ALGO ASÍ (JOSÉ GARCÍA)

 

tarjeta de jose garcia 

Afirmaban que eran gemelos, cuando los veían juntos, no sabían quién era quien. Se llamaban, Adrián y Adriano, pero uno por su naturaleza fue bautizada como: Adriana. Comentan, que su padre nunca quiso criar a una mujer. Las discusiones con su esposa eran tanto, que la llevo a mejor vida.

Durante ocho años el secreto se guardó en el hogar. En el interior cada uno hacia lo que le plazcía, porque afuera, solo eran dos varones comunes y corrientes.

Eran idénticos en al andar, en el timbre de voz, el cabello…en fin casi en todo, a excepción de la mirada. Padecían de una anomalía en los ojos. Adrián, tenía el iris derecho café y el izquierdo azul. Adriana, lo contrario. Para Anselmo, padre de ambos, nunca hubo problema alguno en diferenciarlos, con solo pronunciar su nombre de pila, en ipso facto respondían.

La naturaleza fue benévola durante esos años. La complexión delgada en ambos mantenía el secreto. Los huesos y tronco en ella y la inescrutable repartición divina iban cambiando modales.

Anselmo, enfermó de gripe una tarde. Demoró en recuperarse y ello lo llevo a pensar en el futuro. “¿Me volví obstinado, o desafié a Dios?”, pensó.  Había crecido con la idea de que una mujer solo causaba problemas. Tenía pruebas para constatarlo; era el mediano de ocho varones en su familia, y por generaciones pura ropa de varón se vestía.  De los veinticinco primos del clan, ella en otras circunstancias sería la reina.

En tonta idea creía que la muestra en los ojos de sus hijos, era culpa de Adriana. “Cuando pequeña, no imagine encubrir tanto su apariencia”, se dijo Anselmo, pues verla correr junto a sus amigos como varón y sin importar que tan bruscos fueran los juegos, ella no sabía rajarse.

¿Cumplido diez años, los “gametos” de su naturaleza reclaman sus actos? Temprano más que tarde una voz en su conciencia le cobraría el presente.

De no haber pasado por la plaza esa tarde quien sabe que hubiera sucedido. Se dirigía a la cantina, ya con un píe adentro una voz conocida lo detuvo. Lo encontró: ¿Adrián o Adriano? …sentado de espaldas, jugando sonriente con una niña a las… ¡Muñecas ¡

¡Madre mía! Gritó como loco, desesperado, pensando en su secreto.

Cuando estuvo junto a ellos, miró los ojos de su hijo y supo quién era. Abrazaba una muñeca de trapo y sonreía. Lo tomó del brazo y se encaminaron a casa. No había visto pausadamente aquel rostro marcado ya de mujer, porque lo era. Pero la manera de su reacción lo dejó sin palabras.

Dejó que se desahogara en un rincón, tenía derecho a hacerlo después de todo.

Esa noche no durmió en su cama. Se amodorró junto a su hermano quien la abrazaba tiernamente. Se les quedó mirando unos segundos y la realidad era tangible: Es una bella mujer.

Cuando ella despertó, tendido en una silla, un hermoso vestido rosa se mostraba. Sus bellos ojos claroscuros dilataron una alegría oculta. Ya envuelta en esa dicha, frente al espejo una metamorfosis le cubrió y salió en busca de su padre quien la esperaba con un ramo de rosas frescas en mano.

La ceguera en su pensamiento le había nublado la dicha de saber que sus hijos tenían una cualidad. Pero el personaje femenino reunió todas las cualidades, belleza, bondad y ternura…

Ante la mirada de los parroquianos, al término de la misa, nunca se había sentido tan orgulloso caminando junto a ellos con las manos entrelazadas, sin importarle los murmullos. Algo así, le oí contar a mi padre…

 

FIN

JOSÉ GARCIA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s