DESDE OXKUTZCAB TE CUENTO(POR: FRANCISCO JAVIER TEJERO)

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PROMESA CUMPLIDA

 

 

Despertó repentinamente, cuando abrió los ojos, sintió el golpe seco que le propinó la luz en la parte trasera de su cerebro. Los cerró nuevamente y los fue abriendo poco a poco, para darse cuenta de que estaba despertando de la misma forma como lo había estado haciendo desde hacía quien sabe cuántos años. Ese trancazo de luz le activo la presión en las sienes, como si tuviera un corazón en cada una de ellas, Después de un rato, comenzó a levantarse despacio, venciendo a punta de esfuerzo esa falta de fuerzas que sentía cada que despertaba. Sintió que su lengua pastosa ocupaba todo el espacio de la boca siendo una de las sensaciones que más odiaba, junto con ese sabor a sangre o como si tuviera en ella viejas monedas de cobre. ”Trabajosamente” se incorporó de la hamaca (cada día le costaba más trabajo, por eso algunas veces prefería dormir en el suelo) y se dirigió para el baño, apoyándose de cuanta cosa se encontrara en su camino, en parte por lo débil y por la tembladera, en especial de las manos con las que despertaba la mayoría de las veces.

En el inodoro trató de vomitar las náuseas que traía atoradas en la garganta, pero sólo el esfuerzo le salía, haciéndole sentir que los ojos se le saltaban de sus agujeros, y esa saliva espesa y amarga entre color ámbar y verde. Se enjuagó la boca en la llave del lavabo y tuvo la intención de beber unos sorbos de esa agua fresca, ya que se sentía por completo deshidratado, además  la sensación de la sed que le nacía del Hipotálamo, pero, sabía que si lo hacía, el estómago la iba a rechazar de inmediato, pues desde que se levantó le sintió los pálpitos como si un sapo estuviera saltando dentro de él. Viéndose en el espejo recordó que llevaba dos días sin bañarse y aprovechando que se encontraba a medio metro de la regadera, se desnudó y se puso bajo el agua. El fresco de los hilos del agua, le estabilizaron algunas de las dolencias que arrastró hasta el cuarto de baño y se sintió vivo de nuevo.

Junto con los hilos de agua de la regadera le cayeron algunos recuerdos de hacía muchos años de cuando era joven y comenzó a trabajar de profesor. Durante su época de estudiante estaba concentrado en dos cosas solamente: estudio y deporte. Rechazaba las invitaciones de sus compañeros para asistir a alguna francachela o cuando a escondidas consumían cigarrillos que estaban prohibidos en el plantel; esto lo colocó como el alumno con las mejores calificaciones durante los últimos tres años. Por eso se sintió defraudado, cuando al terminar sus estudios lo mandaran al otro lado de la República a prestar sus servicios, encontrando diferentes modos y costumbres en la forma de hablar, de comer, de vestir, de clima y orografía, a la vez de que para llegar a su comunidad, fue necesario que abordara una avioneta, después a caballo o mula por lo accidentado del camino y después rematar a pie por algunas horas, ese fue el premio por su dedicación por el estudio.

Sintió frío por durar bajo el agua, cerró la llave y vio la gotera que dijo reparar desde hace como cinco meses. Ya un tanto repuesto se miró en el espejo del lavabo y vio que no estaba tan mal, aprovecho que tenía a su imagen enfrente, se rasuró con una vieja maquinilla que tenía en un vaso, después se cepilló los dientes para paliar ese sabor acre de la boca. Al terminar, se sintió animado y dijo la mentira que decía cada que amanecía como lo hizo esta mañana: “Hoy, nada de trago”.

Se encaminó a la cocina que era también comedor, encontrando la mesa invadida por envases vacíos de cerveza y botellas de vino que fueron escanciadas el día de ayer, en compañía de sus “amigos” que le sobraban cada vez que cobraba su pensión, porque él no se jubiló, lo pensionaron gracias al apoyo que recibió de sus amigos y compañeros, quienes gestionaron ante las autoridades, pues su alcoholismo ya no le permitía trabajar, ni siquiera como conserje como lo habían mantenido los últimos tres años, así que la dependencia tenía el propósito de correrlo; al final después de muchas gestiones lo pensionaron con el sueldo suficiente para subsistir.

Se puso a recoger los envases  y como milagro o desgracia,  una de las botellas aún tenía licor como para dos copas. La miró, decidido la juntó con las otras para arrojarlas al bote de la basura, hasta que llegó junto al “tacho” y se dijo: “ un traguito, sólo para estabilizar la presión, no más” la separó, tiró el resto de los envases vacíos y regresó un tanto ansioso que ni siquiera lavó el vaso, sacó el resto de refresco que estaba en el refrigerador y regresó a sentarse a la mesa, donde sirvió casi medio vaso de licor, dejando un tanto para otra copa, le agregó el refresco y un chorrito de agua y se lo bebió, casi a pulso. De inmediato notó como la tembladera de las manos disminuía, la vista terminó de aclararse y el pálpito del estómago que no calmó el agua fría, desapareció. Se sirvió el siguiente vaso y se lo tomó con más calma.

Se había casado con una muchacha del ranchito dónde trabajó el tercer año, apenas tres meses de novio y la pidió para matrimonio. En esos tiempos, un profesor era de los mejores partidos para casar a las hijas, ya que se les tenía respeto y reconocimiento por parte de los habitantes de las comunidades, en especial, las del medio rural. Cuando lo hizo ya tenía el gusanito del alcohol mezclado con la dopamina, de manera que muy pronto comenzaron los problemas con su compañera. Esa debilidad la adquirió, al ver que de nada le sirvieron sus calificaciones, y  cuando le tocó ir a cobrar. En ese tiempo, se tardaba un lapso de tres meses para que llegara el primer pagó a los profesores de nuevo ingreso y tenían que ir hasta  la capital del estado por ciertos trámites, de forma tal, que, cuando recibían su pago, ya tenían deuda de los pasajes de la avioneta, de la alimentación y otros menesteres. Lo trágico de esta ocasión, fue que, no les pagaron. Les dijeron que hubo ciertos errores y les iban a pagar hasta dentro de otros tres meses. Navidad lejos de casa, con un frío que nunca había sentido y sin dinero, pues no tuvo más remedio que hacer ronda con el resto de los paisanos que quien sabe de dónde conseguían dinero o crédito que invertían en las cantinas y les alcanzó para los quince días de vacaciones, hasta que tuvieron que regresar a sus escuelas. Nuestro personaje, regresó ya con el estigma y con la vergüenza de informarle a la señora que lo asistía, de que no le habían pagado.

Se terminó la otra copa, se puso una camisa limpia que por milagro estaba en el ropero al que le faltaba una puerta y salió decidido a desayunar cualquier cosa, ahora que ya no le brincaba nerviosamente el estómago. Se dirigió al mercado de tan buen talante que mucha gente lo saludaba a su paso, reafirmándose la intención de dejar definitivamente de beber, conforme crecía su optimismo. Ordenó tres panuchos y un vaso de horchata. Sólo pudo comer uno y medio y beber la mitad de la horchata, pero se sintió satisfecho de que no se sintiera incómodo, pues llevaba dos días sin probar apenas bocado. Mientras esperaba que le envolvieran los panuchos para llevárselos y comerlos más tarde, rememoró cuando consiguió cambio para irse a trabajar a su tierra, batallando un poco para convencer a su esposa que ya criaba dos hijos. “Creí que al estar con su gente ibas a dejar el trago, pero estás peor” le dijo su señora cuando lo abandonó, hace cosa de diez años, desde entonces no ha vuelto a saber nada de ella ni de sus hijos. Este optimismo de renacer nuevamente que sentía en estos momentos, le hizo tener la osadía de ir a buscarlos. “Por qué no” pensó.

Pagó y vio que aún tenía dinero para darse el lujo de comprar el periódico. “Llego, leo, y luego me pongo a arreglar la casa para dejarla presentable” dijo caminando con la bolsita de comida y el periódico bajo el brazo. Sonreía, y el mundo sonreía con él y se atrevió a tararear una canción mientras llegaba a su casa. Al doblar la esquina, vio su casa… y a sus “colegas” de parranda quienes ya lo esperaban. Sintió disgusto, pues eso interfería con el sentimiento íntimo que lo acompañaba desde que terminó de rasurarse. Llegó, los saludó y vio que llevaban algunas bolsas.

─ Por ser tu cumpleaños, hicimos una cooperacha para comprar “pisto y unas botanas, sin que te preocupes, porque no vas a pagar nada ─ Dijeron con una amplia sonrisa sus compañeros.

─ Amigos, realmente hoy no quiere beber ─ les dijo ─ esta mañana desperté mal y eso me hizo recapacitar y tengo hasta la intención de viajar para ver a mi familia ─ les recalcó. Pero fue mucha la insistencia, le reclamaron que por ser su cumpleaños y por el gasto que habían hecho, además del gusto que le daba platicar con él. Total, lo convencieron de que tomara hasta donde él considerara pertinente, así que los hizo pasar y destaparon la primera cerveza, y otra, y otra.

Lo que sí les aseguro, es que cumplió cabalmente a su palabra, esa fue su última borrachera…Bueno, no estoy tan seguro, esta noche, por azares del destino, alguno de los “teporochos” deslizó en su ataúd una botella de Chak pool (aguardiente barato) para que siguiera bebiendo hasta la eternidad.

Fco. J Tejero Mendicuti.

Oxkutzcab, Yucatán, primera semana de octubre de 2019

 

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