EL RECUERDO(POR: JOSÉ GARCÍA)

tarjeta de jose garcia

 

–! Inconsciente chamaca siempre desordenada ¡ Pero cuando regrese va a ver  –exclamó mi madre.

¿Cada vez que entro al cuarto la misma escena? –Repetía Magdalena con cara de enojo  – mientras va recogiendo las prendas  del piso. No había día que no hiciera lo mismo.

Dobladas las prendas, las guardaba en una cómoda de color rosa. Con nostalgia recorría la estancia y suspiraba–cada pieza  tenía su historia.

Dejó la última pieza en el cajón y tomó el retrato de la pared. Era de sus primeros estudios –mientras miraba la fotografía balbuceo su nombre: Lucia.

Arrimó la mecedora del rincón y se sentó junto a la ventana para observarlo detalladamente. Minutos después lo colgó de nuevo  y del pequeño closet descolgó un vestido con su cubierta trasparente.

–¿Qué bello se le ve? –en pausadas palabras hablaba consigo misma.

La nostalgia humedecía su mejilla cuando encontró la pequeña caja de  música. Tenía un recuerdo exacto de todo lo que hacía lucia a los diez años. Antes de abandonar la pieza rociaba con perfume de olor a maderas cada espacio del mismo. Cerraba el par de ventanas dejando las cortinas floreadas sueltas,  del mismo color  que la sobrecama y  la almohada.

Por las tardes, el cansancio  la doblegaba sobre la mesa, la taza de café con leche aun hirviendo –sería la tercera calentada seguramente – en espera. La acosté en su cuarto, su mirada angustiada y de límites inciertos acababan venciéndola hasta el día siguiente: para tras el primer momento de confusión y  los pocos momentos de lucidez,  creía estar convencida de que nada ha pasado.

Lee todas las  mañanas las noticias del periódico, escucha la noticia de la radio…

Cuando oía el “clic” de la llave al girar, la sacaba de la cerradura para guardarla en el macetero de barro, tupido con arecas de casi un metro adjunto a la puerta. Enseguida, se refugiaba  en su mesita  de imágenes cristianas y su mirada recobraba la esperanza cuando dibujaba con dos dedos su cruz imaginaria.

Quien conoce a mi madre diría que es grande su fortaleza. Y, a pesar de la tempestad un pequeño arco iris alegraba su corazón.

 

Han pasado solo tres meses y su lenguaje incompresible  la dejó en estado de profunda depresión: aunque a veces, no resulte fácil aceptar la voluntad divina.

La desaparición de mi hermana lucia, a la salida del colegio, fue un contexto que la marcó para siempre.

Al alba dejo regadas sus ropas en su cuarto  y  la llave en el macetero.

Eso, la alienta  a no morir…

 

 

 

FIN

José  García

Abril/2020.

 

 

 

 

 

 

 

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