EL MENSAJE(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

Ese día todos llegaron puntuales. Dos de ellos se alegraron al reencontrarse, el otro solo movió la cabeza. El motivo de la reunión era despedirse de la matriarca. Una enfermedad terminal la tenía postrada desde hace más de ocho meses en cama.

— ¿Ramón, Miguel, Manuel…? — Haciendo a un lado su mascarilla de oxígeno los nombró conforme a la edad –. Colóquense aquí por este lado, ustedes dos frente a mí, les ordeno.

Sacando fuerzas de sí, se sentó en la cama y les recordó su mal y el tiempo de vida. Antes de proseguir su palabra señalo con el índice al mayor. Al escuchar su nombre se hincó ante ella. Se sintió feliz al verlo, pero eso no cambio lo que había guardado por años. En una mirada de nostalgia rememoró cuando la abandonó enferma de pulmonía y aun así saco adelante…a todos. A pesar de mostrar arrepentimiento — pagó sus estudios al menor— para mí, eso no bastó, pensó.

— ¿Bueno, pasaré por alto mi rencor y espero tu compromiso a partir de ahora? —le dijo–. Quiero cumplas mi última voluntad. Acto seguido, le deposito un sobre cerrado en la mano y ante la presencia de los demás.

Frunció las cejas cuando pronunció su nombre: ! Miguel, el más rebelde de todos ¡– aspiró aire de donde sea y prosiguió sus palabras –! Te me cuadras¡! Promételo ¡

Siguió su sentencia amenazándolo con sus ojos saltones. Por el contrario, al menor en tono dulce le suplico no dejara sus estudios.

Se unieron en un abrazo sin sentimiento. En sus ojos moribundos una lágrima tardo en evaporarse para luego sin pensarlo, morirse.

Posteriormente volvieron a distanciarse. El mayor, al conocer la voluntad de su madre los primeros meses a carta cabal lo cumplió. Sobre todo el menor, quien nunca abandono a su madre para vagabundear y si para pasar noches en vela con los libros.

Entonces — pensando que la herencia se despilfarra en otras manos— el de en medio volvió a su enfurecida faceta y ante el mayor pensó sacar todos sus demonios. Lo habían abandonado del todo, hasta dejarlo sin un centavo, y con deudas que lo ahorcaban cada noche. Sus puños alineados, esperaban el impulso de su cerebro cuando lo tuviera de frente.

Se conocían bien los hermanos y uno de los dos saldría bien librado. Entonces quien nunca fue prudente hoy supo su significado. Al abrir la puerta el mayor, al fondo, un retrato de su madre en la pared parecía recordarle su promesa.  Cuando lo contempló, dio la media vuelta y jamás supieron de él, hasta ahora que lo encontraron muerto en un canal de aguas negras. Literal, lo mataron sus deudas de faldas y juego.

En cambio, quien nunca limito su sueño era hoy un recién Médico Cirujano a sus 25 años. Virginia, su novia, compañera de carrera miro orgullosa el título en sus manos. Se tocó su abdomen en una suave caricia como diciéndole:  “ ¿Mira, siéntete orgulloso de papá…?”

Manuel, había cumplido la promesa de su madre. Entristeció la mirada al recuerdo de su hermano fallecido y al de quien nada sabía. Sonriendo a su futura esposa regreso al presente.

Aquel alumno trabajo con ahínco. En poco tiempo la dirección de cirugía en prestigiado hospital le fue concedida. Tenía un hogar ejemplar, un hijo en camino y un futuro inmarcesible. Heredó de su madre la acción de ayudar al prójimo. Siempre decía que sus manos son instrumentos de Dios, y donde el disponga, no dudaría en salvar una vida.

Sobre todo, se reputación fue conocida por dar servicios a menesterosos y gente de condición pobre. Una sonrisa, decía , alimenta el alma.

Cierto día cambiaba las tuercas de una llanta. Una distracción hizo que la palanca del gato hidráulico saliera disparada hacia su rostro y por instinto con su mano se escudó del proyectil. Una parte de su armadura quedó inservible. Resguardo su frustración mirando al cielo, como buscando un por qué.

Cada vez que su mano parecía volver a su movimiento, su rostro se veía esperanzador. Las visitas a la clínica se volvieron comunes, sobre todo con su vendaje de yeso. No se le acababan las palabras y dirigía, mostraba, daba confianza a su equipo.

Esa tarde su esposa se retrasó por lo que prefirió irse en el autobús público. Haciendo malabares se sostenía en los pasa manos. Repetía en su pensamiento hacer mas viajes así, se siente buena vibra —dijo. Se preparó para bajar, cuando intempestivamente un hombre de edad mayor subió con mucha prisa hasta trastabillarse con él. Ambos cayeron. Aquel hombre sostenía su cuello con ambas manos, su rostro se mostraba lívido.

Quedo tendido en las escaleras de acceso, y entraba en shock. Por instinto estiró los brazos para detenerlo, pero se dio cuenta que estaba limitado en una mano. Los presentes solo hacían bulla de asombro. Un roce en su cadera lo alerto. Siempre traía su navaja suiza consigo, la de mil utilidades.

La clavó sobre su yeso y comenzó a serrucharse el guante. Así como se limpia la parte interna de un trucha de rio frio.

El dolor en sus dedos era lo de menos, solo unos minutos más y la victima se vuelve cadáver. Un objeto extraño hacia bulto en su garganta, se asfixiaba. Con la mirada recorrió al derredor del autobús, nada servía, hasta que halló lo que imploraba: “Un popote” .

Una fina traqueotomía y un objeto común hicieron el milagro. Débil silbido de aire sentía en el rostro. Nadie hubiera imaginado que hace una semana los dedos de su mano derecha estaban inmóviles. Cuando los paramédicos llegaron el pulso estable del desconocido lo dejó tranquilo. Lo último que observo fue la mano del extraño despidiéndose mientras lo subían a la camilla.

Un fuerte malestar lo volvió al tiempo. Sus dedos lesionados dejaron de tener movimiento y en su rostro un extenuante dolor se dibujaba. Los pocos presentes aplaudieron tal acto. Se marchaba del lugar cuando sintió una mano en la espalda. Un rostro familiar se mostró de frente, el hermano ausente estaba ahí.

Presencio cada segundo de valor y amor al prójimo y bastó sencillas palabras para expresarse. El destino lo puso en ese camino para constatar que…La voluntad de su madre fallecida, quedó cumplida.

 

  1. García

Noviembre 2019.

 

 

 

 

 

 

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