EL INMORTAL(POR: JOSÉ GARCÍA)

tarjeta de jose garcia

Aquel personaje detrás de la puerta  me hizo meditar. Su figura alta, bigote  desgarbado y  barba entrecana  un paralelismo con su vestimenta fulgente.

Con una seña me invito a pasar y seguirlo. Llegamos a una estancia donde todo estaba revestido de blanco. Mi guía, entro a la única oficina del lugar y a  los diez minutos salió y me entrego un tapaboca, me indico no quitármelo cuando este  ante “el jefe”.

En interior una cabellera lustrosa y lacia traspasaba el respaldo de la silla dándome la espalda. Imagine a una persona senil, con antejos y sin dientes jalando aire en cada palabra. Cuando giró su silla hasta quedar de frente a mí  en breves segundos recorrí con la mirada a aquel ser místico. No imagine su piel tan blanca, su mirada de paz, y al hablar se escucha  celestial resonancia.

–Me sonrió e  invito a sentarme — ¿Sabes dónde estás? — Me dijo.

Intente quitarme el trapo que cubría parte del rostro cuando dijo: ¿en el cielo?

Pero  me detuvo una mano que de  mi espalda surgió. Era un ángel. Cubierto en un haz de luz que cegó mis ojos. Cuando recupere la claridad solamente con el pensamiento me advirtió que no puedo hablarle, que  no estoy separado de mi alma…

–¿Entonces no estoy muerto? –le dije.

–No del todo –-me respondió su jefe –.

Sé tu vida completa, tus aciertos y errores pero, todo el que abandona la vida terrenal primero pasa por aquí para ver  que sigue.

Crecí con la idea de que al morir se pasaba una temporada en el limbo. ¿Oh, directo al lugar al que van las almas de las personas que mueren en pecado sin haberse arrepentido… el quinto infierno?

Después de breve comentario se aclaró mi duda y comprendí que él, tiene la ´última palabra.

Un sonido de trompeta suave se oyó de algún rincón. El prefecto, así dijo le llamará: no Jesús. Me entrego un folder blanco y señalándome la puerta me despidió. Ya me aguardaba mi guía quien sonrió y sin decir palabra alguna hizo lo siguiera.

–¡Coño, aquí nadie habla! –Pensé –, y como si leyera el pensamiento me contesto…¡No, nadie!

Parecía que en este lugar el tiempo se detiene. Solo se ven nubes sin desplazamiento y un brillo de una claridad viva parecida a una tea sin consumirse. Voces en eco como oraciones, y un olor a incienso…porque sé cómo huele esa gomorresina.

Admirando el panorama anduve hasta morir de cansancio.

¿Ya conoces el desierto, ahora conocerás a las víboras? Alguien me susurró al oído despertándome. Me puse de rodillas  examiné el lugar  resultándome común.

–¡Estaba de nuevo en la tierra…! –¡Uff!.  Un mal sueño, dije.

Apenas unos pasos y de mi vestimenta cayó un sobre de color blanco. Cuando lo tuve en mis manos, lo leí en sigilo y al terminar la última palabra…ante mí se desvanecieron  todas. Sin poner el brete del entendimiento todo quedaba claro. En la confusión de estar vivo o muerto, solo sabía que estoy aquí.  Confirme tal teorema, y  debía seguir como el rio cuando va con su corriente.

Me asomé a la ventana y sentí un panorama de apatía. Abandone mi hogar, camine por calles y avenidas desérticas. Un silencio reinaba hasta en las copas de los árboles. Las decenas de casas se mostraban aisladas del tiempo, en abandono absoluto. Algo sucedió en breve tiempo, y sin mirar algún rostro conocido seguí avanzando.

Llegue a los límites de la ciudad y del entendimiento. Parecía un pueblo fantasma, así comienza, viene la oscuridad y borra todo. ¿Una pandemia?…ni rastro de quejidos, ni de huellas en la arena, ni de personas que alcen la mano y que griten: ¡Aquí estoy!

Único de la nada, agnóstico y no, ente impersonal que forma parte de una masa. Me sentí inmortal en donde nunca lo fui.

¿Conocí el desierto y, ¿ las víboras?  Estas, seguramente ya se enterraron en su agujero.

Busque el norte, ahí siempre sale Dios. Levante los brazos para exigirle me  envié  una señal. Aquí esperaría sentado.

–“¿Si ya hemos acabado aquí, ¿ a qué esperamos?”  –como un estruendo se escuchó su respuesta.

Las luces de la mañana se fueron oscureciendo poco a poco, en seguida ascendió mi alma en forma de luz natural.

 

José  García

FIN.

Marzo/2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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