DE PALOMA A XK’OOK’ITA(POR: RAÚL R. DZUL PAREDES)

foto Raul

La vio venir; acostumbrado porque desde siempre, ha formado parte de las tardes de ese tramo de la calle 24 de Zac Mutul. Su rostro, esculpido por la mano siniestra del tiempo, presentaba múltiples líneas profundas, mismas que habían hecho desaparecer los rasgos lozanos y atractivos que la mano diestra del mismo tiempo había dibujado en su juventud. Era la Xk’ook’ita*

Sus pies pequeños, descalzos y sucios, daban pasos cortos; a ratos parecía cantar o llorar y en otros conversar con una persona invisible. Todo indicaba que pasaría a completar su rutina cotidiana de ir y venir. Su ida era como apresurada y su retorno lento. A veces, emergían los impertinentes; adultos y niños que los imitaban, buscando molestarla, tan solo para divertirse.

Elio y sus amigos estaban sentados en rueda conversando sus ocurrencias. Descuidados alcanzaron a reaccionar cuando el bastón de la Xk’ook’ita, se estrelló en la cabeza de Elio. Pasada la sorpresa; estallaron de risa y burlas hacia el descalabrado.

Más tarde, apesadumbrado y con el molesto chuchuluco, no tuvo más remedio que buscar el apoyo de su madre, la cual acostumbrada a estos incidentes se dispuso a curarlo con naranja y sal.

—Chúpate esta mitad y déjame untarte la otra parte en la cabeza—, le ordenó, sin dejar de notar que algo más andaba en el ánimo de su hijo. Para cerciorarse le preguntó.

—¿Y cómo te hiciste tamaño chuchuluco Elio?

—Fue la viejita loca de la Xk’ook’ita. Sentado de espaldas a la calle y entretenido, no vi cuando regreso. Sólo sentí el golpe.

—Ah, fue Doña Paloma.

—¿Doña Paloma? Respondió extrañado el niño.

—Sí. Esa viejita loca, como tú la llamas y no deberías referirte a tus mayores así, se llama Doña Paloma.

—Yo he oído que personas mayores le llamen Xk’ook’ita—, insiste el niño.

—Son groseras o no saben la historia de Doña Paloma.

—¿Tiene una historia? —Preguntó extrañado el niño—, ¿me la puedes contar? —completo con interés.

—Bueno, de acuerdo—, afirmó la madre y se sentó en la banca, junto a él—. Escucha: Conocí a Doña Paloma cuando yo era una niña. Recuerdo su fiesta, de cuando cumplió 15 años; fuimos tu abuela y yo. Era preciosa, una muñequita de pastel, decían todos, porque era bajita, delgada, bien formada, tez blanca, de nariz pequeña y algo aguileña. De carácter alegre. Le gustaba bailar la jarana con su pareja de siempre, su novio Arturo. Pero cuando cantaba, irremediable todos callaban por el mero placer de escucharla.

—¿En serio, esta viejita que siempre anda descalza, fue todo eso en su juventud?, yo pensaba que así nació—, interrumpió Elio, asombrado por las palabras de su madre.

—Para nada, hijo. Siempre fue muy linda.

—¿Y entonces cómo acabó siendo Xk’ook’ita?

—Ah, déjame seguir. Como te dije, ella tenía por novio a Arturo, que según recuerdo era un hombre bien parecido, guapo, alto. Él vivía a dos y media cuadras de aquí. Donde actualmente viven los Dzib, sus parientes. Por eso era frecuente verlos pasar. Siempre de buen humor y enamorados.

A él, ya le daba por casarse, incluso se supo que los papas de Arturo fueron a pedir la mano de Paloma, pero la madre condicionó la fecha hasta que ella cumpliera 18 años. Un plazo de casi tres años.

—¿Son muchos?

—Pues tomando en cuenta que usualmente se fijaba hasta un año, parecerían muchos. Como eran jóvenes y ante la insistencia de la madre, todos aceptaron.

El tiempo pasó lento para los enamorados y volando para la madre de Paloma. Eso sí, irremediable se acercó. Pero justo una semana antes de la fecha y hecho todos los preparativos para la boda, la madre de Paloma, Doña Juanita, repentinamente cayó enferma. Por mucho que consultaron con varios doctores, ninguno alcanzó a determinar su mal. La madre de Paloma le hizo prometer a ésta que nunca la abandonaría mientras permaneciera enferma. La boda se tuvo que suspender.

Las malas lenguas comentaban que era una artimaña lo de doña Juanita. Que en realidad lo de su enfermedad era fingida. De hecho, sino fuera porque cada que le preguntaban por su salud, soltaba un sufrido llanto, nadie hubiera creído que estuviera enferma. Muchas veces escuche ese comentario entre tu abuela y las vecinas.

—¿Y cómo cuanto tiempo tardó eso?

—Algo así como 14 años.

—¡Eso sí parece mucho tiempo mamá! — Exclamó Elio.

—La cosa es que de manera imprevista Doña Juanita, sufrió un infarto fulminante del corazón, dicen que por tanta gordura y acostada todo el tiempo. Murió.

—¿Ya se pudo casar la Paloma?

—Bueno, para no dar lugar a chismes, pidió a su novio guardar un año de luto. Lo que él no pudo negarse, porque la adoraba. Dicen que dijo: “Total ya esperamos más”.

Durante un año, la paloma vistió de negro. Una semana después estaba programada la boda. La noche previa, como era costumbre, los amigos de Arturo le organizaron su despedida de soltero y lo propio hicieron las amigas de Paloma.

La boda religiosa se efectuaría al día siguiente, a las cinco de la tarde. Paloma se presentó puntual. Justo como se decía de ella: ataviada en un terno blanco, parecía una muñequita de pastel, ahora de boda. Todo parecía indicar que la espera otorgaría una bonita recompensa.  Pero conforme pasaban los minutos, aquella sonrisa feliz se empezó a tornar nerviosa. Los invitados, también se fueron contagiando. Nadie notó la llegada de uno de los primos de Arturo que se dirigió al padrino de la boda. Sólo vieron que se acercó a Paloma y le comunicó algo al oído. Su grito, caló las almas de los allí presentes. Yo no comprendía a cabalidad lo que estaba pasando.

—Y ¿Qué había pasado mamá?

—Más tarde me enteré por una plática entre tu abuela y tu tía de la horrible noticia. Arturo, que no estaba acostumbrado a tomar, presionado por sus amigos había agarrado una buena borrachera. Dicen que posiblemente, después de la farra, al despertar por la mañana sintió sed y se dirigió al brocal del pozo para tomar agua fresca. Muchos opinan que el cubo se cayó al pozo y que él trató de bajar a rescatarlo y que en el intento se resbaló y cayó al fondo. Lo cierto es que se ahogó sin la posibilidad de recibir ayuda, pues toda su familia se trasladó a la casa de Paloma para preparar la comida de la fiesta.

—¿Y cómo lo encontraron?

—Fueron sus primos que al ver que no llegaba a la ceremonia de la boda, fueron a su casa para investigar qué pasaba. Durante un rato lo anduvieron buscando por la casa y el patio, hasta que uno de ellos, al ver la soga desenrollada del pozo, se acercó al brocal para acechar y lo descubrió. Entre los primos lo sacaron, con la intención de salvarlo, pero fue inútil, porque hacía rato que estaba muerto.

—¿Y qué hizo Doña Paloma?

—Gritando su desesperación, salió disparada hacia la casa de Arturo. Nadie la pudo detener, en algún lugar perdió sus zapatos o los tiró para correr más rápido. Cuando llegó y lo vio acostado inerte; lo abrazó mientras le decía una manera muy queda: Despierta Arturito, despierta por favor cariño, despierta amor, es hora de casarnos. Por ratos parecía que le cantaba. Durante horas estuvo repitiendo lo mismo. Nadie se atrevía a separarlos. Hasta que pasado mucho tiempo, se levantó y con la mirada perdida se dirigió a la calle, rumbo a su casa. Caminaba, con esos pasos cortos que la distinguían, y comenzó a conversar con alguien, a veces en maya, a veces en español. Todos recordaron que era su modo de platicar con el novio.

A partir de ese día, su rutina la ha repetido sin falta.

—Mamá, ¿entonces desde eso se convirtió en la Xk’ook’ita?

—No sé. Pero después de todo, quizá tenga algo de razón la gente, nadie sabe para quien canta la Xk’ook’ita. Siempre solitaria, yendo de rama en rama, cuando cae la tarde… todas las tardes. ¿Alguien diría que está loca?

 

*XK’OOK’ITA = Pequeño Ruiseñor

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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