CARTAS DEL TAROT(POR: ANA LETICIA MENÉNDEZ MOLINA)

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Con cierta frecuencia Adela venía a la lectura de cartas del tarot, los jueves a las 21:30 horas.

No era frecuente que yo diera este horario, en realidad solo a ella por su excelente pago.
Ella con un batón obscuro de tela sedosa como gasa, con brillitos que al caminar iluminaban la habitación, sus guantes tejidos con puntadas haciendo dibujos y cuentas de perlas negras, un largo velo gris brilloso que cambiaba de tonos de negro hasta gris claro, no se le apreciaba la cara, su velo le cubría, solo se veían sus verdes ojos.

El aroma de su perfume me dejaba muy nervioso, ésta mujer era todo un enigma.

Pagaba el equivalente a tres citas para que le dejara espacio antes y después de su visita, para no ser vista por ningún otro cliente.

Me preguntaba siempre ¿qué guardaría?

¿De quién realmente se escondía?

O más bien ¿qué es lo que quería que yo le dijera?

Así seguimos durante varios jueves.

Mientras yo barajaba las cartas ella cerraba sus pizpiretos ojos y movía su dedo menique izquierdo como si llevara el ritmo del ruido que hacían las cuentas obscuras de sus guantes.

Realmente era todo un ritual, fumaba una cachimba en forma de dragón con grandes ojos rojos, pero no sacaba humo, lo que me parecía que no la traía prendida.

Yo me concentraba en mi trabajo, y ella a escuchar.

Un jueves al tirar las cartas y al empezar a leerlas me interrumpió diciendo:

—He seguido al pie de la letra todo lo que me aconsejas, renuncié a mi trabajo, vendí mi carro, regalé a mi perro, acomodé todas mis cosas, pero ya estoy muy nerviosa, me siento desesperada, necesito tomar ya una determinación.  Siento que muero. Hoy solo quiero sacar cartas para que me digas si realmente el hombre que aparece en ellas es para mí.

—Sí, él te espera y está dispuesto a darte toda una vida llena de riquezas, amor, lujos, viajes. Disfrutarás al máximo, déjate querer. Tu futuro está resuelto, sólo tienes que ser amable y cariñosa. Él es un hombre que te ama. Quiere estar contigo y llevarte a un largo viaje.

—Pero está usted seguro, ¿me preguntó? ¿Es confiable este hombre? ¿Es cierto lo que dicen las cartas?

—Sí—, respondí, bajé la cabeza y seguí leyendo.

Me interrumpió con un suave beso de despedida.

Se levantó y salió sin esperar a que volteara la última carta.

Cuál fue mi asombro, ¡era la muerte!

 

ANA LETICIA MENENDEZ MOLINA

15 de junio de 2020.

 

 

 

 

 

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