TABITA(POR: RAÚL R. PAREDES DZUL)

foto Raul

 

Habían pasado cuarenta años, pero cuando sus miradas se encontraron, el tiempo no opuso velo alguno. Sus almas se reconocieron al instante. Quizá pensaron decirse muchas cosas en su reencuentro, no obstante la intensidad del sentimiento impuso su silencio y solo intercambiaron monosílabos mientras se abrazaban:

—Madre…

—Tabita, hija,…

Fundidas, permanecieron un tiempo incalculable, como queriendo recobrar algo de aquellos años de ausencia mutua.

Nadie quería cortar aquel momento, pero las ansias les ganaban a todos los presentes, que esperaban la oportunidad de saludar a la recién llegada…

—Tabita—la abrazó su abuela—, cuanta alegría de verte, tu madre nos ha contado lo tierna que eras  de niña y se nota que no lo has perdido.

—Hola abuela, cuanta alegría de conocerte, recuerdo cuando mi madre me contaba que iría a verte. Te pareces tanto a ella.

—Abuelo, te ves muy fuerte…

—Hola tío José, tía Esther…primas…

—Hola tío Saúl, tía María, primos…

Y así, uno a uno le expresaban su amor y alegría de verla. Muchos le hacían preguntas sobre determinado familiar. También todos querían llevarla a conocer el lugar. Pasado un tiempo que a Tabita  le pareció largo, dijo que sentía un poco de hambre y sed. Con involuntarias sonrisas, se apresuraron a traerle un racimo de frutas blancas con textura de uvas. Lucían atractivas y una a una se las llevó a la boca, sorbiéndoles el sumo de un tenue sabor agridulce que en automático le calmó  hambre y sed.

Luego, como si nunca fueran a agotarse seguían llegando personas que le eran presentadas como parientes suyas. Nadie parecía preocuparse por el tiempo que transitaba como suspendido en el pasado, tal vez porque todo le parecía conocido. Como si cada escena lo hubiera vivido antes. Súbitamente los parpados comenzaron a pesarle, aunque quería seguir  la dinámica de la reunión involuntariamente sus ojos buscaban cerrarse. Pensó que su madre lo notó pues presurosa se le acercó, acompañada de sus abuelos. Con facilidad la cargó, como cuando era niña. Con un tono amoroso,  no exento de apremio, le susurró sin mediar explicación, mientras la recostaba en una especie de banco de madera:

—A tu retorno, cuida mucho a tu padre. Lo quiero mucho y me he alegrado saber que ha hecho un gran trabajo contigo y tus hermanos…

Apenas pegó totalmente los ojos, escuchó una voz firme e imperiosa pedirle:

—¡Tabita, levántate! *

Abrió los ojos y se encontró con la cara conocida de Pedro, que le dio la mano y la levantó; para entonces llamar toda su familia y amigas que en ese momento estaban en el corredor de la casa.

Mientras abrazaba a su padre y hermanos, incontenible les contaba que había soñado con su Madre, sus abuelos muertos y muchos de sus tíos y primos. Ni amigos ni familia, encontraban la manera de decirle que Pedro la había resucitado.

 

 

 

 

 

*Tomado de la biblia. Hechos 9:40.

“Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.”

 

 

 

 

 

 

 

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