¿PAYASADAS…?(POR: JUAN CARLOS QUIÑONES SALAZAR)

 

 

 

Griselda era hija única de Lauro y María, tenía actualmente 6 años, y se encontraba próxima a festejar su séptimo onomástico. Como toda niña en su corazón guardaba celosamente una ilusión, ¡Tener una fiesta con todos sus amigos, y por supuesto un divertido payaso…! Pese a haberlos visto en el circo de la ciudad, nunca había tenido la oportunidad de estar cerca de uno, ¡Por tanto tenerlo de invitado en su festejo seria genial…! Como es natural, sus padres estaban dispuestos a realizar sus deseos al pie de la letra. El único inconveniente, era que la policía local había emitido una alerta, debido al inusual número de robos y algunos desaparecidos en el área. ¡Sobre todo menores de edad…! Los ladrones y secuestradores parecían ser profesionales, pues no dejaban rastro que seguir, por ese motivo su renuencia a permitir el acceso a un extraño en casa, ¡Y mucho menos si estaba maquillado y personificado, pues así sería más difícil identificarlo…! Sin embargo una gran idea, pereció solucionarlo todo, Lauro contaba con un amigo que en fechas recientes, había sido despedido del trabajo y estaba sufriendo angosturas económicas, era un jovenzuelo ampliamente conocido y de entera confianza, ¡No dudo ni un instante en contactarlo telefónicamente…!

 

  • ¿Rodolfo…? Soy Lauro, entiendo que tu situación económica, no es la mejor en estos días. – Refirió con pesar. – Me gustaría cooperar para que cuando menos, este sábado ambos nos ayudemos, ¿Crees estar disponible…? Lo que sucede es que le vamos a festejar su cumpleaños a mi hija, y quiero pedirte que vengas disfrazado de payaso, ¿Te parece…? Te daría el dinero para el alquiler un camión de helados, y lo repartas a los invitados. ¿Te parece…? Serás el alma de la fiesta y los niños gozaran felices, ¡Por el pago no te preocupes…! – En el tono de la voz, se escuchaba cierta suplica.
  • ¡Fantástico Lauro…! No sabes cuánto necesito el dinero, ¡Cuenta conmigo…! Dime la hora y allá estaré. – Fue la respuesta que recibió y ello le solucionó el aparente problema de confianza.

 

Los días subsiguientes, el tiempo lo dedicaron en cuerpo y alma, en decorar el jardín de la casa con globos, serpentinas, y pegatinas en las paredes, haciendo alusión al personaje que animaría el evento. ¡Mención especial merecía el fastuoso obsequio para la festejada…! Como cualquier infante en vísperas de su cumpleaños, ¡La chiquilla estaba feliz…!

 

  • ¡Gracias papa…! Estoy muy alegre e ilusionada, ya le dije a mis amigos que vengan temprano, ¡Esta será la mejor fiesta que jamás he tenido…! No puedo esperar para ver al payaso, ¿Cómo se llama…? – Se derretía en halagos hacía sus padres la criatura.
  • ¡Cuando llegué pregúntale directamente a él…! Así tendrás oportunidad de convivir directamente con él, ¿Te parece…? – Dijo la madre, antes que su marido cometiera una indiscreción, ¡Había olvidado un mote para su personaje creado…!
  • Si mamá, el tiempo transcurre muy lento. – Dijo la niña de hermosas facciones.

 

El día tan ansiado llegó, en apariencia todo estaba listo, pues los invitados estaban llegando, la música infantil sonaba a todo volumen, la comida, refrescos, dulces estaban en la mesa, y el pastel adornaba el centro del jardín, ¡Sin embargo aún no llegaba Rodolfo con el camión de helados…! Lauro miraba insistente su reloj, ¡El payaso estaba retrasado…! Pero lo que más preocupaba y enojaba al padre, era que la niña insistentemente preguntara por el histrión, ¡No quería quedar como una mentirosa y además, todos estaban ansiosos por verlo…! La única solución que se le ocurrió, fue intentar contactar a su amigo, sin embargo no respondía posiblemente porque estaba guiando o su teléfono se había descargado.

 

  • ¿Qué sucede con el personaje…? Ya es hora que se presente, mira a los niños ¡Están ansiosos…! – Reclamó la esposa al borde de la histeria.
  • ¡No sé qué ha ocurrido con Rodolfo…! No entiendo el retraso y tampoco contesta el teléfono, es extraño porque es muy responsable. – Decía el padre sudando copiosamente. – ¡Ya sé…! Rompan las piñatas y así damos tiempo a que llegue. – El rostro de María reflejaba un mayúsculo descontento.

 

Repentinamente la angustia de Lauro se transformó en alegría, en el espacio reservado exclusivamente para ello, ¡El vistoso camión de los helados se había estacionado…! La tradicional melodía, que era un indicio de la crema congelada, opacó la estridencia de la música del evento, posterior a ubicarse y apagar el motor, Rodolfo saludaba a la concurrencia infantil desde el acceso al vehículo. Fueron los segundos o minutos más esperados por Griselda, realmente estaba tan eufórica, que prácticamente bajó a rastras al improvisado histrión caracterizado de payaso; siguiendo su naturaleza indómita los invitados, corrieron a toda prisa por los globos con formas de animales que regalaba el bufón. Aun cuando sus bromas eran algo pasadas de moda, los niños parecían disfrutar del espectáculo; los padres de la niña, observaban atentos y sonrientes desde un amplio ventanal de la casa.

 

  • ¡Que sorpresa tan grata…! Pese a no ser profesional, ese amigo tuyo sí que sabe cómo hacer sus payasadas. – Dijo María. – Los invitados están muy contentos.
  • ¡Tienes toda la razón Cielo…! El primer sorprendido soy yo, aunque te confieso que con el disfraz lo veo algo diferente, no lo recuerdo tan alto, y embarnecido, ¡Han de ser los zapatos y el relleno…! Mira, lo único con lo que no estaría de acuerdo, es en el maquillaje, estoy seguro de que pudo hacerlo mejor, ¡Me parece un poco tenebroso para los niños…! Lo más importante es que está aquí y todos disfrutan. – Agregó aliviado el orgulloso padre.

 

Momentos más tarde, ambos notaron son cierta extrañeza, cómo el saltimbanqui, invitaba a los niños a subir al camión de helados, ¡La idea fuera de programa, era dar un paseo por la colonia…! Lógicamente el proyecto fue aceptado con algarabía por los niños, y abordaron con cierto orden, respetando el lugar de honor para la festejada. El plan, en principio no pareció agradarles a los padres, quienes intentaron hablar con el organizador para dar algunas recomendaciones, sin embargo al salir, el camión había partido.

 

  • No te preocupes, de seguro solo será una vuelta querida. – Dijo Lauro intentando un ejercicio de auto convencimiento. – Esperemos aquí afuera.

 

Tras largos minutos, el característico vehículo no retornaba, ni se veía o escuchaba la musiquilla por ninguna parte, la preocupación se empezaba a apoderar de Lauro, María y algunos padres que habías concurrido a recoger a sus hijos. De pronto el teléfono del padre de Griselda sonó insistente, ¡Era Rodolfo…! Probablemente una descompostura, una llanta ponchada o un embotellamiento los estaba retrasando.

 

  • ¿Oye donde estas…? Ya es hora de regresar, tengo a varios padres preocupados por sus niños. – Lauro tenía el corazón en la garganta. – ¡La fiesta es acá, no paseando por la colonia en el camión…! ¿Sucede algo…? ¿Dame tu ubicación y vamos por ustedes…? – Cada vez la preocupación crecía, ante los embates de las madres histéricas.
  • ¡Tranquilo amigo…! – Respondieron al otro lado de la línea. – Estoy en mi casa, y no es necesario que vengas por mí, precisamente me estoy comunicando contigo, para avisarte que no podré asistir a tu fiesta, puesto que no pude rentar el camión, ni conseguir el disfraz a tiempo, ¡De verdad que lo siento…! ¿Qué decías de pasear por el barrio…? – las últimas palabras cayeron como pesadas lápidas en el ánimo de Lauro.
  • ¿Pero cómo…? ¿Entonces quién era el que se llevó a los niños…? – Grito entre gemidos de dolor e impotencia.

 

Una gélida sensación recorrió la espalda de Lauro, desarticulado totalmente que soltó el teléfono, y fue en busca de los agentes policiales, tras denunciar se decidió inútilmente a buscar el camión de helados. Las sombras de la noche habían empezado a cubrir la ciudad, y los infortunados padres continuaban recorriendo las calles, locos de angustia y dolor; los vehículos que formaban la numerosa comitiva, se habían diseminado y mantenían un constante contacto telefónico, el común denominador entre ellos, eran las oraciones por que los menores aparecieran sin daño mayor. El aviso de un vecino, que había visto un carro de helados accidentado a varios kilómetros de la casa, los alertó. Al llegar al sitio indicado que estaba cerca de un bosque, pudieron constatar que lo antes mencionado era cierto, ¡El camión estaba semi volcado a un costado de la carretera…! Sin medir consecuencias, fueron velozmente para revisar el interior, sin embargo no había rastro alguno de los chicos, solamente pudieron observar algunos zapatos, conos de helados, y algo realmente escalofriante, ¡Varias manchas de sangre…!

 

  • ¡Por Dios Lauro…! ¿Qué le ha hecho a nuestra hija y a los niños…? – Decía su esposa, en tanto lloraba convulsa y desespera.

 

Valiéndose de algunas linternas, a duras penas lograron identificar un rastro que salía del camión y se internaba en el bosque, el calzado, pequeños trozos de prendas de vestir o algunos dulces, conformaban los vestigios que marcaban el camino, ¡Parecía que algo o alguien los había arrastrado hasta dentro del matorral…! Rasgando el velo de la noche con la luz artificial, pronto se dieron cuenta que eran guiados, hasta una profunda cueva húmeda y obscura, por más esfuerzos que hicieron, no pudieron observar nada en su interior, ¡De pronto escucharon el grito de uno de los niños…! Dando tumbos y tropezando, ingresaron hasta el negro vientre de la tierra, que semejaba en tamaño y ambiente al mismo infierno. Recorriendo el haz de luz por las paredes laterales, únicamente encontraron mugre, rocas y murciélagos.

 

  • ¿Qué demonios es este lugar…? – Se preguntó el padre desesperado, mientras su esposa no dejaba de temblar despavorida.

 

Inesperadamente, una gota de sangre cayó sobre el rostro de María, la inmediata reacción fue dirigir su linterna hacía arriba. Al mismo tiempo, en el acceso a la caverna, ya se escuchaba gran estruendo y varias luces que recorrían el sitio, Eran los otros padres de los niños desaparecidos y la policía que finalmente había dado con Lauro y su esposa. En tanto los padres de Griselda, caían desfallecidos presas del terror e impotencia; sobre sus cabezas, estaban los niños colgados con sendos ganchos metálicos, ¡Sus cuerpos lucían abiertos y las entrañas balanceado de forma macabra…! Sus alaridos de dolor halaban la sangre. Sin embargo, su hija no se encontraba con los demás chicos. Por más que intentaron localizarla, ¡Simplemente no dieron con ella…! De pronto en un rincón de la cueva, percibieron el movimiento de una sombra, por un instante creyeron que se trataba de su hija, pero al intentar recorrer el infinito con la luz, el cuerpo frio de la niña les fue arrojado, ¡Estaba muerta…! Aquella era una clara estrategia del asesino, para evitar ser identificado. La histeria y el terror se apoderó de ellos, ¡No era posible, su niña sin vida el mismo día en que naciera…! Su menudo cuerpo estaba desgarrado y carente de aliento vital. En ese momento los vecinos y la policía hicieron acto de presencia en el lugar, su guía infalible habían sido los gritos y el llanto de Lauro y María. La nefasta oquedad en la tierra, había sido testigo silente de la muerte de los niños, nunca nadie había visto una imagen tan dantesca, en la historia de aquella ciudad. Desde entonces, supuestamente nadie ingresa a la caverna, o llega hasta el recóndito sitio del bosque, las celebraciones de fiestas u onomásticos se han convertido en sinónimo de tristeza para los habitantes de aquel lugar en donde el manto de la desgracia parece hacer cubierto el alma de todos. Sin embargo en algún recoveco de la gruta, alguien goza de felicidad, ¡Porque los payasos no saben estar tristes…!

 

 

 

 

 

Clave de registro: 1912122668374

 

 

 

 

 

 

 

Por muchas generaciones, ha sido extremadamente cuestionada la coulrofobia, o miedo irracional a los payasos, que afecta especialmente a los niños, aunque puede aparecer en adolescentes y adultos. En discusiones sobre las causas de este padecimiento mental, los pacientes coinciden en que lo que más les aterroriza de estos mimos, es el maquillaje excesivo que a menudo acompañan de la nariz roja y del color extraño del cabello, que les permite ocultar su verdadera identidad. Un sinnúmero de personajes, han recurrido a esta caracterización, para realizar los más cruentos delitos, coincidiendo esta ola, con cintas cinematográficas que estimulan el terror o crean peores expectativas de estos caricatos.

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