PELEA CLÁSICA: EL UAY MUUCH CONTRA UAY KAAN(POR: RAÚL R. DZUL PAREDES)

foto Raul

 

 

En un pueblo chico destino y casualidad tendrían la misma definición porque el encuentro entre Juan y José, ambos conocidos Uaayes del lugar, parecería planeado, incluido un expresivo antagonismo natural…

  • Entre Uayes hay reglas inmutables y  la primera es que con nuestras familias nunca  nos metemos. Sin embargo tú Juan has faltado a esa regla principal.
  • ¿De qué hablas José Muuch?
  • Juan Kaan ¿Te debo recordar que enredaste a mi cuñada y producto de este embrollo mi hermano ya pereció, cuando poco antes se encontraba pleno de salud?
  • Estas manchando mi gran nombre, yo no tuve nada que ver con ese asunto, además que tu cuñada ni es de tú familia.
  • Pues vaya que eres mañoso, si de lo que te acuso es que mi hermano murió y no dudo que por alguna de tus malas artes.
  • Te estás pasando de la raya José Muuch, si tienes pruebas te cedo hasta nueve años de mi capital de vida o treinta o cuantos quieras…
  • Te equivocas Juan Kaan, ni con cien años pagas haber violado la regla de oro de no atentar contra la familia de un Uaay.
  • Mira que me estas cansando José Muuch, llevas meses con tus indirectas y ahora te atreves a encararme, soy de poco discutir. Con palabras no se arregla nada y tú sabes cómo resolver estas diferencias: ¡te reto a pelear y a que lo hagamos pronto!
  • Como quieras Juan Kaan, aprovechemos que en una semana exactamente el 13 de noviembre caerá en martes; una fecha propicia para aseguramos la presencia de todos los nohoch uaayes de estos rumbos…
  • Si así lo quieres pues no soy yo el que se va a rajar y veras que no es lo mismo enfrentarme que aprovecharte de un lego…
  • Fanfarrón si eres pero yo te lo voy a quitar chan sapito de charco.
  • Ya lo veremos chan culebrita ratonera…
  • Sea-, asintió Juan Kaan, mientras lanzaba un escupitajo sobre suelo polvoso, que hizo levantar un remolino breve.
  • Sea, la suerte está echada; sellaba el pleito José Muuch, mientras pateaba el polvo que igual levanto otro remolino fugaz.

Muy lejano se oyó un trueno, raro en eso tiempos de seca, por lo que muchos en el pueblo se miraron extrañados. Y más porque a partir de ese momento el ambiente comenzó a sentirse denso y a llenarse de un olor a guarida de animales.

A partir de ese  momento comenzó a correr fuerte el chisme del pleito casado entre Juan Kaan y José Muuch.

Ya para el martes, el día  de la pelea, un campesino apodado “Och” acostumbrado a leñar y cazar piezas pequeñas por los montes de la hacienda de Dzina se entretuvo hasta el anochecer con tal de cazar un conejo que había ubicado. Mientras permanecía agazapado, a poco menos de un mecate, casualmente se inició el ritual de los Uaayes. Llegó a su casa tres días después, preso de alta fiebre, relatando con mucho temor que fue testigo de la transformación en horribles Uaayes tanto de Don Juan como de Don José.

  • Por un lado vi a Don José hincado, con la boca abierta, frente a un sapo gigante que lengua a lengua le entregó un taquito de hojas oscuras. Después de tragarlo comenzó a dar volantines de frente, mientras gritaba en cada maroma: ¡jóok`ol  óol José!.. Conté hasta nueve  para  luego en igual número, regresar con volantines al revés gritando: ¡ooken uaay muuch!… después del noveno, lanzó un grito espantoso y se transformó en un uaay muuch que se puso a brincar como enloquecido.
  • En seguida tocó el turno a Don Juan que también hincado recibió lengua a lengua una semilla, de la culebra más grande que haya visto; para luego, igualito como Don José comenzar a dar volteretas mientras gritaba con cada volantín: ¡jóoko’ol óll Juan!.. Y luego cuando los daba al revés: ¡ooken uaay kaan!… Completadas las nueve, su cuello tronó como chicote, se alargó como medio metro y su cabeza se aplanó como el de una culebra. Era espantoso, quería correr pero mis pies no podían moverse.

Agachado, me escondí tras una piedra porque comenzaron a ocupar el claro toda clase de brujos. Sus ojos eran como velas encendidas pues aunque la luna se ocultó, la luz que emitían era suficiente para ver que en cuanto un personaje todo de negro dio la señal el uaay muuch y el uaay kaan se abalanzaron uno contra otro: primero  se lanzaron escupitajos viscosos, buscando hacerse daño en los ojos, pero en cuanto tal líquido les tocaba el cuerpo, se retorcían de dolor. Mientras la mitad de los presentes gritaba: ¡dale Juan!, ¡muérdelo Juan!,  otro tanto también vociferaban: ¡métele José!, ¡pártele José! El pleito duró muchas horas. Los horribles chillidos que acompañaban los gritos me asustaron tanto que ya no pude resistir y me desmaye. Ni siquiera supe quien ganó la pelea…

  • Hoy sí que me chingaste Och, te pierdes tres días, apareces con este cuento y ni siquiera sabes quién ganó la pelea, que te lo crea la comadre, pero yo no te creo—, el de la voz era Tin el compadre de Och que por tres días estuvo buscándolo, acompañando a la esposa.
  • Desgraciado seguro que te largaste con tu querida y nos sales con este cuento de la pelea entre brujos, y ni siquiera sabes mentir. Solo porque nadie a ha vuelto a ver a Don Juan y a Don José sino les vamos a preguntar para quitarte lo embustero—, ahora era la esposa de Och que gritaba indignada.
  • Te me largas de esta casa con todo y chivas, siempre me lo decía el compadre que eras mujeriego y no le creía.
  • Pero tengo calentura mujer ¿a dónde voy a ir?
  • A chingar a mi suegra pero ya.
  • Creó que ganó el uaay muuch. Estaba ganando.
  • Tonto compadre ¿cómo le va a ganar un uaay muuch a un uaay kaan?
  • Pues entonces ganó el uaay kaan.
  • Peor, el uaay kaan no existe, compadre.
  • No me ayudes compadre.
  • Mejor vete compadre yo veo por la comadre, no te preocupes.
  • Gracias compadre, regreso a mi pueblo.

Mientras Och esperaba en la estación de autobuses escuchó la conversación de dos leñadores:

  • ¿Supiste que Don Verdin y Don Coconito encontraron hoy una enorme culebra casi seca que se nota quiso tragar un sapo gigante?, se ve que el sapo extendió sus piernas y brazos y trabo la quijada de la culebra que en su desesperación se reventó la cabeza contra una piedra, pero se ve que el sapo tampoco se pudo zafar de los colmillos de la culebra.
  • ¿Disculpen donde encontraron eso que cuentan?-, preguntó interesado Och.
  • En un monte cerquita de Dziná.

Och no espero más, tomó su mochila y regresó gritando a su casa.

  • ¡Empate, fue empate, compadre nadie ganó, fue empate!

 

FIN

 

 

 

 

 

 

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