EL TÚNEL (POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

Lo vieron salir arrastrándose de la alcantarilla de aguas negras. A unos metros se puso de píe. Sintió las miradas de menosprecio de la gente que pasaba. Estaba acostumbrado a ello… pero hoy las sintió lacerantes.

Sus compañeros de clan se taparon la nariz ante tremenda hediondez que destilaba. Se les quedo mirando, mientras se  despojaba de la mascarilla de oxígeno y  de su traje impregnado de basura.

–¡Está bien, mañana será la mía!  Les respondió iracundo.

Esa vez hasta él se dio asco por cómo se miraba ­‑‑costaba trabajo limpiar los túneles subterráneos –Ahora entendía el enojo de su esposa cuando retornaba a casa y  la abrazaba. Pero se reconfortaba cuando las fuertes tormentas no rebozaban los canales y dañaban la ciudad. Ante todo su compromiso.

Hasta que una situación común le hizo pensar diferente…

El fuerte viento dispersa la pluralidad contaminante. Los caminos como campos minados, dejaban estático a todo ser viviente. Tanta era la zozobra, que las calles se volvieron testigos únicos ante el exilio de la gente.

La tormenta que cayó esa tarde hizo que el agua rebosara de las alcantarillas. Como ríos, toneladas de bazofia se tendían por sus arterias. Ningún valiente se atrevía a detenerlo, los pocos comprometidos  no daban abasto. Los otros seguían indiferentes.

Aquellos gladiadores de armadura corrompida por diversos microorganismos…desaparecieron antes.

Los niños dejaron de llenar los parques, y las palomas de picar alimento del suelo. Los vendedores ambulantes de llenar las esquinas y los gatos de husmear los botes, por temor a contaminarse.

Así pasaron los años.

El planeta nunca se extinguió. La humanidad sí. Los pocos que conocían las profecías se disculpaban diciendo: “¿Pero nadie hizo nada?”.

Cuando más se solidarizaron, el tiempo, igual que la Medusa Gorgona petrifico todo lo que se miraba…

**

El repiquetear de su teléfono móvil lo alerto. Busco a su esposa por toda la casa antes de salir –como siempre hacía –-le causó extrañeza que todo andaba silencioso.

Llegó sin contratiempo a su centro de trabajo, alisto su equipo y partió con su gente  a la zona cero. El centro del drenaje de la ciudad se había colapsado. En el trayecto la incertidumbre si fue: ¿Un sueño o realidad? — ver  toda la ciudad tapizada de bazofia…lo dejó dubitativo

–¡Bueno muchachos: la musculatura épica de Tarzán es un símbolo, donde el esfuerzo del hombre  por dominar a la naturaleza queda corta! – Y  diciendo esto se internó en el  túnel.

¡Buena suerte! El grito de aquel chiquillo observándolo en la acera de enfrente, fue una inyección vital para mantener sano  al planeta.

Así, cada vez que se descubre de su mascarilla, sonrisas en rostros desconocidos  le hacen sentir en la espalda una palmada de agradecimiento.

En una lucha que es de todos…

 

FIN .

JOSE  GARCIA.

Diciembre/ 2019 .

 

 

 

 

 

 

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