ROPA USADA(POR: MARÍA TERESA MORENO)

tarjeta de ma teresa moreno

 

En las vacaciones pasadas fui a una parte de Hidalgo a visitar a mi familia. Todo iba bien, una mañana salí con mi abuela al tianguis para comprar las cosas del mandado, en eso estábamos cuando ella me dijo:

-Vente hija, vamos a chacharear.

 

A lo que yo le dije:

-Está bien.

 

Personalmente no me gusta comprar cosas usadas, pero por darle gusto accedí.

 

En eso andábamos cuando vi una blusa que me gustó; así que me acerqué al puesto a tomarla para ver si tenía algún detalle.

 

Al tomarla, sentí un escalofrío en todo mi cuerpo pero no le puse atención, sin pensarlo le pregunté a la señora:

-¿Qué precio tiene?

Ella era una señora de la tercera edad, usaba un bastón para poderse mover, en su mano tenía una cicatriz en forma de “X” pero bueno ella dijo:

-¿Segura que quieres esa blusa?

 

A lo que yo dije:

-Pues sí, a menos que no se venda.

 

Ella con una sonrisa un poco sarcástica me dijo:

-Te la dejo en $10 pesos.

 

-¡Está bien!

Dije, le pagué y me la llevé.

 

Ya en la casa mi mamá me dijo:

-Lava esa prenda antes de que la uses, es por higiene.

Así que salí al patio para lavarla a mano.

(Debido a que mis abuelos viven en una zona rural y pues no tienen lavadora).

Cuando salí “Pekas”(el perrito de mi abuela) comenzó a ladrarme pero de una forma tan amenazante que me espanto, de verdad creí que me iba a morder.

 

Salió mi mamá al escuchar al perro y me gritó:

-¡¿Qué le hiciste a Pekas?!

 

Yo le dije:

-Mamá acabo de salir, no le he hecho nada.

 

Bueno en fin me metí a la casa y metí una cubeta con agua para lavar la blusa adentro.

 

Esa noche cuando cenábamos mi abuela me contó que esa señora cuando era joven la llamaban la querida, porque siempre andaba en la capital como sirvienta pero siempre se metía con el patrón, siempre que regresaba al pueblo, traía ropa fina, perfumes, zapatos y andaba en los bailes toda fiii fiii. Hasta que un día la esposa del patrón los cachó y la corrió; pero no sólo eso, también la mando a golpear.

 

En eso estábamos cuando Pekas comenzó a ladrar.

 

Mi mamá dijo:

-Hay ese animal hoy anduvo de ansioso a lo mejor ya entró en brama por eso se comporta así.

Pero no le presté atención porque me quedé pensando en lo que me había dicho mi abuela.

 

Al otro día en la noche iba a hacer el baile del pueblo, entonces pensé:

-Me pondré la blusa que me compré, además combina con mis botas.

 

Llegó la tarde, me metí a bañar y a la hora de vestirme sonó mi celular; algunas primas mías estaban llegando al pueblo y me mandaban mensaje diciéndome:

-¿Ya estás lista? Porque nosotras ya vamos vestidas para el bailongo, espero se ponga bueno.

 

Yo solo les respondí:

-Me acabo de bañar y apenas me voy a vestir. Dejé mi celular en la cama y comencé a vestirme.

 

Eran las 8:30 cuando escuché llegar el carro de mis tíos. Mi abuela me grita:

-¡Ya llegaron tus primas!

 

-Si abuela, vamos a salir a verlos.

Cuando me paré del sillón donde estaba, me sentí un poco mareada, pero no le di importancia solo me quedé unos segundos parada, esperando que se me pasará. Cuando ya me sentí mejor salí a saludar a mi familia.

 

Desde la calle se veían personas ya caminando para el centro donde se iba hacer el baile, así que mis primas me dijeron:

-¡Ándale! Ya vámonos, para escuchar bien e irnos a bailar.

 

Volteé a ver a mi papá para pedirle permiso. Él me dijo:

-Al rato vamos por ustedes, ten a la mano tu celular para estar comunicados.

 

Caminamos con toda la gente hacía el mismo lugar, caminando se me empezó a acelerar el corazón, pensé; a lo mejor es porque ya llevamos caminando un rato, así que no le puse interés. Al llegar al baile me empecé a sentir cada vez peor, ahora no sólo me sentía cansada sino también me estaba muriendo de sueño.

 

En las fotos que tomaron mis primas salgo o bostezando o con los ojos adormilados, a lo que ellas me dijeron:

-No manches si apenas son las 10 pm y ahora es que empieza lo bueno.

 

Yo les dije:

-No sé porque pero me siento tan cansada.

Así que le marqué a mi papá para que me viera en la salida y poderme regresar con él.

 

Ya en la casa cuando me acosté a dormir (cabe decir que no me cambié ya que me sentí tan pero tan cansada que sólo me acosté encima de la cama)

 

Comencé a soñar que una señora que lloraba arrodillada frente a una casa de dos pisos, yo era como una cámara que solo veía lo que pasaba, esa señora estaba agarrándose su cabeza ensangrentada, cuando yo me acercaba a ella para verla mejor.

-¿EN VERDAD LA QUIERES?

Escuché que me decían en el oído.

 

En eso desperté y sentí en mi cuerpo mucho dolor en toda mi espalda, vi mi celular y eran las 3 am, pero era tanto mi dolor que desperté a mi mamá para que me revisará, cuando ella me revisó, inmediatamente le habló a mi papá:

-¡Pedro, ven a haber lo que le hicieron a tu hija!

 

Mi papá vino corriendo, me vio la espalda y me empezó a decir que quién me había pegado, porque tenía toda mi espalda moreteada. Yo no sabía que decir puesto que nadie me lo había hecho. Esa madrugada mi abuela me puso pomada para mis moretones, además me preparó un té para que me pudiera dormir, pero no podía cada vez que cerraba los ojos veía a esa señora.

 

Solo faltaban 2 días para irnos de regreso a casa y yo no mejoraba, mi cara se veía cada vez más demacrada, no podía comer, no dormía y para colmo tuvieron que amarrar a Pekas en el patio porque no dejaba de gruñirme cada vez que me veía. En eso estábamos cuando mi abuela dijo:

-Vamos a la iglesia esto está muy raro.

Fuimos a misa un sábado en la mañana, al terminar, mi abuela se acercó al padre y le dijo lo que me estaba pasando. Él me revisó mientras ella le contaba los hechos, cuando mencionó el nombre de la anciana, el padre me soltó y dijo que eso era imposible mientras su cuerpo retrocedía; Él nos contó que esa señora regresó al pueblo después de lo que había pasado, pero la esposa del patrón la siguió después de muchos años para reprocharle que su esposo la había dejado por otra; tanto fue su coraje que intento matar a los hijos de la querida pensando que eran los hijos de esposo.

 

Él nos llevó al panteón que está detrás de la iglesia, hasta una tumba donde estaba aquella señora de la que nosotras hablábamos, nos dijo que le devolviéramos lo que habíamos comprado (para enterrarlo en su tumba) y que terminaría todo. Así lo hicimos, corrimos de regreso a la casa a traer la blusa para enterrarla.

 

Esa noche veía a la señora acercándose a mí, estirando su mano y devolviéndome la moneda de $10 pesos.

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