.

 

 

 

 

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

JULIO 10 DE 2020.

 

 

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