LA FORMULA(POR: JOSÉ GARCÍA)

tarjeta de jose garcia

 

Con dificultad se sentó en la orilla de la cama. Ese esfuerzo le produjo un acceso de tos terrible. Tomó su  andador para caminar y se dirigió a su closet. Esculco hasta  debajo de las piedras, para dar con una carpeta de costilla que cuando la tuvo en sus manos la aprisiono a su pecho.

Sabía que algún día llegaría el momento de revelar su secreto. El mundo evoluciona con logros y derrotas. Había pasado los últimos cinco años de su vida experimentando y ocultando su descubrimiento. Como  científico quizás no era el papel que debía llevar, pero desde que le robarán su idea y sus apuntes de su vacuna contra el cáncer,  ni a su propia sombra  le divulgaba sus logros.

Ya no tenía tiempo, a sus setenta años sus triunfos a costa de su propia vida cobraban factura. Para obtener su máxima, hoy no importaba cuantos fallecieron o estaban en esa vía. Significativo era sumar cuantos se salvaran…incluyéndose

Por lo tanto su descubrimiento no debería quedarse en algún cajón olvidado, en una cesta de basura o todo sería en vano. María su heredera, su amiga su fiel, su esposa. No podía privarla de ninguna incógnita. Cuando la conoció en esa etapa de su vida donde la mirada era de nostalgia,  era una mujer dedicada a su tierra de sol a sol.

Nunca mencionaba abandonar su ciudad y menos dejar a la deriva a su padre ya anciano en aquel pintoresco poblado donde sembró raíces profundas. A sus cuarenta años, su única aspiración era vivir en paz cuando él fallezca. No fue difícil convencerla  para que trabajara conmigo. En un principio le causaba terror las cosas que oía,  pero también le ilusionaba aprender cosas nuevas. Después de todo, la vida es una obra inconclusa y lo bueno tiene un precio.

Cuando finalizó su explicación los bellos ojos azules de María se quedaron fijos en su rostro. Llorando y con  palabras entrecortadas la mujer quería levantarse de su asiento y salir a gritarlo pero su alegría se  acotó en un beso.

–¿Ahora tenemos que andar con cuidado? –Propuso él.

Esa misma tarde, guardaron juntos  el manuscrito en la caja fuerte empotrada en la pared, que tapó con un retrato familiar.

–¿Qué haces? –¿No lo apuntes en una servilleta?. Tienes que memorizar la combinación—le sugirió.

Justo lo hacía cuando la voz ronca de su padre le llamó desde su cuarto. Asentó  la pieza de papel trascrita  en una mesa de sala y se  dirigió  a su encuentro.

Con tanta emoción acumulada, Pablo su esposo se resintió de una añeja enfermedad. Los días consecuentes  agravo  dejando en un intervalo su hallazgo.

Una noche se prolongó su sueño y no despertó jamás. Deshecho su mundo, dedico sus fuerzas en el cuidado de su padre que seguía la misma ruta de gravedad.  Consecuente a su muerte las noticias no habían dejado de girar en torno a su descubrimiento. Esas cosas le atemorizaron puesto que nadie sabía del patrón científico.

Cierta mañana un bullicio de voces la llevó a la ventana. Una veintena de reporteros con micrófonos y cámaras en mano insistentes en cubrir la nota se amotinaron en su jardín.. Había llegado al punto  de dar a conocer la noticia.

El mundo pasaba por una crisis de contagio y era el momento de enaltecer la memoria de Pablo. Se dirigió al sitio donde guardaban la nota y cuando sus dedos se encontraban listos para descifrarlo…  Desmemoriada no hallaba  la respuesta tras varios intentos. Mientras  dejaba  la casa de cabeza  los gritos de su padre desde la sala…

–¡Por Dios papá…ahora te atiendo! –encolerizada empezó a gritarle.

El anciano, sentado en el mueble  ya echaba baba por la boca, tomó lo primero que encontró…una servilleta de papel, que luego  guardo en la bolsa de su pantalón.

María, se quedó mirando la caja fuerte sin abrir  por varias horas, días… hasta darse por vencida.

Dicen que: “después de la tempestad viene la calma “. La contingencia médica pasó y los científicos desde cero siguen sumando y restando hasta hallar con una fórmula que cure. Su padre cumplió su último deseo: lo cremaron con la camisa y pantalón de su predilección… Llevándose a la tumba una nota con seis dígitos.

 

 

José  García.

Marzo/2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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