DESDE OXKUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

 

logo oxkutzcabRÍVOLI 2

Era un armatoste del tamaño de un carro pequeño. Bueno, así me parecía a mí, que a mis diez años, había conseguido ser quién pusiera la música que animaba a la sala de cine antes de la proyección de la película. Música que salía de unos enormes discos de acetato de setenta y dos revoluciones y sumamente frágiles, lo que exigía un manejo por demás cuidadoso. Recuerdo que la última melodía que se tocaba para afuera y era el aviso para el público de que ya iba a comenzar la película, era “La coronela” (decía más o menos así: coronela, coronela, ole iii, ole iiii, o lalá)  para aquellos que no habían comprado aún su boleto  se apresuraran, pues al interior de la sala sólo se ejecutaban tres piezas melódicas para que se apagaran las luces y comenzara la función; los vendedores de cacahuates y semillas (pepitas les llamamos acá) se apresuraban  a pregonar su mercancía y los niños o adolescentes que daban rentadas revistas (comics ahora) para que la gente matara el tiempo por mientras, se apresuraban a recogerlas y cobrar so riesgo de perder en la obscuridad: cliente, revista y renta.

Rívoli se llamaba este cinema y era uno de los dos primeros que comenzaron a funcionar en la década de los cuarentas Uno era prácticamente cinema al aire libre y su pantalla era una enorme sábana, por lo que no podía dar funciones en noches lluviosas y cerró pronto. Esta otra sala de nombre rimbombante (no hayamos el significado, lo más aproximado es Tívoli, una región de Italia) tenía techo de láminas en sus tres cuartas partes y la pantalla era un muro cuya parte de atrás servía como WC para los hombres, las femeninas se tenían que aguantar hasta regresar a sus casas. Muchos cinéfilos les gustaba sentarse donde no había techo, pues era más fresco que bajo techo, pero tenían que correr a resguardarse si llovía. Era curioso ver la película a través de la lluvia y molesto cuando teníamos luna llena, pues difuminaba las imágenes de la pantalla,

En la planta alta donde estaba el proyector, al frente, tenía un balcón de madera estilo francés como para veinte espectadores y se accedía a él por medio de una escalera del mismo material que rechinaba de manera desesperante, además de que el balcón se sacudía cuando los ocupantes se levantaban de manera simultánea. Fue clausurado a los pocos años, bueno, no tan pocos, pero se clausuró.

Pero a lo que iba. Eso del tamaño de un auto, era el proyector, aparte de grande, hacía un zumbido de los mil demonios y un calor de igual procedencia. El técnico que lo manejaba, tenía un ventilador para soportar este mini infierno y el proyector tenía otro. Y es que la parte que generaba el calor y el zumbido, era una especie de horno con chimenea, donde se colocaban dos barras de carbón, en las cuales hacían circular corriente eléctrica. Estos se ponían con sus polos encontrados, por lo que generaba un arco voltaico sumamente brillante, siendo la luz concentrada que se canalizaba por medio de un tubo hacía un juego de lentes entre los que discurría el film (fue el láser primigenio). Frente a este horno se encontraba el andamiaje de carretes, correas de transmisión, engranes, aspas, que el técnico tenía que manejar de manera precisa para que la película no perdiera su continuidad, ya que una película normal, constaba de hasta ocho rollos con unos doscientos metros de film, lo que los hacía muy pesados. Recuerdo que venían en un cilindro metálico y lo tenían que transportar en una carretilla. Ah!, cabe aclarar que todo lo que ya describí, era por partida doble, debido a que eran dos los proyectores, pues mientras corría un rollo, se tenía que preparar el otro y así hasta el final.

En ocasiones, el film se quemaba o rompía, y si se le ocurría hacerlo en algún momento interesante o de suspenso, se armaba la rebambaramba, pues ya les dije que el público inter actuaba con los personajes, además de que los asientos eran sillas apilables y bancas de madera como las que hay en las iglesias, así que ya se imaginarán los apuros del proyectista que tenía que desconectar los carbones, parar los carretes, cortar y pegar la cinta y pone a funcionar todo de vuelta.

Yo pedí el trabajo de poner los discos, no para ver las películas gratis, sino para maravillarme con estos monstruos de máquinas. ¡Coronela, coronela ¡ole iii, ole iii, olalá!. Nunca se olvida.

Oxkutzcab, Yucatán. Marzo del 2020.

Profr. Fco. J. Tejero Mendicuti.

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