CARTA A SANTA CLAUS(POR: LEANDRO DZUL CENTENO)

 

 

Laura era una niña bonita y proveniente de una familia humilde; además vivía en un poblado lejano. Su padre la abandonó al igual que a su madre, sin embargo ella la creció como cualquier otra niña sin padre.

Cada navidad Laura recibía un pequeño regalo que su misma madre le hacía con lo que tenía y podía, como muñecas de trapo, caballos de palo, peluches y otros juguetes. Ella al ser una niña se emocionaba al recibir un regalo que según Santa Claus le había traído por ser bien portada; y contenta iba con sus amigas a mostrárselo, pero ellas no eran de familia humilde así que siempre tenían mejores juguetes.

A los seis años Laura ya estaba aprendiendo a escribir por lo que días antes de la navidad de ese año tomó una hoja de papel y un lápiz para escribir una carta a Santa Claus y colocarla bajo el pequeño árbol navideño de su casa.

Una noche cuando ya dormía su madre leyó lo que escribió en la carta y decía: Querido Santa, esta navidad quiero que me regales una muñeca pero no de trapo, sino como las que les das a mis amigas. Te lo pido por favor, me he portado bien todo el año, he estudiado mucho y también he hecho enojar menos a mamá. Te quiero Santa Claus.

La madre sintió una enorme tristeza al saber que no le era posible comprarle lo que deseaba, también sintió miedo de hacerle un regalo como cada año y que lo rechazara al no ser lo que pedía.

La noche buena llegó. Laura y su madre fueron a la fiesta que hacían entre los vecinos, siempre la invitaban a pasar un rato agradable y de convivencia para no estar como una noche más en casa. Eran tan humildes que iban para tener una buena cena, la que solo esa noche podían tener.

Al amanecer Laura se despertó muy contenta al pensar que encontraría junto a su arbolito navideño aquella muñeca que tanto deseaba, pero no fue así, ese año no había ni un regalo, entonces se puso triste al pensar que Santa no había llegado al pueblo. Creyendo que sus amigas también estaban tristes de la ausencia de regalos fue con ellas a compartir su tristeza, pero se llevó una gran sorpresa al ver que ellas jugaban con nuevas muñecas, manejaban bicicletas y hasta comían deliciosos chocolates. Fue así que huyó corriendo a contemplar el gran árbol navideño que se encontraba en el centro del pueblo, ahí se puso a llorar porque Santa Claus se había olvidado de ella.

Su madre la buscó por todas partes muy desesperada hasta que la encontró en aquel sitio. Se acercó a ella y le dijo: – hija no llores -. – Pero mamá, yo soy muy buena y me porto bien, por qué Santa se olvidó de mí -. – Algún día entenderás por qué las cosas suceden hija, por lo tanto no debes estar triste y menos en día como hoy -. Fue así que regresaron a su casa donde a escondidas la mamá se puso a llorar porque sabía que eso pasaría.

Y así pasó Laura varias navidades, portándose bien todo el año y no recibiendo nada a cambio, mientras que sus amigas siempre tenían juguetes nuevos con los cuales entretenerse.

Al cumplir diez años ya no le hizo carta a Santa Claus. Su principal razón fue que un día escuchó hablar a los papás de sus amigas acerca de los regalos que les comprarían para ese día especial; además se había decepcionado tanto de él porque nunca le cumplía. Pero aquella navidad fue todavía más triste para Laura; su mamá no despertó, un terrible cáncer acabó con ella.

Los vecinos, quienes tenían conocimiento de la enfermedad de aquella buena mujer, se hicieron cargo de la sepultura. También para ellos fue  una navidad muy desconcertada. Sin embargo los días pasaron, le brindaron mucho apoyo a la niña pero con el paso de más tiempo tomaron la decisión que fuera enviada a un internado en la ciudad.

Adaptarse a ese lugar le fue muy difícil, extrañaba su casa, a su mamá y vivir libremente, no bajo normas estrictas ni con otras niñas que solo la hacían enojar y que también querían causarle problemas al no conocerla.

Las navidades comenzaron a ser muy diferentes para ella. Ella veía como todos los niños y niñas abrían sus regalos que según Santa les había llevado, pero los miraba teniendo en su mente que eran muy ingenuos para creer en él.

En el internado trabajaba un señor que era el encargado de la limpieza, el lugar era tan grande por lo que siempre se encontraba ocupado. Ese hombre, que de no ser por su trabajo luciría apuesto y simpático, sintió algo en su interior al observar varios días a Laura. Investigó sobre su proveniencia y se llevó la más impactante noticia de su vida; supo que ese sentir en su interior, esos recuerdos que le pasaban por la mente y además el mismo nombre, era porque se trataba de ella, su hija, a quien había abandonado junto con su madre con el fin de regresar algún día y poderles dar una mejor vida, pero desafortunadamente en la ciudad no le iba bien y por lo tanto nunca pudo regresar. Se puso muy triste al saber la razón por la que la niña se encontraba ahí.

Laura dejó de sufrir muchas carencias una vez que llegó al internado y tenía una mejor educación la cual comenzó a aprovechar al máximo porque sabía que llegaría el día donde tendría que irse de ahí y ser independiente. Durante esas Navidades recibió los mejores regalos por ser la que  mejor conducta y buenas calificaciones tenía a lo largo de todo el año, pero no solo por eso, también era su padre quien hacía que eso le pasara. Él siempre pensó en decirle la verdad algún día, pero no lo hizo porque ya no era del todo una niña y pensó que tal vez nunca le perdonaría su abandono, así que optó por nunca decirle la verdad.

Laura con el tiempo se preparó para salir a enfrentar la vida. En un principio vivió sola unos años mientras se dedicaba a estudiar para superarse y a la vez trabajar para mantenerse. Fue muy doloroso para su padre verla partir y nunca haberla llamado hija pero él sabía que se había convertido en una mujer fuerte y derecha.

Con el paso de los años Laura hizo de su vida lo mejor. Se casó con un buen hombre y tuvo tres hijos, dos niños y una niña. Su familia vivía muy feliz hasta que la tragedia se hizo presente; el padre falleció en un accidente de tránsito cuando su hijo más grande tenía ocho años, la niña cinco y el más pequeño tres. Los niños sintieron mucho la ausencia de su papá pero Laura les brindó el consuelo y fortaleza necesarios para aceptar que él ya no estaba con ellos.

La navidad se acercaba y Laura no sabía qué hacer para que sus hijos no estuvieran tristes con la ausencia de su padre; ellos nunca les enseñaron a pedirle regalos a Santa porque siempre pensaron que hacerlo era crecerlos engañados, pero ese año se vio en la necesidad de hacerlo para tenerlos felices, por lo que días antes los reunió en la mesa, les entregó un lápiz y una hoja de papel y les enseñó a escribir una carta a Santa para que colocaran en su árbol de navidad.

Ese mismo día en la noche cuando los niños dormían Laura tomó un lapicero y papel, se encerró en su recámara y desahogó todos sus sentimientos escribiendo una carta a Santa  Claus como les enseñó a sus hijos. La carta decía: Querido Santa, aunque sé que de nuevo vas a fallarme porque no existes, te doy las gracias por haberme llenado siempre de esperanzas e ilusiones mi infancia, por haberme hecho pasar en esos años las más tristes navidades de mi vida, como lo será esta que mi esposo ya no está. Te pido por favor nuevas sillas y una mesa porque la que tengo ya no me gusta.

Escribió la carta llorando al recordar su triste infancia, a su madre, a su esposo y la terminó pidiéndole a Santa un nuevo comedor para reírse con ella misma y secar sus lágrima; la puso dentro de un sobre color rojo que tenía adornos de campana y la colocó en la parte alta del árbol navideño, casi llegando a la estrella dorada para que ninguno de sus hijos pudiera leerla y enterarse de sus sentimientos y doloroso pasado. Aprovechó a leer las cartas de sus hijos para comprarles sus juguetes a tiempo y así no vivieran lo que ella sufrió cuando era niña al no tener un regalo en navidad.

Llegó la noche buena y Laura cenó únicamente con sus hijos, había sido invitada a varias fiestas de sus amigas pero decidió no pasarla ahí porque le era muy importante asegurarse que sus hijos estuvieran felices ese día además que aún no estaba animada por la muerte de su esposo. Al terminar de cenar les leyó sentados alrededor del árbol navideño cuentos de navidad y casi al llegar la media noche los mandó a dormir diciéndoles que si no lo hacían Santa no les iba a poder dejar su regalo.

Los niños se durmieron en  pocos minutos, entonces Laura subió a su recámara, abrió las puertas de su balcón y vio la ciudad iluminada de juegos artificiales por todos lados, miró su reloj, ya era media noche, ya era navidad. Entonces sacó de su armario los regalos que días antes les había comprado y los puso bajo el árbol navideño. Luego decidió dormirse para poder descansar.

Cayó en un profundo sueño que lo único que la despertó fueron las risas de emoción y alegría de sus hijos. Se levantó de inmediato y bajó para poder ver lo felices que estaban al abrir sus regalos, pero se percató que su felicidad era más de la que esperaba, los niños abrían regalos que ella no les había comprado y su hija juagaba aquella muñeca que ella tanto deseó tener cuando era niña; además había un regalo en forma rectangular, enorme y con un moño brilloso, su tarjeta decía: de santa para mamá. Abrió el regalo y no podía creer lo que veía, era el comedor que tanto quería desde hace unos meses.

Después de emocionarse todos con sus regalos Laura se preguntaba quién los había puesto cerca del árbol navideño, temía que se tratara de algún secuestrador así que se mantuvo alerta con su casa y sus hijos todo el día. Al ver que nada raro sucedía y que todo estaba en calma fue bajando la guardia poco a poco. Ya en la noche cuando los niños dormían después de haber tenido una feliz navidad Salió de nuevo a su balcón, comenzó a contemplar el cielo nocturno y las estrellas pensando en que había logrado que sus hijos sean felices en ese día especial.

De pronto comenzó a oír en lo alto unas carcajadas de felicidad, levantó la mirada y vio a Santa Claus volando sobre la ciudad en su trineo que era jalado por una gran cantidad de renos, ella no podía creer lo que veía, Santa Claus si existía y también comprendió que fue él quien puso los regalo en su árbol. Gritó sobre la ciudad – ¡Feliz Navidad! Jojojo -, y lo observó hasta que desapareció entre las montañas que rodeaban la ciudad. Finalmente entró a su recámara, cerró las puertas de su balcón y se acostó a dormir feliz y tranquila al saber que Santa Claus sí existe y que todo en su vida había pasado por alguna razón.

 

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