LA RESISTENCIA(POR: JOSÉ GARCÍA)

tarjeta de jose garcia

 

 

“Con dificultad se arrodilló y miró un mar de cadáveres. Se encontraba, en medio de los cuerpos sin vida y de lamentos de dolor intenso. No había separación tal, entre adultos, ancianos y jóvenes. En su avanzada reconoció los colores de la vestimenta de su gente y  las del  enemigo.

Rostros salpicados de sangre  pedían piedad para su descanso eterno. Miró el cielo,  las aves de cuello rojo y manchas negras planeaban en círculo en busca de su presa. Las mujeres recolectaban lo poco servible y se retiraban caminando sobre los cientos de cuerpos dispersos en el campo. “¿Sólo los ganadores tienden a perpetuarse  en la memoria?”.

–! Yo, estuve ahí ¡–Afirmó seguro de si mientras cerraba su libro. Muy bien chicos, terminen de investigar y lo leemos otro día.

Miró su reloj de bolsillo, guardo sus gafas en la bolsa de su camisa y se encamino a la salida del aula. Cuando pasaba por la prefectura lo detuvo el llamado del director. Tras breves palabras aquella noticia no le molesto, ya se había retrasado en llegar. La suplencia de clases le cayó bien económicamente.

Habían pasado dos días y volvió a la usanza de sus cosas. Sus experimentos químicos. Aunque no término la carrera de Química, haber trabajado en un laboratorio le ayudo a descubrir que la teoría y la práctica son muy opuestas. De ahí que no le fue difícil cubrir materias escolares en la universidad.

Se tomó un tiempo en lo que trabajaba, así pudo pensar con lógica toda ecuación. Su insistencia por inventar un tónico que cicatrizará heridas, le había obsesionado. En especial, una cicatriz a la altura de su boca.

Fue en la universidad donde vivió su infierno, que lo hizo sentirse alejado de los demás. Al reírse disimulaba su apariencia y recuperaba su confianza. Por ello se resguardaba en casa, donde las horas y  los días se reflejaban en la poca luz natural que traslucida atraviesa la ventana.

“Cicatrizar una herida es como cambiar sus tejidos al  cerebro” –esa era su teoría –Por ello trabajaba en una sustancia que tonificara la piel y los músculos. Si era necesario probarlo en alguien, el mismo seria la rata de laboratorio.

Había llovido por segundo día consecutivo y hasta hoy se dio cuenta. Solo salía de  su micro laboratorio para sustraer de su alacena otra botella de ron y cigarros. Al conocer la secuencia de su mezcla se extasiaba, hablaba solo, se jaloneaba los cabellos y fumaba cigarro tras cigarro. En ocasiones terminaba dormido sobre la mesa de pruebas.

Cuando abrió los ojos esa mañana el sol entraba en toda su claridad. Sacudió su cuerpo de pie y se asomó a la ventana. En el reflejo de ella admiraba el día y…! Su cara sin ninguna cicatriz ¡

Apresuro sus pasos en el espejo del baño para admirarse plenamente y comprobar aquella respuesta involuntaria. Era cierto, su rostro estaba limpio, lo tocó varias veces para sesionarse y  con una nueva sonrisa fue otro.

Tenía que mostrarse en la escuela, donde mucha burla recibió. Hasta se dejó tocar la cara, y coqueteo con las mujeres para luego inflar su ego. Había sido un gran día por lo que llegó con el entusiasmo de los profetas. Se sintió  llegar al clímax, como ave dejando su jaula…se imaginó recibiendo un nobel o algo así.

Después de unas cervezas dejo caer su masa abdominal en sueño profundo sobre el piso de madera que cubría su cuarto. Desde hace tiempo, cada noche tenía el mismo sueño. En él, se miraba: “Enfrascado en plena discusión con su hermano mayor. Enseguida, lo vio partir cierta tarde en el ferrocarril a Londres y no volver. Y él, se veía en el rincón de su cuarto con el rostro lleno de rencor, secándose sus lágrimas”.

Se puso de píe bruscamente  jalando aire desesperado. Miró a su alrededor  y suspiro tranquilo al reconocer donde estaba. Enseguida  recorrió su rostro hasta llegar a su cicatriz, asocio los recuerdos con ello y acepto que por un accidente se distancio de su hermano.

Creyó  haber olvidado el pasaje donde no hubo un “hasta luego”, y que ha guardado tantos años a solas con sus pensamientos y sueños. Comprendió que todas esas estupideces sin perdón dejan heridas y cicatrices en el corazón. Había resistido mucho.

Se sintió feliz. Descubrió el tónico para cicatrizar las heridas. Después de varios años sin perdonarse por fin hizo las paces en el pasado  y el presente. Testigo es la marca en la piel y  un gesto alegre indicando  que ya se encontraba mejor.

 

FIN.

JOSE  GARCIA

Abril2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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