DESDE OXKUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

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CONFESIÓN

 

─ Ave María Purísima… (Silencio), Ave María Purísima… (Silencio).

Se asomó el sacerdote buscándome.

─ Qué, ¿no te vas a confesar?

─ Sí padre, pero no sé cómo se hace.

─ Uh!, pues vas a tener que regresar cuando sepas.

─ ¡No padre! Soy el que se casa hoy por la noche.

─ Pues desde cuando no te confiesas criatura ─ me dijo con un tono que no me gustó.

─ Desde que hice mi primera comunión hace un titipuchal de años ─ le dije.

“Y es que la primera comunión la hice de manera exprés, pues mi madre se enteró que venía el Obispo de visita y me regresó a la doctrina de donde ya me habían corrido otras veces. Lo bueno era que había otros más grandulones que yo, y éramos casi todos los niños y adolescentes del pueblo, la mayoría rezagados, pues generalmente se toma este sacramento siendo niños, pero las mamás querían aprovechar la llegada de tan ilustre personaje”.

─ Nomás porque tengo gente esperando te voy a ayudar, repites lo que yo diga ─ sentenció de manera tajante, recriminándome que al parecer nunca escuchaba misa como buen cristiano.

“Claro que no, después de la primera comunión, si asistí a tres misas de manera voluntaria, fue mucho, en parte debido a que desde muy temprana edad comencé a cuestionar esto de la religión, por no comprender el por qué, si mi familia seguía todos los cánones católicos, además mi casa, a pesar de humilde, era una casa de puertas abiertas para cualquier persona, además de que nuestros padres nos enseñaron a portarnos respetuosos, amables y más dones, no podíamos salir del estatus de la pobreza. Mientras que otros, émulos del chamuco, llevaban una vida holgada en la cuestión económica”.

─ Yo pecador…

─ Yo pecador… Etc.

“Lo que vino a colmar el vaso, inclinando mi sino hacia el ateísmo, fue cuando el entusiasmo por la llegada de los juegos mecánicos, mis once años de edad me llevaron a la cancha municipal, aquella que se encontraba entre el mercado y la iglesia, para ver como armaban esos portentos de alegría. Ahí estaba reunida la tropa y armamos los equipos para jugar a los “encantados”, y las carreras, y el entusiasmo, y el sudor, y la cáscara de plátano que hizo me fuera derecho, con la nariz por delante, al duro cemento. La sangre, el dolor, el llanto y las risas de los del puesto que vendían refrescos cuando fui a pedir un pedazo de hielo, para calmar el dolor y me lo negaron (Aún vive esa persona a quien por algún tiempo odié, pero ya no). Luego, la súplica, hincado a las puertas de la iglesia, para que se me quitara la hinchazón, el dolor y que no se dieran cuenta en mi casa. Toda súplica fue en vano”.

─ Bueno, ahora dime tus pecados.

─ ¿Cómo padre?, ¿De uno en uno, con detalles, por categorías?

“Cuando llegué a mi casa, la nariz semejaba una pelota morada. Siempre quise tener una pelota morada. Lo primero, fue el regaño de mi mamá, luego la curación naturista con la naranja agria, la sal y la recomendación ─ procura que no te vea tu papá, pues si te ve así, a los dos nos va a ir como en feria ─ de manera que encontré un pedazo de tela, terlenka azul, me acuerdo muy bien, y cuando veía venir a mi papá, me tapaba la nariz y la boca, fingiendo ser un asalta diligencias del viejo Oeste. Pienso que fui el inventor del “cubre bocas” muy de moda ahora, pero no sabía nada de patentes en ese entonces”.

─ Ah! Que la… Yo te preguntó y tú me contestas sí o no.

─ Sale padre, así es más fácil.

─ ¿Te gustan los juegos de azar?

─ No.

“Claro que los sé jugar todos, en el internado de la escuela normal, aprendimos muchas cosas extra que nos iban a servir en la vida, pero ¿jugar como vicio? No. Después de media hora de cualquier juego: dominó, póker, billar, me fastidio y como decía mi padre: comienzo a hacer caballadas”

─ ¿Te gusta tomar alcohol?

─ No.

“Ciertamente a los quince años probé mi primera cerveza, pero eso de que le guste a uno, bueno… sí, pero no se puede por el trabajo y más el de uno que es en la escuela. Por eso, no. Le iba a decir que tomaba más él; no me arriesgué ya que me estaba ayudando en esto de la confesada, si no, no me podría casar”

─ ¿Has robado?

─ No.

“A menos que cuente como pecado de robo cuando el panadero se descuidaba y no sé por qué artes brincaban unos panes hasta adentro del sabucán que llevaba ex profeso, o los mangos que bajábamos en terrenos que no eran nuestros, o aquella gallina que junto con los amigos despescuezamos con las resorteras y asamos una tarde cualquiera. Creo que no cuenta. No.

─ ¿Te gusta ir donde las “mujeres malas”?

─ ¡Ah, caray!  No.

“¡Uyy! Aquí hasta me sonrojé. Apelo a mi derecho de guardar silencio, por ser asuntos muy personales y que pueden herir susceptibilidades. Sólo aclaro que eso de “malas” lo dijo el sacerdote, ya que sabemos que las religiones (todas) no aprecian muy bien a las mujeres”.

Y así continuamos por espacio de un buen rato; él sacando todos los pecados del Vademécum bíblico y yo negando. Cuando finalizamos me dio una penitencia, que, aunque usted no lo crea, me hizo sentir cierto orgullo. Me dijo: “¿ves aquel Santo que está en ese nicho? Es San Bartolomé, nuestro patrono; vas y lo bajas y te subes en su lugar, pues me saliste más santo que él”

Satisfecho fui y recé un padre nuestro que aprendí cuando contestaba en los rosarios que hacía mi madre. No soy tan ateo…creo.

Oxkutzcab, Yucatán. Primera semana de julio en cuarentena 2020

Profr. Fco. J. Tejero Mendicuti.

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