EL LAMENTO DE LAS ALMAS DEL DIABLO (POR: MARÍA TERESA MORENO)

tarjeta de ma teresa moreno

 

La gente de la montaña olvidada del pueblo de San Gerónimo Hidalgo, municipio de Tutotepec, una vez más fue testigo de acontecimientos increíbles. Pero gracias a Dios el tener que caminar por horas para llegar a este pueblo llego a su fin con la nueva carretera que el gobierno federal les prometió a los indígenas y se los cumplió. pero no todas eran buenas noticias, algo raro estaba por ocurrir en esa montaña impresionante otomí, de donde surgieron muchos relatos muy impresionantes como la cueva del diablo, la montaña del nahual, las brujas de cerro negro y un sin fin de eventos que para nada son cuentos.

 

-De esto que narrare, corría el mes de marzo del año de 1998, como mi madre es originaria de ese pueblo le gustaba contarme a detalle todo eso, este lugar se encontraba a pocos kilómetros colindando con el estado de Veracruz y se alcanzaba a apreciar el pueblo de la llave un lugar con presencia de increíbles nahuales, seres híbridos.

 

En cierto mes de enero llegaron las maquinarias del gobierno y de la secretaría de comunicaciones y transportes a comenzar a desgajar la montaña del diablo, esto para abrir paso a la prometedora carretera local que uniría a varios pueblos, pero desde un principio se toparon con varios problemas como por ejemplo las tenebrosas y colosales barrancas de más de 100 metros de profundidad en donde perdería la vida mi primo años después, pues no cabía duda que el famoso ser innombrable mejor conocido como el diablo no dejaría construir esta obra tan fácilmente. los hermanos y primos de mi madre trabajaron en la construcción de la carretera de ayudantes de albañil, por ser gente del pueblo y conocedora de la zona eran de gran utilidad, después de meses por fin se logró a unir a varios kilómetros por entre las montañas a diferentes pueblos. Y en 2 años se terminó por completo la famosa carretera y sólo faltaba su inauguración y estreno. Estaban a sólo dos días de estrenarla, pero el destino se ensañaba con ese humilde pueblo de varias maneras posibles.

 

Una noche por cierto lluviosa y fría como a las 3 de la madrugada se oyó a lo lejos como cuando caen los truenos y rayos en una tormenta y esto se escuchó horrendo por las barrancas que allí existen, pero por miedo ningún campesino quiso investigar.

 

A la mañana siguiente el pueblo no lo podía creer y amaneció con la noticia que el mero día del estreno de la carretera, está en parte se vino para abajo y era un tramo enorme de unos 50 metros que había colapsado y tragado el abismo de esas montañas…

 

-La gente estaba triste, porque ahora tendrían que subir por una montaña de unos 2000 metros de altura para rodear tan solo ese tramo desgajado y así cruzar hacia la parte antes mencionada, los ingenieros mejor desviaron la carretera por otro punto más accesible y en menos de 6 meses estaba lista de nuevo y por increíble que les parezca esta se volvía a caer de nuevo….

 

-Esto ya no era bueno decían los indígenas más viejos y comenzaron los rumores de que el compadre, el innombrable dueño del bosque y montaña también conocido como el diablo no permitiría profanar su territorio, de nueva cuenta se volvía a desviar y cada vez se adentraban más a la montaña que en (otomí lengua indígena creo se pronuncia, (den he) pero por tercera vez y en la madrugada se caía de nuevo.

 

Así encontraban su carretera cada vez los ingenieros y el director de obra del estado de hidalgo del cual omitiré su nombre, no creía en cosas extrañas y rumores, mucho menos en el (enbadhe) dialecto otomí, que significa compadre o el charro de negro, a quien los indígenas temían y decían que era el dueño de la montaña.

 

Una noche antes de volver a entregar la obra terminada el ingeniero opto por quedarse a dormir en cierta parte de la carretera que era por donde esta se caía, cosa que los obreros o campesinos nunca hicieron por respeto al compadre o al diablo, a pasaron las horas y cayó la oscura noche, el sueño venció al ingeniero pero minutos antes de las 03:00 de la madrugada el escucho el galopar y relinchar de un caballo, nervioso tomo su lampara y alumbro para ver de dónde venía este ruido y buscar al dueño del mismo, frente a él se paró un caballo negro como la noche y alto más alto que él y un jinete venía a estribo y este le decía retador..

 

¿Nunca lograras tener lo que no te pertenece y menos en estas tierras ajenas, no busques lo que no has perdido por qué perderás más de lo que podrás ganar?

 

-El ingeniero se armó de valor y pregunto algo espantado,

 

-Quien es usted y por qué me dice eso?

 

¿El jinete contesto, yo soy el (enbadhe ) el compadre amo y dueño de estos cerros y ustedes no han dado el dote para hacer su voluntad (el dote en esos pueblos es una ofrenda de diferentes tipos o cosas) quiero que lo hagas y si lo haces yo respetare tu trabajo y permitiré usar mis tierras.

 

-El ingeniero muy confundido pregunto!!!

 

¿El dote? Dice, que quiere a cambio por dejarme terminar mi obra ya que no sé por qué o por quien pasan estas cosas extrañas, el diablo contestó? yo veo tu mente y sé que por ser estudiado y de carrera profesional no creerás en ciertas cosas, pero yo no pido mucho y esto que quiero si está a tu alcance, así que si tú me ofrendas las almas de 5 de niños y las dejas aquí enterradas justo donde estoy parado, ya no pasara nada y te asegurare tu obra por muchos años te lo prometo..

 

Eso fue lo último que vio y escucho el pobre ingeniero, ya que el compadre se fue alejando a lomo de su caballo para no volver jamás.

 

-El ingeniero incrédulo de lo que vio esa noche no presto más atención y siguió de manera normal la obra hasta que esta vez más a medio día unas rocas enormes cayeron del cerro ya mencionado y taparon parte de la carretera, así pasaron los meses y años y por fin se pudo inaugurar la carretera en su totalidad, pero mis tíos aseguraban que ellos antes de media noche mejor se quedaban a dormir en pueblos vecinos por miedo a lo que muchos indígenas veían y escuchaban, lis campesinos aseguraban que veían a niños llorando caminando por la carretera a altas horas de la noche pero estos no tocaban el piso, ellos flotaban. Hasta que después de muchos años llevaron a un padre a bendecir ese tramo de carretera que era donde por curiosidad estaba enterrada o marcada una herradura enorme de algún caballo, ahí quien asegura que allí se postro el compadre frente al ingeniero por eso de la marca, años después la cuñada de mi madre le platico que se perdieron del pueblo del veinte, así llamado, varios niños y que a la fecha los han buscado por las montañas.

 

Será verdad o coincidencia y si también los huesos de la cueva del innombrable pertenecieran a alguno de estos niños y si el diablo devorador de almas hubiera obtenido el sacrificio humano de niños que tanto pedía.

 

Pobres criaturas y esas prácticas de sacrificar almas en obras grandes a la fecha aún continúan. Como en el estadio azteca ciudad de México y autopistas del país.

 

-Triste y real relato de los otomíes del estado de Hidalgo, mismo que mi madre me conto de allá de su infancia. Cuentan que los campesinos al día de hoy no caminan por esa carretera después de media noche por que se les aparecen las almas de los niños llorando por volver a casa…….

 

-Relato escrito y adaptación de Chemo San Juan

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