PESCADO A LA VERACRUZANA(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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No nací en Veracruz, pero para mí, yo era de aquí, Veracruzana.

Una ciudad tan linda, como muchas de nuestra república mexicana, llena de historia, hermosas avenidas, calles con casitas de colores mirando al mar, un mar azul que ruge como un enorme monstruo cuando se pone bravo, o que sus olas tienen un lindo son cuando está tranquilo, ese azul que me lleva la mirada hasta el infinito, se une con el cielo, rodeado de grandes y blancas nubes que se van corriendo con el viento, o se quedan sobre nosotros para formar figuras.

Como les dije, yo no nací en Veracruz, pero viví gran parte de mi infancia y juventud en este maravilloso puerto que recuerdo tanto por su belleza como por sus aromas.

Después de bailar al ritmo tan movido de las olas, reírnos a carcajadas llenas de sal, en un maravilloso atardecer, al caer el sol, tirados en la arena, buscando animales o formas diversas en las blancas nubes hasta que descubrí que te veía en esas inmensas nubes.

Cuando mis dedos toparon con tus dedos y nos apretamos de las manos, en ese momento me di cuenta que no éramos niños, ahora ya no, ya somos más grandes, sentí que mi corazón se movía más de prisa, tu mirada en mí te delató, la sentí en todo mi cuerpo, se nos fue la inocencia y volvimos al mar,  nuestras risas fueron atardeciendo igual que el día, nos abrazamos, me besabas, mil veces me dijiste que me amabas…

La señorita, ¿que pedirá para comer?

Respondimos juntos: Pescado a la veracruzana.

Y reímos, recordando miles de momentos divertidos.

¡ Qué rico aroma, a comer ¡

Durante muchos años, preparamos este guiso juntos y nos prometimos montar un restaurancito con guisos de la costa.

Llegó el día en que te alistaste en la marina, todos reunidos para verte partir en ese inmenso barco, lleno de banderas, colores, marinos uniformados que subían y bajaban mientras tú te despedías con un dulce beso, prometiéndome que regresarías, que volveríamos a estar juntos disfrutando el mar.

Mi vida fue pasando sin saber de ti, días, meses, yo entretenida con diferentes actividades.

Por las tardes caminaba en el malecón como si te esperara.

Regresaba a “La Rubia “a comer pescado a la veracruzana, su aroma me acercaba a ti, contaba los días de tu regreso.

Una mañana de febrero, anunciaban un fuerte huracán que entraría al puerto, venía del caribe con fuertes lluvias y rápidos vientos. Nos obligaban a dejar nuestras casas, a desalojar.

Nadie se podía quedar, nos advertían del peligro que pasaríamos al quedarnos. Con mucha pena y tristeza decidí empacar, guardar lo poco que tenía, cerré puertas y ventanas, tomé mis cosas de valor y salí, no sabía hasta cuando regresaría.

El huracán llegó al puerto, destruyó cuanto a su paso encontró. La lluvia tardó días, nos quedamos sin comunicación, todo quedó inundado, nada servía, no había luz ni agua.

Por la gravedad de ésta situación en Veracruz, buscando playa, decidí dejar todo, viajar a puerto Progreso, pensando en darle un giro nuevo a mi vida, y poder recordándote siempre.

Me establecí frente al mar, organicé un pequeño restaurante “Pescado a la veracruzana.”

La vida comenzó a sonreírme nuevamente.

El puerto es muy bonito, un gran malecón que camino por las tardes al cerrar el restaurante, el sol, la brisa, las blancas nubes, ese azul imperdible del mar, de la belleza de los atardeceres, el viento fresco, como si me abrazaras, todo me recordaba a ti.

Averiguaba constantemente si ya el puerto en Veracruz estaba recibiendo embarcaciones, pero la respuesta negativa me entristecía cada vez.

Un día escuche a los lugareños decir que llegaría un barco de la marina.

Me fui hasta el muelle para informarme, pegaría el sábado por la mañana, tenía la esperanza de verte, pero no te encontré.

Dejé volantes de mi nuevo restaurante por todos lados, ofreciendo a los marinos guisos veracruzanos y comida del lugar.

Esa tarde de sábado al estar tan ocupada con mis clientes, la cocina, los servicios, escuché una voz que dijo:

_ Señorita, ¿Me sirve pescado a la veracruzana?

Sonreí, eras tú quien me había encontrado.

 

Ana Leticia Menéndez Molina.

Julio 2 de 2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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