LA NOCHE EN QUE EL DIABLO BAILÓ EN MÉRIDA(POR: LEANDRO DZUL CENTENO)

 

 

La historia tuvo lugar en Mérida, capital del estado de Yucatán – México, durante los días de cuarentena vividos en el año 2020 a causa del COVID19.

La juventud de esta ciudad tenía múltiples lugares en los cuales divertirse los fines de semana, sin embargo los antros, bares y karaokes eran los más concurridos por todo tipo de gente. Por esa misma razón se podía decir que todos se conocían entre sí y que socializar no era nada difícil.

Cuando la pandemia llegó a nuestro país en todos los estados se cerraron estos lugares de diversión. Así que a los pocos días las fiestas comenzaron a ser en casas al menos mientras la ley seca no había entrado en rigor.

Fue una de esas noches cuando un joven, quien era dueño de un pequeño local de eventos, decidió organizar una fiesta e invitar a sus amigos y gente que a discreción quisiera divertirse. Arregló el lugar de tal forma que con unas tarimas armó la pista de baile, puso globos de colores por todas partes y hasta llenó la piscina.

La fiesta comenzó desde las 10 pm. El lugar poco a poco se iba llenando de gente e incluso que de momento era invitada y llegaban con su cartón de cervezas o botellas porque lo que querían era divertirse. A las 12:00 am el ambiente de diversión estaba al máximo. La pista de baile estaba casi llena, la barra estaba abarrotada por los que les gustaban los tragos y socializar, y en la piscina se podían ver hombres y mujeres en bikini disfrutando del agua y algunos cuantos haciendo besos de tres porque la situación comenzaba a descontrolarse.

De pronto entró al lugar un hombre joven vestido muy elegante que llamó poderosamente la atención de todos. Era alto, de cuerpo ejercitado y llevaba puesto un pantalón negro con una camisa de vestir color rojo penetrante, zapatos que brillaban como nuevos y una elegante corbata.

El sujeto, que al parecer nadie conocía, se dirigió a la barra y comenzó a tomar unos tragos de cerveza. Estando allí hizo amistad con otro apuesto chico a quien invitó a ir a la pista. Éste no dudó en bailar con aquel joven y hasta comenzó a creerse por ser el elegido y ganarle e incluso a muchas mujeres.

Nadie recuerda con claridad el rostro del joven. La gente que estuvo en esa fiesta clandestina solo coincide en que se trataba de alguien que llamaba mucho la atención sin necesidad de mirarlo a la cara.

El baile fue algo raro entre los dos, a pesar que se veían finos y elegantes disfrutaron mucho de aquellas canciones de perreo intenso en las cuales de manera muy explícita daban a entender escenas sexuales y hasta tenían toqueteo.

A raíz de ese baile la fiesta se descontroló totalmente. Algunos que ya habían bebido bastante comenzaron a estar de impertinentes o a vomitar y en la piscina se observaban escenas de sexo entre varias personas. De pronto las luces del lugar se apagaron y la música se detuvo. Todos gritaron porque de la nada comenzaron a sentir mucho miedo y fue así que se escuchó el sonido de un trueno y el lugar se llenó de humo con un olor a azufre muy penetrante.

No pasó ni dos minutos de gritos y desesperación por saber qué estaba ocurriendo cuando la música y las luces regresaron pero ahora con un volumen ensordecedor y con un efecto cegador, además el humo aún no se disipaba lo suficiente. Algunos alcanzaron a ver que en la pista seguía bailando aquella pareja de jóvenes apuestos pero para entonces el que había llegado estaba descubierto de la cintura para abajo y se veía claro como su cuerpo eran las enormes patas negras de una cabra que terminaban en pezuñas. El hombre que había invitado a bailar al parecer no se podía percatar de ello.

Al no poder creer lo que veían muchos comenzaron a desmayarse y eran cargados por sus amigos para salir del local a como diera lugar. Pero antes que el sitio quedara totalmente vacío una gran bola de fuego inundó la pista y el sujeto se desvaneció dejando al joven tirado en la pista ya que finalmente se desmayó.

El ambiente regresó a la normalidad de un momento a otro. El miedo se les quitó a los pocos que quedaban y que también estaban yéndose así que decidieron ayudar al que había bailado con aquel ser. Al hacerlo reaccionar sentía mucho frio y preguntó qué había ocurrido, cuando se lo contaron dijo no acordarse de nada, que solo recordaba que estaba tranquilamente en la barra bebiendo y de pronto comenzó a sentirse mal sin poder decirle a nadie y perdiendo la consciencia en automático.

 

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