¡LEYENDA DE LA MECEDORA…!(POR: MARÍA TERESA MORENO)

tarjeta de ma teresa moreno

 

Un artículo indispensable en muchas familias de México con un integrante de la tercera edad es una silla mecedora. Muchos de estos ancianos, las ponen el frente de la casa para poder ver a las personas ir y venir, mientras ellos se arrullan con el suave vaivén de la mecedora.

 

Cierto día un joven que no contaba con los recursos suficientes para comprarle una a su amada abuela, tuvo la suerte, de encontrar una vieja mecedora a mitad del camino que recorría diariamente desde su trabajo, con algo de deterioro, pensó entonces, en poder arreglarla y la llevó a casa, la metió directo a su habitación, pues quería arreglarla primero antes de darle la sorpresa a la abuela, pero por falta de tiempo, solo sirvió para acumular ropa encima de ella.

 

Una noche le pareció ver que la silla se mecía por sí sola, no parecía ser posible, pero en un instante la ropa cayó al suelo. Prestando más atención se dio cuenta que la mecedora en realidad se movía, atrás enfrente, atrás enfrente de manera lenta y suave. Entonces, el muchacho tuvo algo de miedo, para evitar que creciera su temor, ante este suceso, decidió salir de la habitación, pero antes de que pudiera llegar a la puerta, ésta se cerró de un solo golpe que resonó por toda la habitación, escuchándose también un clac, clac…como cuando se cierra con llave el de la cerradura, por más que intentó abrir, no le fue posible, viendo como la ropa era desparramada por todo el piso, por alguien o algo que no podía ver, su vista se fijó en la mecedora, que se movía cada vez más rápido, junto con un fuerte sonido de un palo chocando contra el suelo, se replegó hacia la pared de la esquina, desde la cual pudo observar, a un viejecillo que sentado en la mecedora, golpeaba con su bastón en el suelo, y le reclamaba al joven, que la silla no le pertenecía, se levantó con toda la intensión de partirle la cabeza con el bastón, pero cuando tenía el anciano la mano arriba, simplemente se desvaneció.

Entonces la silla, se dejó de mover en un movimiento brusco y el muchacho no entendiendo lo que acababa de presenciar, tomo la mecedora rápidamente y corrió con ella, hasta el lugar donde la había encontrado, pues temía que esa escena se volviera a repetir…

Cuenta la leyenda que las personas crean apegos por las cosas, que ni aún en la muerte dejan de ser su propiedad, y mantienen cuidado de ellas, para siempre, y mucho más, si fue el sitio donde las personas murieron.

 

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