LA FIESTA DE GRADUACIÓN(POR: YOXI)

FOTO OFICIAL 2 DE YOXI

 

Susana terminó su licenciatura en arte después de cientos de horas de desvelo y de muchos sacrificios.

Con toga y birrete celebró con sus compañeros la graduación y después de la fiesta, decidieron ir un grupo a seguir el festejo, ahora a un Bar de moda.

Así que, con el pretexto de que se lo merecían, se dedicaron a embriagarse alegremente, como si fuera el tango de la última copa.

A media noche ya sin brújula y en medio de una nube de humo de tabaco, estupor alcohólico, luces  y música; se les acercó a la mesa un hombre joven, sobrio, bien vestido y bien parecido que  respetuosamente pidió permiso para sentarse con ellos a su mesa lo cual las muchachas celebraron ruidosamente. Después de algunas presentaciones superficiales, Susana se enteró que el susodicho se llamaba Adrián.

Tenía unos ojos azules pizpiretos que al punto le  llamaron la atención, él, detectando la afinidad se le acercó, le hizo plática y platicaron y brindaron hasta que la noche casi se hizo día.

El Bar cerraría en unos minutos –anunciaron– así que, entre besos, tropezones,  efusivas despedidas y frases incoherentes, salieron todos sin más al estacionamiento del lugar. Ahí fue donde Susana se enteró que el amigo que la llevó en su coche, ya se había ido, y el tal Adrián no se veía en el horizonte. Como no tenía dinero para un taxi, decidió caminar. A medio camino la alcanzó Adrian en su auto que se había retrasado y paró junto a ella, abrió la portezuela y le ofreció llevarla, Susana aceptó. El manejaba un lujoso mercedes negro que ella supuso era suyo, el equipo de sonido sonaba sensacional y ella se quedó dormida por la música y el cansancio.

Súbitamente la despertó el silencio, el auto se había detenido a un lado del camino y él fumaba un cigarro que olía a yerba. Adrián al darse cuenta que ella despertó, le ofreció una fumada y ella se negó a fumar. Discutieron y ella levantando la voz le suplicó que la llevara a su casa inmediatamente; el trató de calmarla hablándole suavemente, la miró a los ojos, le acarició la rodilla y trató de besarla pero ella no se lo permitió.

El, fastidiado arrancó el auto, subió el volumen, tomó el camino y mientras manejaba insistió de nuevo con su mano entre sus piernas, ella se puso histérica. Le grito que se detuviera.

Como no le hizo caso, con el carro en movimiento, ella abrió la portezuela y se tiró afuera.

Dio varias maromas entre piedras y pasto, quedando tirada al lado del camino en extraña posición. Sintiéndose vejada, se puso a llorar amargamente. Adrián al ver esta acción dio un frenazo, regresó en reversa chillando llanta y se bajó a ayudarla, ella lo rechazó manoteando y gritándole ¡no me toques maldito! En eso estaban cuando la obscuridad se tiño de un rojo y azul parpadeante y una sirena policial sonó rompiendo el silencio de la madrugada. Se oyó una voz robótica que les ordenaba levantarse y poner las manos en alto.

Una luz intensa los encandiló y obedecieron. Se bajaron los policías y viendo la situación los esposaron, y los subieron a la fuerza a la patrulla aventándolos al interior, ella alegaba que la soltaran que él la quería violar y ella solo se había defendido, pero un policía enorme, espantoso le ordenó guardar silencio amenazándola con el ademán de darle una bofetada. El oficial que revisó el auto encontró un bate manchado de sangre, un enorme cuchillo y una cuerda de alpinista.

Adrián fue acusado por intento de feminicidio y Susana liberada posteriormente mediante una jugosa fianza. Cuando sus padres la tuvieron en casa, le recriminaron amargamente su conducta, pero perdonándola enseguida, se congratularon que no le había pasado nada grave.

Ya sola en su cuarto y recordando los sucesos de aquella noche, Susana se convenció que se había enamorado de Adrian; total nadie se muere por fumar yerba y ella estaba tan borracha esa noche que no lo comprendió, se asustó y se tiró innecesariamente del coche, concluyó. Él tipo era inocente.

Sin embargo la policía no pensaba igual, ya que investigaron y con lo encontrado en el auto se hizo sospechoso de varios feminicidios cometidos en ese y otros vecindarios del rumbo.

Ella después de reponerse un poco fue a verlo al penal, le pidió que la perdonara, le dijo que lo amaba y le prometió que se casaría con él cuando saliera, él incrédulo la miró pero le dijo que sí a todo.

Susana esperó varios meses hasta que le dictaron sentencia a Adrián; le dieron 60 años por un delito de asesinato comprobado y quedó a juicio por otros más.

Al enterarse de la sentencia, Susana se sintió tan mal que cayó gravemente enferma, la madre le insistía que hay miles de jóvenes en la vida con los que se podría casar, que no se podía dejar morir de amor por un maldito asesino serial que por poco la mata.

Como su salud se agravara, la internaron y le hicieron cualquier cantidad de estudios médicos y análisis clínicos para determinar su estado de salud, y al recibir los resultados los padres quedaron estupefactos, Susana padecía un raro tipo de cáncer muy agresivo y le dieron 6 meses de vida.

Cuento by Yoxi

Junio, pandemia 2020

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