DON LAURO EN BICICLETA(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Es domingo y Don Lauro se alista para un paseo dominical, como hace tiempo no monta en bicicleta, prefiere llegar hasta el paseo ciclista llevando su brioso corcel a pie, agarrado del manubrio. Llega a la avenida, es temprano y no hay mucha gente, lo cual lo pone de mejor humor pues es medio homofóbico. Se cala el casco protector, guantes, lentes oscuros tipo piloto y enfundado en una licra negra que le acentúa la panza y las piernas flacas, se acerca a la escarpa para montarse.

Arranca, titubea un poco con el manubrio pero finalmente se equilibra y enfila por la avenida. Su primer reto es parar en el primer semáforo que se pone en rojo, aplica los frenos y suavemente se detiene, bajando —como un experto— solo un pie para tocar el suelo, a su lado hay otros ciclistas domingueros. Inexplicablemente se empieza a ir del lado opuesto al pie que lo sostiene, pierde el equilibrio y cae levantando los remos al aire, aterriza sobre un pino de plástico anaranjado de señalización, estrujándose la espalda y la bici le cae encima.

En la esquina hay un par de policías que corren a auxiliarlo al ver su caída. Lo liberan de la bici y lo ayudan a incorporarse, él medio enfadado, se sacude las licras negras que ahora tienen un festón de tierra café claro en un lado. Agradece de mala manera la ayuda y agarra la bicicleta que alguien levantó del suelo y se la trajo; la toma del asiento y del manubrio, la levanta y aporrea varias veces haciendo que rebote como pelota sobre sus llantas de hule, la insulta en voz baja. ¡Me tiraste estúpida!

Trata ahora de montarse de a “angelito” pero se le resbala el pie del pedal, se golpea las partes nobles y se da un arañazo en la espinilla. Después de unas sentadillas disimuladas para agarrar aire y echarse saliva en la espinilla, acomoda los pedales y fingiendo que no pasa nada arranca de nuevo, la gente lo mira con asombro.

Parece que ya empieza a disfrutar el paseo, avanza un buen trecho sin contratiempos, llega al final de la avenida, da la vuelta a la glorieta, regresa y sigue pedaleando. Conforme avanza la mañana la gente se multiplica, tiene que esquivar gente una y otra vez.

Pasa a una familia que camina por la mitad de la calle tomando helado como si estuvieran paseando en la alameda, escoltan a un niño pequeño que entre grititos de júbilo monta un triciclo adornado con globos de colores, ¡Que estupidez! –Piensa– a quien se le ocurre hacer algo así ¡Son unos inconscientes!

Súbitamente lo pasan rozando dos muchachos por los lados corriendo a toda velocidad, como si estuvieran compitiendo en el tour de Francia, casi se cae del susto. Les manda una serie de imprecaciones mentales y piensa que tiene que ir más rápido. Así que empieza a imprimirle más velocidad a su jumento mecánico,  juega con los cambios hasta que encuentra la relación más cómoda para ir más ligero.

Va como un bólido cuando casi al llegar a la esquina cambia el semáforo a ámbar, y en vez de detenerse le da más fuerte a los pedales para ganarle a  la luz roja, el policía del crucero le pita y le hace un ademán con la mano para que se detenga, pero él lo ignora y sigue su loca carrera. Un automovilista distraído que miraba el semáforo listo para arrancar, no lo ve venir y se avienta al arroyo un segundo antes del verde, se le cruza enfrente a Don Lauro que ni los frenos mete; se estampa en el costado del auto y sale volando por los aires, cayendo como fardo en el pavimento al otro lado del coche. Se escucha un alarido ahogado de la gente, como de estadio de futbol cuando el Chicharito falla un penal.

Queda noqueado en el suelo, se acerca una mujer policía y otro policía que pide ayuda por radio: ¡Atención atención central! ¡Favor de enviar una ambulancia al cruce de Reforma y Juárez! ¡Tenemos  un masculino de tercera edad que choca y cae de una bicicleta, se encuentra inconsciente! La mujer policía –que sabía de primeros auxilios–  lo acomoda boca arriba para que pueda respirar, le desabrocha el casco y la casaca justo cuando el vuelve en sí. ¡Órale órale! ¿Que se traen? dice alarmado buscando su cartera. Tranquilo señor no se mueva, ya va a llegar la ambulancia. Desobedeciendo la recomendación intenta levantarse de golpe, pero un dolor agudo lo dobla y le obliga a quedarse inmóvil en el suelo. ¡Ay, ya me desgracié el bobox! —Se queja—

Llega la ambulancia, lo levantan y se lo llevan; su mujer llega después al Hospital. Al ver su estado lo regaña, llora amargamente, se suena los mocos y se le queda viendo con los ojos rojos y moviendo la cabeza en forma negativa.

Un par de días después lo dan de alta y su mujer lo lleva a casa, van todo el camino muy serios sin hablar, al entrar a la casa, en un rincón del garaje les da la bienvenida la bicicleta retorcida, él voltea a ver a su mujer, pero ella voltea para otro lado.

Ya recostado en su cuarto le dice, no te preocupes mujer, no fue mi culpa, ahora mismo voy a arreglar esto, ella asombrada lo ve tomar el teléfono y hacer su llamada: ¿Sí?, ¿hablo a bici azteca? ¿Sí? ¡Hablo para reportar una bicicleta que salió mala! La mujer sale del cuarto azotando la puerta.

 

Cuento By Yoxi

25 de Junio 2020

Día de Pandemia.

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