CAYÓ DEL CIELO(POR: JOSÉ GARCÍA)

JOSÉ GARCIA

 

 

Todo caía del cielo a esa hora. La noche, una tromba de agua,  granizo, y… ¿un revolver?

Su perro  no dejaba de sacudirse su pelaje mojado, y con fuertes ladridos llamó su atención señalando el objeto.

Tomó el revólver, avistó el horizonte antes de guárdalo en su sobretodo descolorido y roto. Nunca en sus días de mendigo halló algo así. Conocía algo de armas– en sus días mozo perteneció al cuerpo de policía, pero el dinero lo corrompía y el alcohol lo llevó al mundo de ahora.

Lo que  provoco un brillo especial en su mirar era la reliquia que tenía en sus manos: Un Revolver LeMat, de 9 tiros muy arcaico.

Después de examinarlo, se recostó sobre el único espacio secó bajo el puente. Cerró los ojos, parecía que imaginaba la ganancia cuando lo venda. Su risa silenciosa decía todo.

**

Lo consideraba su hermano de sangre. Juntos levantaron el imperio de las medicinas en el país sobrellevando los días buenos y malos. Aquél gozaba de toda su confianza, tanto que, su firma manejaba todo. Las familias de ambos constantemente se reunían, y sus esposas habían logrado ser como ellos.

Cuando Pedro, se percató, que las visitas a la fábrica de su esposa  frecuentaron, imaginó que es por su nuevo cargo administrativo sugerido por su socio. Ella, se había quemado las  pestañas para graduarse de Contador Público, pero la bonanza del negocio dejó su título en la pared.

Cierta tarde -noche, se había retirado de la fábrica. El  olvido de unos documentos lo regresaron. Le llamó la atención en el estacionamiento el vehículo de su esposa y de su socio —  una hora antes, ella, dijo retirarse a  casa.

Cauteloso, llegó a la oficina de él. Por su teléfono inteligente observo las cámaras  y el cuadro que descubrió le hizo morderse los labios hasta sangrarse.

Cuando descendió de su automóvil sus pasos lo llevaron a la bodega de su casa. De un cajón sacó una llave, abrió una caja fuerte de colección y sacó Un Revolver  que había comprado unos meses atrás.

Faltaba un cuarto para la una de la madrugada, cuando el automóvil jaguar negro descapotable hizo alto total  mientras la reja eléctrica se deslizaba a la derecha.

Algunas casas aledañas encendieron sus luces con el  ulular de las sirenas…

**

Parecía que el aire lo traicionaría al dar vuelta a la esquina. Aquel callejón de alumbrado muerto despistó a los tres muchachos que  lo seguían. Cuando se repuso del susto y de su des abasto de oxígeno, maldijo la hora que dispuso para asustar  a uno de ellos con una pistola barata.

Avanzó media cuadra, un perro rasgaba con su pata algo brilloso. Con sus manos lo ahuyento y tomo el objeto que resultó ser un Revolver muy antiguo. Sus ojos con malicia asociaron un pensamiento de venganza. Supo cómo abrirlo, tenía suerte, le quedaba un par de tiros.

Sería un buen día por lo que madrugo. Montó en su bicicleta y se dirigió a su escuela. Ahí, encontró a los tres tipos de anoche. Traía el Revolver  en su cintura.

Cuando encañono al más cercano, los otros corrieron en sentidos diferentes. Con una risa burlesca se sintió vengado. Quitó el seguro del martillo  y gozó ver como se manchaba el enemigo con su propio “sudor”. No terminaba su deleite cuando miró sobre su hombro, venían aquellos  bien armados.

Corría por el lado contrario cuando tropezó con su propio píe  y el revolver sin amartillar se descargó y…

… uno de los tres.

**

Todo arrasó la lluvia de esos días. Arrasó con la basura, con las hojas secas que forman cerros y que ocultan cosas.

Las ruedas de su “diablito” se atoraban con la alfombra de lodo que dejó el aguacero nocturno. El débil sol no lograba abarcar sus rayos en el horizonte. Se detuvo en la orilla del lago, lavo sus manos llenas de basura, y jugueteo con su fiel amigo.

Prosiguió su andar hasta que una rueda se  atascó en la orilla del lago. Sus ojos vieron signos de dinero cuando descubrió aquel objeto. Un Revolver , manchado con un pigmento entre rojizo  y gris.

Recostado bajo el puente de siempre, observaba el arma. Hacía números, cuando un recuerdo lo sobresaltó. De su mochila descuidada sacó varios papeles, entre ellos, uno que lo hizo dar saltos.

— ¡Lo sabía! ¡Lo, sabía!

Aquella nota  de hace seis meses, era por la venta de un Revolver LeMat, que cayó del cielo y le dejó días de harta comida para él y su fiel amigo. El mismo, el mismo…repetía.

— ¡Ven compadre! — llamó a su perro agitando el arma, simulando disparos al aire, a su cien…y a su amigo— Que contagiado de esa alegría dio un salto sobre de él, accionando   involuntariamente  el gatillo…

El aleteo  de los pájaros confundió  cualquier ruido de abajo.

 

FIN.

José García.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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